Mucha gente opina que cuando vas a ver un concierto y los teloneros son del mismo estilo o similar al cabeza de cartel es algo que le resta puntos al conjunto, ya que carece de variedad. Personalmente opino que la variedad es muy enriquecedora, y que no debe suponer un impedimento disfrutar de dos grupos aunque sus propuestas sean completamente diferentes, pero hablando de conciertos en directo, mi opinión cambia, y prefiero que todos los grupos que toquen esa noche sean de un estilo afín (con la excepción de los festivales, lógicamente). No voy a ser yo el que no disfrute si, por ejemplo, en el mismo concierto tocan Eluveitie y luego Kreator, ambos me gustan, pero preferiría disfrutar de Destruction y luego Kreator, o Eluveitie y luego Ensiferum. Es básicamente un asunto de ayudar a crear la atmósfera adecuada.

Con esta breve reflexión, me gustaría introducir esta crónica de lo que a mucha gente le podría parecer una velada de poca variedad, dentro de un estilo denso como el Doom Metal. El sábado pasado, en la fría (y aún no nevada) ciudad de Helsinki, en Finlandia, tuvo lugar un concierto muy apetecible para los amantes del Doom Metal de la vieja escuela, a manos de los veteranos americanos Pentagram, acompañados de los locales Lord Vicar, y cerrando el cartel, los suecos DoomDogs.

Poco antes de las nueve de la noche, con un viento de pelotas y una rasca considerable, compartíamos cervezas en la puerta de la sala Nosturi, situada junto a un puerto al oeste de la ciudad, con unos chicos de la ciudad que nos recomendaron muy encarecidamente a Lord Vicar. Tras estas palabras, y con una curiosidad tremenda por ese grupo, la sala abrió sus puertas, y decidimos meternos al interior para ir tomando posición (y refugiarnos del fresco que hacía). Tan solo media hora después, comenzaban su actuación los suecos DoomDogs, en una sala bastante amplia de dos pisos, en la que apenas había 50 personas para ver a la primera banda de la noche. En una completa oscuridad, sus cuatro miembros hacían su aparición sobre el escenario, y comenzaban a presentar su propuesta, un doom metal de sabor añejo mezclado con stoner rock. Llegaban presentando su nuevo trabajo, titulado Unleash the Truth, del cual tocaron varios cortes como Eye for An Eye, The AnnieCrhist o Welcome to the Future. Nunca antes había escuchado a este grupo, pero a medida que iban cayendo los temas, me gustaban cada vez más. Un sonido antiguo, pegadizo, con un bajo potente, unos riffs pesados y una voz desgarradora, todo ello arropado por una batería contundente, conseguían crear una atmósfera que recordaba a grupos como King Crimson, Spiritual Beggars o a los padres de todo esto, Black Sabbath. Durante poco más de media hora, defendieron con uñas y dientes sus dos trabajos editados hasta la fecha, con unas ganas tremendas pese a la poca gente que había, pero que desde luego, conmigo ganaron un fan más.

Los siguientes eran los finlandeses Lord Vicar, esos de los que tan bien nos habáin hablado antes de la apertura de puertas, y a los cuales esperábamos expectantes y con mucha curiosidad. No se hicieron esperar demasiado, y tras mas o menos veinte minutos saltaron al escenario. Su música andaba por un terreno no demasiado distante al de sus predecesores en el escenario, presentando un Doom Metal de la vieja escuela pesado y oscuro, que una vez más, recordaba Black Sabbath. Su cantante, Chritus (antiguo vocalista de Saint Vitus y Count Raven) no paraba de moverse por el escenario, y de representar la opresión de su música tirándose por el suelo y poniendo muecas de desesperación, todo un gran frontman al más puro estilo Ozzy. Al igual que Doomdogs, durante aproximadamente 45 minutos, deleitaron a todo el público con temas de sus dos trabajos, como Born of Jackal, Sinking City o Last of the Templars, toda una declaración de principios. Su música no me resulto tan entretenida como la de Doomdogs, pero gustos aparte, hay que reconocer que fue un gran concierto con mucha energía.

Eran poco más de las once de la noche, y acostumbrados en Madrid a esas horas estar ya fuera de los conciertos, se nos hacía larga la espera para el plato fuerte de la noche. Media hora después, Pentagram entraban al escenario con cuenta gotas, y comenzaban su actuación sin miramientos. El primer tema de la noche fue el clásico Forever my Queen, seguida de Treat me Right, primer corte de la noche perteneciente a su más reciente trabajo, titulado Last Rites. Continuaro con Review your Choices y acto seguido clavaron una Sign of the Wolf magnífica enlazada con Sinister, toda una delicia. Su vocalista Bobby no paró de moverse, animar, y bailar de una manera bastante peculiar, sello personal del cantante. Todo el público estaba entregadísimo, coreando todos y cada uno de los temas, y con la sala a unos tres cuartos de su capacidad, emanaba un atmósfera de fiesta increíble. La noche avanzaba, y con Vampyre Love continuaba la marcha. A continuación retomaron su último trabajo a cargo de Into the Ground, para volver a su material antiguo de la mano de Death Row.

Ya habíamos llegado a la mitad del concierto casi sin darnos cuenta, pero aun quedaba caña para rato, y con All Your Sins continuaban recordando aquel magnífico album titulado Relentless, el cual alternaron con su nueva obra y el tema Call the Man, para después retomar Relentless con la canción homónima. Todo el mundo estaba pletórico, tanto el público como la banda, todos muy concentrados en disfrutar hasta el último minuto y pasarlo bien. Continuaron alternando los dos trabajos mencionados anteriormente, y esta vez era el turno del último con Nothing Left, volviendo después al primero con Dying Wolrd. Una selección de temas exquisita, alternando temas de su primera etapa con otros más recientes, a la que aún le quedaban sorpresas, como fueron las magnificas Wartime y When the Screams Come, dándole el golpe de gracia a una actuación sobresaliente, en la que todo el grupo estuvo muy bien metido en su papel y desempeñando una labor soberbia.

En resumen, fue una gran noche de Doom Metal primigenio, en la que nos transportamos a los inicios de un estilo muy oscuro y pesado. Una noche en la que era difícil no recordar cada poco rato a los grandiosos (y recientemente reunidos) Black Sabbath, y en la que quedó patente que si todos los grupos son de un estilo afín, ayudan a crear esa atmosfera tan especial que hace grandioso en su conjunto a un concierto digno de ser recordado.