CRONICA LEO

Cierto es que las pasiones rara vez ofrecen la posibilidad de instaurar un marco de análisis objetivo, y el caso de Saint Vitus es sin duda uno de los más ilustrativos. Qué decir cuando dicho cúmulo de emociones se ve colmado por una gira que celebra sus 35 años de historia…con en el desglose íntegro del Born Too Late como promesa final. Para subir la apuesta Orange Goblin y otros 20 años de andadura se sumaban al cartel, dejando la apertura del evento en manos de Serpent Venom; una de las promesas más jugosas del panorama local cuyo último trabajo reseñamos en este enlace.

Ante semejante perspectiva cualquier buen amante del Doom y sus extremidades despejaría su agenda para permitirse semejante deleite. Hecho lo propio (y algo más abrigados de lo normal), en torno a las 19.00 contemplábamos ya las puertas del Heaven bajo las escalinatas de Charing Cross Station. Con una capacidad de alrededor de 600 almas en su bóveda principal, resultó ser un cobijo más que acertado dada la magnitud del evento que acertó desde la acústica hasta sus impecables medidas de seguridad.

La primera de las alineaciones era sin duda uno de nuestros objetivos más preciados, y es que habíamos tenido el placer de acompañar a Serpent Venom: tanto en su concierto del 10 de mayo (junto a Goatess y Sigirya) como en su apertura para Bloody Hammers el pasado 8 de junio. La impresión inicial fue inmejorable, con lo que sólo quedaba comprobar cómo se desenvolvía la banda en un escenario de grandes dimensiones.

Abriendo con el corte inicial de su reciente plástico, los británicos tuvieron un margen de tan sólo cuatro canciones para dar testimonio de su calidad musical. Un sórdido resquebrajamiento del que se desprendieron Devilshire, Death Throes At Dawn y Sorrow’s Bastards (clásico inmediato del Of Things Seen & Unseen). A pesar de lo mucho que extrañamos la química tan propia en los espacios reducidos, el desarrollo de su actuación fue excelente: y por supuesto se tradujo en gran oportunidad para extender su propuesta a nuevos oyentes. Regalo más que merecido para una de las atrocidades más jugosas del circuito londinense.

 

La toma del escenario por parte de Orange Goblin se dio media hora pasadas las 8, con una ovación a la altura de unos de los más grandiosos abanderados del Stoner. Los cuerpos se arremolinaron contra las vallas con los primeros acordes de Scorpionica haciendo temblar los cimientos, mientras el gigantesco Ben Ward pedía guerra a sus seguidores a pie de escalera. Primera e inolvidable experiencia con los maestros de la psicodelia, remediando por fin la larga lista de descuidos acumulados entre la agitación de los festivales y alguna que otra presentación local desatendida.

A su vez pudimos presenciar la conjunción de sus clásicos con su reciente Back From The Abyss, cuya primera escucha hemos de reconocer que denota cierta carencia de aquel empuje tan propio de los ingleses. Aplicado a la dinámica escénica, Sabbath Hex y los posteriores Into The Arms of Morpheus y The Devil’s Whip alcanzaron las cotas de adrenalina esperadas en medio del sofoco ocasionado por himnos como Blue Snow y The Fog.

Como era de esperar Red Tide Rising cerró el setlist de trece temas, agotando las pocas moléculas de aire fresco que aún flotaban por el ambiente. Algo más de una hora de concierto aprovechada a la perfección, arrancando con sus propias manos un buen trozo de protagonismo a los grandes elegidos de la noche…

 

Podemos intuir varios de los motivos por los que Saint Vitus coronasen las veladas en las capitales (Londres y Dublin): el carisma de sus ejecutores, la interminable lista de proyectos que han influenciado hasta la fecha, y por supuesto: la absoluta preponderancia de su propuesta aún en los tiempos que corren. Una proyección avinagrada que lleva suspendida más de tres décadas en el subconsciente de toda una subcultura, con un mensaje atemporal e intimidatorio reflejado en cada frase y acorde.

En su singularidad reside el atractivo: la arrebatada gesticulación de Wino enlazados con el espasmódico movimiento de Chandler bajo la atenta mirada de Adams, desprende una teatralidad tan bizarra y auténtica como la perversión de su sonido. Aún tratándose de un documento casi bíblico de principio a fin, el ensamblaje de Born Too Late sobre las tablas contó con algunos momentos claves, marcados por los comentarios iniciales de Wino y el maestro de las seis cuerdas. Difícil olvidar a Weinrich simulando el consumo de ácido en Clear Windowpane, o la corrosiva historia asociada a Dying Inside…

Hechos y convicciones narradas sin ningún tipo de remordimiento, crudas e interminables como los cientos de miles de kilómetros acumulados bajo sus pies. Lamentable sin embargo que una de sus composiciones más recientes y cargadas de sentido tuviera un desarrollo tan poco favorable: esta vez Let Them Fall perdió mucho brillo sobre el escenario, polarizando la inmensa declaración de intenciones anidada en su seno.

Despidiéndose con su tema homónimo, Saint Vitus acabó sacudiéndonos drásticamente del letargo tejido por la bestia interestelar. Memorable noche, gran público y mejores maestros de ceremonia. They say their songs are much too slow…but they don’t know the things they know. Simplemente inmortales. Nuestro eterno agradecimiento a Gunnar de Season Of Mist, que como es habitual contribuye de manera efectiva al crecimiento de nuestro proyecto.

 

REPORTAJE LEO