CRÓNICA ABEL

 En Bratislava no suele haber muchos conciertos metaleros, y menos aún de grupos grandes, así que el penúltimo fin de semana de marzo de 2013 fue todo un fiestón para los melenudos locales: en dos días pudimos ver a Sabaton, Eluveitie y las leyendas Stratovarius, además de otros tres grupos de calidad pero menor fama. En esta crónica se relata el sábado, con Wisdom, Eluveitie y Sabaton, y en otra podréis leer lo referente al domingo con Seven Kingdoms, Amaranthe y Stratovarius. Por cierto, para el concierto que aquí se refiere se agotaron todas las entradas varios días antes, luego había gente buscando como loca a alguien que se la revendiera.

 Tras una larga y lenta cola para entrar en una sala que tampoco resultó ser tan grande, a las ocho en punto salieron los húngaros Wisdom a abrir la velada. Es un grupo al que no conocía más que de nombre, sabía que hacen power, pero poco más, y me llevé muy buena impresión de ellos. Aunque no sean muy conocidos, ya llevan más de una década en activo; pero también es cierto que sólo sacaron dos discos. Así y todo, me parece un poco injusto que sólo les dejen tocar media hora escasa. Pero es lo que hubo, y aprovecharon bien su tiempo. Me sorprendí a mí mismo al darme cuenta de que conocía una canción, Heaven and Hell (no, no es versión de nadie), probablemente de algún paseo por el Youtube. Muy buenas melodías, estribillos pegadizos y algún que otro juego de gritos con el público hicieron de su concierto algo realmente entretenido, pasó volando. Aunque también fue objetivamente corto. Los días anteriores habían tocado una versión de Iron Maiden, Wasted Years, que en Bratislava se saltaron.

 Los siguientes fueron los suizos Eluveitie, que llevan de gira con Sabaton más de un año, aunque personalmente no me parece que peguen mucho juntos; pero como me molan ambos, no me voy a quejar. Sin embargo, el concierto de Eluveitie me decepcionó un poco. Creo que parte de la culpa la tiene el sonido de la sala, que ambas noches me pareció muy ruidoso. El violín se oía, y la flauta también, pero la gaita no, nada, y en las partes más cañeras costaba encontrar la melodía, especialmente si no conoces de antemano todas las canciones, como es mi caso. Además hay que mencionar que faltaba Anna Murphy, la zanfoñera, que se tuvo que volver a casa por problemas gordos de salud no especificados, lo que provocó que tuvieran que elegir canciones que pudieran tocar sin ella. Grité como un energúmeno en Thousandfold y alguna más, pero a ratos no pude evitar que se me desviara la atención. Eso sí, no veas la animación de la audiencia y la cantidad de pogos que hubo. Tocaron unos tres cuartos de hora.

 

 Tras la pausa de rigor, por fin llegó la hora de Sabaton. Anda que no tenía yo ganas ya de ver a estos suecos. En realidad los vi hace siete años (mon dieu, ¿siete ya? Pues sí, invierno del 2006… Cómo pasa el tiempo) en Oporto de teloneros de Dragonforce y Edguy, cuando aún estaban presentando su Primo Victoria, no los conocía casi nadie y yo, menos. Sólo pude ver sus últimas tres canciones, me encantaron y en cuanto llegué a casa me puse a escucharlos como un loco. Pero me estoy yendo por las ramas. Volvamos a la Eslovaquia de marzo del 2013, con un Sabaton que ya tiene seis discos de power potentorro de primer nivel y un público con un alto porcentaje de tiparracos vestidos de militares o con pintas de serlo, a juzgar por los músculos y las cabezas rapadas. Eso sí, educadísimos todos; yo tenía miedo de que hubiera algún colgado que se pusiera a hacer el subnormal, pero nada de eso.

 Un concierto de Sabaton es, al mismo tiempo, un espectáculo cómico. Joakim Brodén es todo un comediante y, al parecer, es costumbre que en cada país les griten algo relacionado con bebidas alcohólicas. Así, en Hungría les gritan “pálinka, pálinka”, en Alemania les gritan nosequé de bier, y en Bratislava aún estaba sonando la intro cuando ya había empezado todo el mundo: “Ešte jedno pivo! Ešte jedno pivo!” (otra cerveza más). La intro duró aproximadamente mil millones de horas, The Final Countdown incluida íntegramente, hasta que empezaron de verdad con Ghost Division. Menudo fiestón. Pogos no vi ni uno en todo el concierto, pero saltos, brazos en alto, gente que se sabía las letras… genial en ese sentido.

 Hace cosa de un año, Sabaton se reformó; se quedaron sólo los dos compositores, y el resto de miembros se piraron, así que ahora tres de ellos son nuevos, pero yo no noté ninguna diferencia. No tienen teclista; no sé si antes lo tenían o no, pero esa noche todas las partes de teclado, que son muchas y con gran importancia en casi todas sus composiciones, sonaron grabadas.

En unas cuantas ocasiones, Joakim nos preguntó qué canción queríamos oír, y daba a elegir entre dos. Primero anuncia los títulos; luego dice uno de ellos, quienes la quieren oír gritan, luego el otro, gritan los que la quieren, y la que más berridos reciba, gana. Y esa, amigos míos, es la historia de cómo me quedé sin oír Into the Fire en directo. Pero en su lugar cayó Attero Dominatus, así que tampoco me quejo. Hubo otro juego: el de “ešte jedno pivo”, que consistió en competir a ver quién bebía más rápido un vaso de cerveza, y cada dos o tres canciones se le daba una oportunidad a alguien. El ganador, por si alguien tiene curiosidad, fue uno de los miembros del grupo, que tardó 2,7 segundos, si excluimos al batería, que se la tiró por la cabeza en menos tiempo.

Hubo dos canciones que tocaron por petición popular, no de esa noche sino de lo que llevan de gira. Para el que no lo sepa, el último disco, Carolus Rex, salió en inglés y en sueco, y la primera petición fue precisamente una canción en sueco. “¿Pero así cómo os vais a enterar si metemos la pata?”, se preguntaba, y a continuación dio a elegir entre A Lifetime of War y The Carolean Prayer. Ganó la primera. La otra petición fue algo de su primer disco, Metalizer (es el primero pero tiene una historia un poco rara de ediciones tardías, sellos tozudos, derechos de publicación y esas cosas). Entonces Joakim cogió un teclado, preguntó “¿are you ready to jump?” y empezó a tocar la melodía del Jump de Van Halen… Un payaso, como digo, siempre en el buen sentido de la palabra. Pero enseguida se pusieron a tocar The Hammer Has Fallen, que yo no conocía.

Es curioso, hubo varias canciones que no conocía, y yo me creía guay. Una fue esa, otra fue Far From the Fame, que pidió un grupito de personas a gritos y a mí no me sonaba ni de nombre (ahora acabo de leer en internet que no está en ningún disco), y la tercera fue Swedish Pagans, que apareció como bonus track en la reedición de algún disco. ¡Eso es trampa! Como última anécdota, en la primera fila había un chaval joven; Joakim le preguntó su edad, que resultó ser nueve años, luego le preguntó si era su primer concierto de heavy metal, y al oír la respuesta afirmativa le regaló sus gafas para que tuviera un recuerdo.

Como veis, un espectáculo muy divertido y lleno de anécdotas. Siempre habrá quien se queje, con su buena parte de razón, de que el tiempo que gastan con las coñas podían aprovecharlo para tocar más temas, pues es cierto que a veces se tiraban varios minutos entre canción y canción; pero bueno, la verdad es que tocaron bastantes canciones, y así hacen un concierto un poco distinto. No me gustaría que todos los grupos hicieran lo mismo, pero en Sabaton me lo pasé bastante bien, tanto desde el punto de vista musical como desde el cómico, y no se me hizo pesado.

 

Ghost division
Gott mit uns
Carolus Rex
Poltava
Cliffs of Gallipoli
Attero dominatus
40:1
A lifetime of war (en sueco)
The lion from the North
The hammer has fallen
Uprising
Swedish pagans

The art of war
Primo victoria
Far from the fame
Metal crüe

REPORTAJE ABEL