Ya iban siendo muchas las ganas que había de una gran noche de thrash de la vieja escuela por la capital. Y vaya si fue una gran noche, tremenda diría yo, y es que con los dos pedazo de grupos que lo dieron todo en un mano a mano sobre el escenario, no era para menos. Los americanos Warbringer, que tras tres grandes discos ya se han hecho un hueco en la escena mundial por meritos propios, llegaban presentando su última obra, Worlds Torn Asunder, respaldados por esa maquina de repartir tralla made in spain que son los catalanes Crisix, que también presentaban su reciente trabajo, The Menace, salido al mercado hace apenas un par de meses.

La noche no podía comenzar mejor, unas cañas en un bar cercano repleto de greñas y chupas de cuero servían como aperitivo de lo que nos aguardaba tan solo una hora después, un gran ambiente de camaradería podía respirarse, y a medida que se acercaba la hora, los grupos de gente comenzaban a emigrar.

La sala se fue llenando poco a poco, y a tan solo diez minutos de las nueve de la noche, Crisix dieron el salto sobre el escenario con la intro ASFH de fondo, con una sala a la mitad de su capacidad, pero que por arte de magia, en cuanto empezaron a sonar los primeros acordes de Ultra Thrash, se llenó por completo (o eso, o que los mosh pits hicieron que el público abultara el doble). Aún asi, los que allí estabamos comenzabamos a disfrutar, y desde el principio, la joven banda transmitió una energía fuera de lo normal, una garra tremenda sobre el escenario. Internal Pollution fue la segunda de la noche, y lejos de calmar el ambiente, lo embraveció aún más. Un gran circulo se abrió permanentemente en el centro de la pequeña sala madrileña, y como si de un agujero negro se tratase, iba absorbiendo a todos los metaleros con ganas de caña. Spawn y Holy Punishment fueron las siguiente, que cayeron como dos bombas, dispuestas a no dejar titere con cabeza. Continuaron con Dead by the Fistful of Violence, en la cual calzaron de manera magistral el conocido estrbillo de los neoyorkinos Twisted Sister I Wanna Rock, que los allí presentes coreamos con toda nuestra energía.

Como el Juli, su vocalista, dijo, era el momento de las versiones, e intercambiandose todos los miembros los instrumentos (espectacular, sinceramente, ninguno tenía en sus manos el instrumento que acostumbra a tocar en el grupo) comenzaron a repartir cera de nuevo con la gran Hit the Lights de Metallica, enlazada con la gran Antisocial, de los franceses Trust, y popularizada por Anthrax. Gran momento con un regusto Old School increible, por un momento parecía que nos encontrabamos en algún tugurio de la Bay Area en plenos años ochenta, buen thrash sobre el escenario, una sala abarrotada y un público entregadísimo, todo era perfecto. Devolviéndonos a una realidad igual de asombrosa, arrancaron de nuevo con Brutal Gadget, momento samba con maracas incluidas. La recta final llegaba, y con ella la gran critica social de The Last Monkey daba paso a Electric Possession, que se encargaba de poner el broche de oro a una actuación magistral repleta de energía, rabia y ganas de pasarlo bien, una hora intensa que fue un no parar.

Tras más o menos media hora de descanso, para coger aire, alguna cerveza fresca y algún que otro cigarrito, hacían su aparición los americanos Warbringer, dispuestos a dar el golpe de gracía a una noche que había arrancado espectacular, pero que sus predecesores habían dejado el listón muy alto. Arrancaron con el primer tema de su nuevo trabajo, Living Weapon, al cual le siguieron Severed Reality y Systematic Genocide. EL público los recibió con los brazos abiertos, y dejándose la piel bajo el escenario, el intenso moshpit no paraba de girar como si un tornado se hubiera colado en la sala. La actuación de los californianos no pintaba nada mal, pero se les véia algo desinflados, no se si por que llevarían cansancio acumulado o si simplemente la intensísima descarga de Crisix aún en nuestras retinas eclipsaba este show un tanto descafeinado. Continuaron con Pray for Death y parece que el grupo iba entrando más en calor, momento que supieron aprovechar y nos lanzaron directo a la cara el gran tema Wake Up…Destroy. Era momento de volver a su anterior album, a cargo de Jackal, para retomar de nuevo su material reciente a manos de la rabiosa Shattered Like Glass, que terminó de ponerles a tono.

Siguieron con Demonic Ecstasy, y con el respetable partiéndose las cervicales a base de headbanging, continuaron con Total War, y en eso mismo conviertieron la sala. Sembraron el caos y la destrucción en la pequeña sala, y todas las primeras filas se fundieron en un intenso mosh pit (mimbros de Crisix incluidos, que no dejaron pasar el momento de divertirse un rato). Continuaron con Living in a Whirldwind, para rematarnos con Combat Shock. Al igual que los primeros de la noche, decidieron que era el momento de las versiones, y el ambiente se inundó de macarrismo a manos de (We Are) The Road Crew, de los grandiosos Motörhead). Cualquier momento es bueno para colar un gran perla en cualquier set list, con la que disfrutan tanto público como banda. Sin apenas enterarnos ya había pasado casi una hora, lo que implicaba el cercano fin del concierto. Con Savagery se apuraban las últimas energías y la encargada de poner la guinda a una gran noche fue el gran tema Shoot to Kill, perteneciente a su primer disco.

Sin duda alguna, fue una gran noche. Una gran noche de buen trhash a cargo de una banda de corto recorrido pero ya consagrada, y otra banda de aún más corto recorrido que no tarda en consagrarse gracias a méritos propios. No he mencionado en toda la crónica el sonido, porque simplemente me pareció perfecto a lo largo de toda la noche, salvo algún momento puntual carente de relevancia. Como dije al principio, había muchas ganas de una noche asi en la capital, y las expectativas fueron altamente cubiertas. Warbringer, gran grupo que supo dar hace unos años un buen golpe en la mesa y posicionarse como uno de los referentes actuales de la escena, cogiendo el relevo de los pesos pesados; y Crisix, cinco chavales con los huevos que no les caben en una carretilla, dispuestos a demostrar que ellos también saben jugar a esto y a hacerse un hueco sin miramientos y a base de empujones. Mucha gente dirá que lo que hacen no es nada nuevo y que no han inventado la rueda, que suenan a tal o cual banda…pues a todos ellos simplemente les digo “cerrad la puta boca y verles sobre un escenario.”

Texto: Pablo Clemente