CRONICA GOLDEN DRAGON

Esta pasada semana tuvimos el gran placer de poder asistir a la fecha madrileña que nos dejaba el Pelagial Tour a su paso por la península, donde tuvimos la oportunidad de ver a The Ocean, acompañados de los noruegos Shining, Tides From Nebula y Hacride, encargados de abrir la velada y quienes llegaban presentando su nuevo trabajo Back to Where You’ve Never Been, que lanzaron el pasado mes de Abril.

Con apenas 25 minutos para presentarse sobre el escenario de la capital, Hacride dieron un recital que recorría prácticamente la totalidad de su discografía, abriendo con Introversion y Overcome, pertenecientes al último disco. Continuaron con Perturbed, de su segundo álbum, que sonó bastante potente, sobre todo los desgarradores alaridos de Luis Roux, quien ha sabido adaptar su tono personal al tema, dotándole de una gran consistencia. Para finalizar, las elegidas fueron Act of God y My Enemy, del aclamado Lazarus, donde echaron el resto (pese al bajo volumen de los samples iniciales del último tema) con una potencia y un juego de luces acompañando a los afilados riffs, dejando claro que por ser el primer grupo no iban a andarse con medias tintas, ofreciendo un concierto tremendo pese al poco tiempo disponible.

Tras algunos problemas de sonido de la guitarra al inicio de la actuación solventados en la medida de lo posible (por lo que pude apreciar, todos los grupos tuvieron problemas con el mismo monitor, a la izquierda del escenario, no debían escucharse bien) hay que reconocer que tuvieron en general un sonido francamente bueno, bastante nítido y con la fuerza suficiente que requería su propuesta de death progresivo, con regusto a Pantera en algunos momentos (el estilo del cantante recordaba mucho a Phil Anselmo, aderezado con ciertos gritos hardcore…una mezcla muy curiosa e interesante).

 

Los siguientes encargados de seguir calentando motores fueron los polacos Tides From Nebula, aunque la sensación general que dejaron fue algo distinta, haciéndose su actuación un tanto monótona y fría, pese a estar completamente entregados. Su propuesta de post-rock a priori resultaba un tanto interesante, pero con el boom que ha habido dentro de este estilo en los últimos años con bandas realmente buenas, todo su plantel quedaba algo diluido al no ser lo suficientemente atractivo y un tanto desubicado dentro de esa noche.

Como comento, fue más un problema de estilo más que de ejecución, ya que en este plano hicieron una actuación notable, con un sonido limpio (un pelín saturado en algunas partes más intensas) y los mismos problemas con la guitarra principal que el anterior grupo (por los que tuvieron cinco minutos de retraso intentando solucionarlos), dejando al guitarrista un tanto incómodo durante los dos primeros temas. Su show fue creciendo en intensidad, comenzando de manera muy suave y subiendo poco a poco, con el grupo acompañando esta subida con sus movimientos, dando bastante de sí y notándoles en general bastante cómodos.

 

Pasado el ecuador de velada, era el turno de los noruegos Shining, uno de los platos fuertes de la cita y los que, personalmente, más curiosidad me generaban de todo el cartel. Para los que no les conozcáis, os pongo un poco sobre la pista: Son un grupo que realizan una mezcla de metal progresivo experimental, mezclando elementos extremos y de jazz, creando unas composiciones muy originales y frenéticas sin encasillarse en un sonido concreto, pero consiguiendo una personalidad muy sólida y fácilmente distinguible. Una vez hechas las presentaciones, vayamos al meollo del asunto.

Poco más de 35 minutos les resultaron más que suficientes para poner la sala Shoko patas arriba, haciendo un perfecto resumen de sus dos últimos trabajos, Blackjazz (2010) y One One One (2013), con los que irrumpieron con fuerza dentro de la escena metalera Europea (previamente a esos discos, tienen otros tres en su haber, pero un tanto alejados del metal, con ciertos elementos pop, clásicos y manteniendo el jazz siempre presente). Comenzaron con HEALTER SKELTER, de una manera frenética y sin andarse con rodeos, toda la carne en el asador desde el primer momento. Una vez más, volvieron a aparecer los mismos problemas con el monitor, igual que en grupos anteriores, solo que esta vez el guitarrista le dio poca importancia tras comprobar que el fallo no provenía de su equipo, centrándose en imprimir toda su fuerza en el show. Estelar la actuación a la batería de Tobias Ørnes Andersen (quien como comenté en la crónica de Leprous, acompañaba a Shining en su periplo europeo, delegando las baquetas de los primeros en Baard Kolstad), haciendo gala de una técnica impresionante y un ritmo al alcance de pocos.

A ritmo del enfervorecido saxo de Jørgen Munkeby, impecable frontman que no paró quieto ni un segundo, dejaban atrás los últimos compases del primer tema, para presentarnos algo de material nuevo con The One Inside, corte ligeramente menos estrambótico que el anterior, con cierto regustillo industrial, con mayor protagonismo de las guitarras, con una labor vocal magistral, manejando rangos guturales y otros más melódicos perfectamente, cambiando al saxo una vez más para cerrar el tema de forma enfermiza, dando paso a Fisheye, con una energía aún mayor si cabe, ante la expectación de todos los presentes, que estaban con los ojos como platos ante tal poderío. Pasada la mitad del concierto de los noruegos, retomaron su nuevo trabajo con My Dying Drive y I Won’t Forget, desplegando todas sus armas y guardándose un as en la manga como colofón, que fue ni más ni menos que 21st Century Schizoid Man, increible versión de King Crimson con ese toque tan personal que caracteriza a la formación.

Tras más de diez minutos de locura compacta, el grupo se despedía de todos los presentes, dando las gracias por asistir y disfrutar con ellos en lo que su líder definió nada más comenzar como el primer show en la historia de la banda en Madrid. En líneas generales, fue un ejercicio de clase y técnica soberbio, con un conjunto entregado por completo, en el que el sonido saturado y un teclado relegado a un discreto segundo plano, no empañaron una noche perfecta a la que le faltaba tan solo la dulce guinda del pastel.

 

Y tal honor recaía, como no podía ser de otro modo, en The Ocean, cabezas indiscutibles de esta gira europea en la que llegaban con su más reciente trabajo, Pelagial, por bandera, orgullosos de él y dispuestos a difundirlo por todos los rincones del viejo continente.

Con el escenario sumido en tonalidades azules oscuras, comenzaba a sonar Epipelagic, intro del mencionado nuevo álbum, mientras los músicos iban tomando posiciones, para una vez colocados, enlazar con Messopelagic: Into the Uncanny, comportando un inicio perfecto, que serviría de preludio para lo que restaba de velada. Energía, tranquilidad, furia y melodía a partes iguales, con un sonido casi perfecto y bastante pesado, que le otorga un directo muy potente a las nuevas composiciones. Bathyalpelagic I: Impasses comenzó casi sin darnos cuenta, absortos por completo en el acuoso mundo que estaban generando para nosotros, atrapándonos en un despliegue de fuerza inusitado, mientras las proyecciones acompañaban perfectamente completando esa atmósfera oceánica con la que nos envolvían.

Loïc Rossetti estuvo de sobresaliente, con un vozarrón tremendo que no le tembló en ningún momento, y lanzándose al público cada dos canciones más o menos, incluso atreviéndose desde la pasarela desde el piso de arriba, situada a unos 4 ó 5 metros de altura, con una legión de fans con las manos alzadas para amortiguar su caída. Los temas del nuevo disco se sucedían sin pausa, Bathyalpelagic II y III continuaron la hoja de ruta, dando el relevo a Abyssopelagic I: Boundless Vasts. La actuación estaba siendo apoteósica, con una presentación cuidada al máximo, tónica que permaneció intacta durante lo que restaba de velada, cerrando la puesta de largo con Hadopelagic II, Demersal y Benthic, tras la cual el grupo desapareció durante unos instantes, para regresar y deleitarnos con los bises, a manos de un par de temas antiguos.

En resumen, la actuación de los alemanes no tuvo ninguna pega, con un setlist elegido sabiamente, trasladando al directo la esencia pura que se degusta en este nuevo trabajo de estudio, con una actitud perfecta y con un diez a la ejecución de todos los miembros, que se dejaron la piel en el escenario, incluso Luis Roux, vocalista de Hacride, quien compartió micrófono con Loïc en uno de los temas.

Unos conciertos memorables, de unas bandas en plena forma, en la que todos exprimieron el máximo de si mismo, sin perder ocasión de demostrar su fuerza, incluso saltando a tocar entre el público, en un acto de complicidad perfecto, que denota una cercanía tremenda por parte de los músicos, cosa que se agradece enormemente.

 

REPORTAJE GOLDEN DRAGON