Al final va a acabar siendo verdad eso de que, en España, no tenemos nada  que envidiar a lo que nos  llega desde el extranjero. Grupos como Vita Imana son los encargados de constatar en cada concierto, que los tiempos en que los grupos españoles eran el patito feo del corral, pasaron hace mucho tiempo. Juegan en primera división por méritos propios, y deberíamos ir haciéndonos a la idea. Noches como las vividas el pasado viernes en la Santana, no son fruto de la casualidad.

Poca expectación produjo, sin embargo, la última oportunidad que nos brindaban los madrileños para contemplarlos sobre un escenario. Unas pocas cuadrillas, atestiguaban lo duros que están siendo estos tiempos para los que se aventuran a organizar conciertos. El poder adquisitivo de la gente, cada vez es más escaso y la asistencia a este tipo de eventos, se ha acabado convirtiendo en un lujo.

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Por suerte para todos, la sala fue cogiendo color a medida que los minutos iban pasando. No éramos muchos, pero los suficientes como para que Dabelyu no olvidasen que esa noche tocaban en casa. Venían presentando su flamante primer disco y así lo dejaron claro en la escasa media hora que la organización les asignó.

Comenzando con Amén,  rescataron siete temas de su opera prima para presentarse ante los pocos paisanos, que no les hubiesen visto todavía. La mayoría, ya  habíamos tenido la fortuna de coincidir en una u otra parte, con esta joven banda. Tienen días mejores y días peores, pero su proyección no es desconocida para aquellos que les vamos siguiendo desde la distancia.

Prometedores en cuanto a sus capacidades, limitados por la escasez de tablas que atesoran.  Esta noche se mostraron  nerviosos y en ningún momento, dio la impresión de que se hicieran del todo con el escenario. Se parapetaron tras una imagen excesivamente estática, que impidió que lucieran los grandes temas que esconden. A su favor, hay que decir que el escenario de la sala no les hizo ningún favor. Las tablas se les hicieron pequeñas y la noche, demasiado cuesta arriba a la buena gente de Dabelyu.

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Dejaron para la posteridad, unos buenos detalles técnicos-con especial mención para su batería- y una encomiable sensación de entrega, que no tardara demasiado en comenzar a dar sus frutos. Situaron en el centro de su actuación su hit single 11, y consumieron su tiempo con la poderosa Cara Sin Cruz.

Se marcharon cuando mejor estaban. Una vez que parecía que habían comenzado a soltarse, tuvieron que dejar las riendas al siguiente conjunto. Los bermeotarras Ost, tampoco iban a tener mucha más suerte de primeras, pero tuvieron más posibilidades para remontar. La experiencia que han conseguido en sus más de quince años como banda, es un factor contra él que ningún grupo novel puede competir.

La mala suerte se cebó con ellos, antes siquiera de tocar su primera canción,pero lo supieron solucionar con absoluta naturalidad. Tiraron de oficio y le quitaron hierro al parón, hasta que todos sus instrumentos estuvieron preparados para sonar. Cuando por fin comenzaron con Loteria Beltza, la tibia respuesta de la audiencia fue todo lo que se encontraron.

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Sin dejarse amilanar, continuaron como si tal cosa,procurando que en ningún momento la escasa respuesta del respetable desluciese su actuación. Presentaron como se merece su último Bost y tuvieron tiempo para rescatar algún que otro corte del siglo pasado. Escuchando estos viejos temas sonar en directo, era complicado entender como esta banda ha podido tirarse tantos años en tierra de nadie.

Como tampoco dispusieron de mucho tiempo para mostrar su arte, poco tardaron en marcarse una genial versión del Cucarachas de Leñoy despedirsea lo grande,  con Ilargiarenak y Gutxiengoa. No defraudaron a pesar de lo incierto de su arranque. Demostraron que por encima de cualquier otro factor, los años suelen ser una de las mejores garantías, cuando sacar adelante una actuación, es el tema a tratar.

Con mucho menos bagaje sobre sus espaldas, los cabezas de cartel de la noche, tomaban posiciones mientras sonaba la intro de su último trabajo. Vita Imana no iban a tener que recurrir al saber estar, para conseguir llevar su actuación a buen puerto. Les bastó un minuto para poner patas arriba el local entero. Un minuto en el que borraron de un plumazo cualquier posible duda. Tan solo el tiempo necesario, que nos sirvió para adivinar que aquella no iba a ser una noche más.

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Desplegando una puesta en escena monumental, desataron los dos primeros cortes de Uluh ante un público que comenzaba a despertar. El empuje con el que sonaba cada nota, se veía acrecentado por las increíbles maneras que se gastaba  Javier Cardoso. Pocas veces he tenido ocasión de presenciar a un cantante que tuviese tan claro lo que había venido a hacer. Provocativo, arrogante y absolutamente fuera de si, tomó la batuta de la actuación, desde que se subió a las tablas, hasta que la última canción acabo cayendo. Él es, sin duda, el mayor culpable de que Vita Imana sean una apisonadora en directo.

El resto de integrantes, en un discreto segundo plano, les bastaba con ir clavando cada uno de los cortes, para dejar que el frontman se encargase de conectar con la audiencia. Parte de las miradas, mientras tanto, se desviaban haciala popular sección rítmica que emplea el conjunto. Era muy llamativo apreciar como la percusionista, no se saltaba una sola coma de lo que la batería iba marcando.

En cortes como Gondwana, la potencia que imprimían los ritmos tribales, ponía a todo el público a botar mientras que temas como Nada Por Ti, provocaban pequeños pogos entre los que tenían ganas de soltar adrenalina. Poco importaba que tocasen piezas de su primer, o segundo álbum, siempre conseguían algún tipo de respuesta. Ya podía ser Corpus la escogida, como Cuando Despierta; daba igual.Todo lo que caía sobre la Santana, iba acrecentando el estado de euforia colectiva.

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Cuando se decidieron a ir ventilando su comparecencia, aquello era un hervidero al que le faltaba muy poco para estallar. Con un solo temazo como Romper con Todo, hubiese sido más que suficiente pero, no contentos con ello, encadenaron otro par de mandobles para terminar de reventar al último de los presentes. Sistema Nervioso y Un Nuevo Sol llevaban por nombre las escogidas y durante unos cuantos minutos, fueron las únicas nanas que la audiencia hubiese querido escuchar antes de retirarse hacia sus aposentos.

Tan implacables y efectivos como se despidieron, volvieron de los camerinos para asegurarse de que no nos seria tarea fácil volver a levantar cabeza. Sacaron nuevamente la artillería pesada y prepararon un wall of death al tiempo que interpretaban Paranoia. Las cabezas de la gente, parecía que se multiplicaban y donde antes había decenas de personas, daba la impresión de que ahora había cientos. Un absoluto descontrol que estoy deseando volver a contemplar cuando toquen ante audiencias más grandes.

Aun quedó tiempo para que descargasen Quizás No Sea Nadie, pero no llego a ser más que el epilogo del momento álgido.  Con mucho menos, hubiese sido suficiente para salir por la puerta grande. Solo con unos pocos temas de Vita Imana, con unos pocos detalles, la audiencia ya había quedado hipnotizada mucho antes. La brillante ejecución, el potente sonido, la sangre, el sudor y toda la entrega que terminaron por derrochar los madrileños, solo sirvieron para constatar su linaje. Con grupos como este, que son de primera división pero juegan en campos de tercera, el futuro del metal nacional se nos presenta más ilusionante que nunca.

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