Los americanos lo hacen todo a lo grande y los festivales no podían ser una excepción. Consagrado actualmente como uno de los festivales de referencia en Norteamérica, la edición del 2012 del Rockstar Mayhem Festival reunía posiblemente el cartel más atractivo hasta la fecha; nada más y nada menos que Anthrax, Slayer, Motörhead y Slipknot, como cabeza de cartel; junto a muchas otras bandas entre las que destacan As I Lay Dying (Metalcore) o White Chapel (Deathcore). Lamentablemente, los stoner High On Fire (podéis consultar la reseña de su disco aquí) se cayeron del cartel por problemas alcohólicos de su cantante y guitarrista Matt Pike. Lo que empezó como una continuación de grandes festivales celebrados en suelo estadounidense como el Ozzfest o la edición norteamericana del Monsters Of Rock, se está erigiendo como uno de los festivales de referencia gracias a la asistencia de grupos como Megadeth, Trivium, Mastodon, Machine Head o Cannibal Corpse.

Tras atravesar numerosos estados, el 15 de Julio el Mayhem Festival se detenía en el estado de Indiana, en el medio oeste del país, concretamente en un pequeño pueblo llamado Noblesville. El sitio elegido para la celebración del concierto fue  el anfiteatro Klipsh Music Center alrededor del cual construyeron un enorme recinto creado para la ocasión en el que no faltaron numerosos puestos de comida y bebida a precios excesivamente sangrantes (la hamburguesa a 10 dólares!), así como stands de grupos y discográficas, zonas de merchandising y, por supuesto, los dos escenarios: el principal o Main Stage y el escenario más pequeño patrocinado por la marca de bebidas Jagermeister.

Desde la 13:30 de la tarde la oferta musical y de ocio era variada; desde exhibiciones de deportes extremos hasta actuaciones de bandas como Hemlock o Betraying The Martyrs. Pero el plato fuerte estaba reservado para más tarde…

Así que servidor hizo su aparición en el recinto a eso de las 5. Casi media hora más tarde los neoyorkinos Anthrax iban a hacer su aparición en el segundo escenario; desprovisto de asientos y graderíos y con una puesta escena de lo más austera (no necesitaban más).  Bajo un sol de justica, Scott Ian y los suyos saltaron al escenario con su apuesta de thrash metal clásico y festero. Tenían una hora por delante para justificar su estatus y su repertorio no iba a defraudar.

Para empezar, Caught In A Mosh, el clásico de la banda que como no podía ser de otra manera vino sucedido de un mosh pit en las primeras filas, que se volvió aún más caótico con la gran cantidad de polvo que había en el suelo. Desde el inicio, los miembros del grupo se mostraron totalmente predispuestos, involucrando al público en todo momento; especialmente Joey Belladonna, a quien nunca se le puede achacar falta de actitud ni compromiso y el bajista Frank Bello, persona que nunca falla: espectacular como este tío vive cada uno de los temas.

El siguiente en el repertorio fue Fight ‘Em Till You Can’t, de su último disco Worship Music (leer la crítica aquí), aunque la mayoría de su setlist lo compondrían clásicos de su mítico Among The Living.

Belladonna seguía mostrando su abanico de muecas, a lo que el público correspondía con más entusiasmo. El siguiente en caer fue presentado como un gran clásico; Indians, tema que fue muy bien recibido entre sus fieles seguidores y que sacó a relucir la faceta de Ian como uno de los mejores guitarristas rítmicos a la hora de crear riffs. Tremenda la progresión del inicio, un ejercicio maestro de lo que el thrash metal es en estado puro: salvaje headbanging galopante a la sexta cuerda. Casi sin darnos cuenta nos plantamos en el último tema, I Am the Law, magnífico cierre de un concierto que a la postre, en mi opinión, sería el más divertido de la jornada.

Al tiempo que Anthrax apagaban amplifcadores, comenzaban en el “principal” As I Lay Dying, la formación norteamericana de Metalcore creada en el año 2000. Sin embargo, el tiempo que tardé en ir de un escenario al otro y el detenerme en los puestos de merchandising fue suficiente para perderme la actuación de Tim Lambesis y compañía. A continuación, los más viejos del lugar, una pesada banda de rock and roll, una banda con la suficiente actitud como para acobardar a cualquier punk que se precie. Comandados por seguramente el tío más duro que ha tenido el rock,  una leyenda en sí mismo, pura actitud que calza botas y sombrero vaquero, sin grades alardes, sonaban las primeras notas del bajo de Bomber y con Lemmy al frente, los británicos Motörhead se presentaban con toda la veteranía del mundo.

Con un sonido impecable y ostenisblemente duro que se dejaba escuchar entre tema y tema, Motörhead martilleaban los oídos de los asistentes a golpe del heavy/rock más sucio y arrogante. Tras el I Know How To Die de su último álbum The World Is Yours, llegaba el turno de The Chase Is Better Than the Catch; probablemente mi tema favorito de la banda por su constitución lenta pero destructiva; defendido por un Lemmy achacado por la edad pero que seguía vociferando cada uno de los versos que emanaban de su ronca garganta. La emoción recorría mi cuerpo, clavando caga golpe de batería con un movimiento de cabeza. Desde el minuto uno no pude evitar convertirme en el más loco metalhead del lugar sorprendiendo a al resto de fans que compartían la fila de asientos. Llegados a este punto he de confesar que me llevé una decepción con el público norteamericano y su forma de “no vivir” unas actuaciones que ya nos gustaría tener al otro lado del Atlántico. En cuanto a imagen puede que nos ganen pero eché en falta mucha más sangre en las venas en cada actuación del día.

Los temas se sucedían sin prácticamente pausa, salvo en los momentos en los que Phil Campbell tomaba el micro para hacer alguna broma mientras Lemmy parecía muy distante anclado en el centro del escenario. Tras The One To Sing The Blues, llegó el momento del habitual solo de batería de Mr. Mikkey Dee, quien cumple 20 años en la banda. Más que buen solo que culminó con una espectacular y constante lluvia de baquetas que me dejaron anonadado.

Los británicos estaban finalizando su actuación de escasamente una hora y como no podía ser de otra manera eligieron Ace Of Spades y Overkill, dos canciones perfectamente reconocibles desde el principio que, esta vez sí, hicieron que el público respondiera con su apoyo unánime. Para culminar, uno de los inicios de batería y la posterior unión de bajo y guitarra más míticos del rock. Apoteósica y ensordecedora, la siempre potente Overkill tomaba fuerza y se volvía imparable. Aquellos fueron los 5 minutos más emocionantes de toda la jornada. Compuesta con un final sencillamente orgásmico que me llevó a plantearme seriamente  “si alguna vez ha podido un grupo elegir mejor tema para concluir una actuación.”Aquella vez cobraba más sentido que nunca la letra del propio tema:

Only way to feel the noise is when it’s good and loud

Una emoción desbordada que se completaba con los últimos acoples del bajo y un “We are Motörhead, and we play Rock And Roll…don’t forget us” que la banda utiliza habitualmente como saludo se tornaba en despedida y la constatación de haber asistido a una actuación de una parte muy importante de la historia del heavy/rock, desde que la banda se creara a mediados de los 70 en Gran Bretaña. Para definir lo que sentí al final de su actuación, no puedo más que citar las palabras que mi compañero Leandro utilizó para la crónica del concierto en Hammersmith Apollo de Londres (leer la crónica íntegra aquí):

“(…) No es una banda, no es una religión: es una puta forma de vida”.

Concluida la actuación de las dos primeras bandas y pasadas las 8 de la tarde, todavía quedaba mucha tralla a repartir pero sin lugar a dudas, las dos primeras actuaciones que presencié no me dejaron en absoluto indiferente.

Continúa la segunda parte de la crónica con Slayer y Slipknot…