Cerca de las 8:30 un haz de luces rojas comenzaron a poblar el escenario rotando de un lado a otro al tiempo que el público alzaba los cuernos al grito de Slayer! Esta vez sí, una banda saltaba al escenario principal respaldada por el entusiasmo del público norteamericano, que tienen en muy alta estima a los thrashers. Con una escenografía de lo más provocadora rodeados de constantes llamaradas, muros de Marshall’s con forma de cruces invertidas y coronados por su icónica águila que lució encendida en fuego durante toda la actuación, daban comienzo al show con la oscura Darkness Of Christ a la que siguió su habitual Disciple; ambas de su God Hate Us All de 2001.

De nuevo el sonido se presentaba impecable lo que permitió percibir con todo lujo de detalles la voz de Tom Araya que gritaba cada una de sus insidiosas proclamas a un gran nivel. Y es que a sus 51 años, el chileno todavía tiene cuerda para rato. Por lo demás, el resto de la formación habitual salvo la baja del guitarrista Jeff Hanneman que cubre temporalmente Gary Holt. Sobre el guitarrista de Exodus hay que decir que rayó a un muy buen nivel toda la actuación, aunque el peso determinante de la guitarra recayó una vez más en el incombustible Kerry King; quien desde el minuto uno parecía absorto sincronizando como siempre movimiento de cabeza con riff.

No tardó en llegar un tema de su aclamado primer larga duración Show No Mercy; Die By The Sword daría a paso a Hate Worlwide de su último álbum; de una tacada dieron un salto de 26 años en su discografía.

La siempre intrincada Jesus Saves hizo estremecer a los presentes, especialmente a los situados en la zona del moshpit que sentían las sacudidas y el calor del propio infierno cada vez que 6 o 7 llamaradas salían esporádicamente del fondo del escenario. Aquel día Lombardo acabaría más bien achicharrado.

Tras la agónica Seasons in the Abyss del disco de mismo nombre llegó uno de los momentos de la tarde-noche: las miradas se concentraron en Kerry King, quien sin ningún atisbo de nerviosismo puso en marcha, en mi opinión, uno de los mejores temas de los californianos; Hell Awaits, con un comienzo muy a lo old school, las variaciones de ritmo confluyen en un rápido ataque de fraseos de guitarra que dejarían seco al mismísimo Satán.

Al margen de la música, sin ninguna duda la escenografía fue el otro gran plato fuerte de la actuación de Slayer. Con el respecto al público, los norteamericanos se comportaron como siempre; no es que se caractericen precisamente por la comunicación, sus virtudes van por otro camino.

Para rematar, un final de concierto de lo más sanguinario con tres de los temas más representativos de toda su carrera: Angel Of Death, South Of Heaven y por supuesto la bien esperada lluvia de sangre con su mítica Raining Blood a la que le vino de perlas la iluminación rojiza. Y tal y como vinieron se marcharon, dejando al público con un tremendo dolor de oídos. Araya y compañía abandonaron el escenario tras un telón rojo de terciopelo.

Ya habían pasado muchas horas desde que empezase la jornada de conciertos y eso se notaba sobretodo en el comportamiento de muchos a quienes el exceso de alcohol pareció hacerles retroceder al tiempo de las cavernas. Así, antes y durante la actuación de Slipknot, la policía tuvo que llevarse detenidos a unos cuantos.

Estados Unidos es para el mundo del metal una gran mina de bandas, pero pocas son a las que los americanos quieren con total devoción. Y en los últimos años, Slipknot ha sido una de ellas. Nadie negará que para bien o para mal, los de Des Moines han sido una de las piedras angulares del metal extremo en la última década, atrayendo tanto a público afín a este género como a multitudes del mainstream. Con unos ingredientes que casi aseguran el éxito: actitud provocativa, espectaculares shows, grandes hits y una imagen icónica; los americanos tocaron el cielo con su aclamado Vol.3: The Subliminal Verses, a lo que siguió All Hope Is Gone, probablemente su disco menos duro. “Superada” la muerte de su bajista Paul Gray y tras dos años de ausencia, los americanos volvían a su querida patria donde les aguardaba un público “loco” por ellos, como atestiguaban las numerosas camisetas, tatuajes e incluso máscaras!

Caída completamente la noche, a eso de las 22:00 empezó a sonar el tema 742617000027 que la banda está empleando a modo de introducción para su actual gira. Con un anfiteatro a rebosar, el telón rojo iluminado se levantó dejando ver al grupo al completo sobre el escenario inmóviles como estatuas adoptando diferentes poses, lo que puede parece un poco a contra natura en el inicio de una actuación pero dio un resultado excepcional. Pronto a la intro le siguió (Sic) y a ésta Eyeless, sin duda uno de los grandes temas de la noche que realzó todas las virtudes de los de Iowa. El sonido había sido magnífico durante toda la jornada y no iba a ser una excepción para los cabeza de cartel. Eyeless estayó en la cara de todos los asistentes a un ritmo desbocado con su imparable base de percusión y su magnífica cadencia decadente llevando el tema a un extremo sombrío que tanto dominan este grupo de “monstruitos”.  Este tema puso fin a uno de los enigmas de la noche: ¿cómo sonaría la voz de Corey Taylor? No se puede negar que la voz del vocalista de Slipknot ha perdido parte de su sorprendente brutalidad que le caracterizaba en un principio, al igual que el resto de aspectos relacionados con la banda. Sin embargo, sin llegar a la época dorada del Vol.3, aquella noche el frontman estadounidense parecía en plena forma y no se mostró huidizo con el repertorio de guturales.

Irónicamente, en esta gira presentación de su próximo recopilatorio Antennas To Hell, la banda recordaba muchos aspectos de su primera época. El grupo recuperaba los monos naranjas, el escenario decorado con artwork de su primer álbum y hubo momentos para sacar del cajón las primeras máscaras. En cuanto a la puesta en escena, seguramente los que los hayáis visto en directo sabréis lo espectacular de sus shows que aunque ya no resultan tan alocados como antaño no dejan de ser entretenidos. El tener un gran número de personas sobre el escenario mantiene en una constante histeria a quien los observa, especialmente cuando Sid Wilson y Shawn “Clown” Crahan hacen de las suyas. A esto, hay que unir las explosiones y las innumerables llamaradas. Pronto llegaría el momento de la batería giratoria…

Pero antes, no tardó en llegar uno de su grandes temas; Before I Forget, coreado por el público. The Heretic Anthem fue presentando como el nuevo himno americano con su estribillo “If you’re 555 I’m 666”. A partir de ahí, una retahíla de grandes éxitos comenzando por su último Psychosocial, a lo que siguió el tema que les encumbró; Duality. Introducida a cappella por Corey Taylor, pronto sería continuada por el público. De nuevo una explosión de éxtasis entre los asistentes y “Clown” que sacó a pasear su bate de béisbol. Tema que además tuvo el momento emotivo de recordar a su eterno número #2, Paul Gray, fallecido en 2010.

Sin embargo, sería Spit It Out el que llevaría la locura absoluta con todos los asistentes saltando al unísono al escuchar las mágicas palabras “Jump The Fucked Up”. La banda estaba ofreciendo un espectáculo fabuloso en una tierra donde todo lo que tocan se convierte en oro. Devoción absoluta por la banda norteamericana que se reflejaba en el rostro de las decenas de miles de personas.

Para finalizar el show, dos temas absolutamente misántropos; People = Shit y Surfacing. Casi de 10 la actuación de Slipknot que ofrecieron un espectáculo brillante en muchos aspectos. Con la outro ‘Til We Die de fondo, la seguridad del lugar fue desalojando poco a poco a los asistentes.

Como balance final, no puedo más que aplaudir primero que nada el absoluto cartelazo del Mayhem Festival de este año, difícilmente superable; también valoro mucho la organización del mismo, el impecable sonido y la puesta en escena de las bandas. Pero no puedo dejar de criticar que el 90% del espacio para ver un espectáculo semejante fuesen asientos como si de un partido de baloncesto se tratase a precios, eso sí, bastante “normalitos.” Sería injusto ponerse a hablar de quiénes fueron mejores y quiénes peores; simplemente hubo tiempo para disfrutar del espectáculo, para pasárselo bien y momentos también emotivos.

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