El pasado sábado, en la madrileña sala Penelope, se daba cita una de las giras más esperadas del año, que nos acercaba a la capital a toda una horda de suecos, compuesta por Pain of Salvation y Opeth, que llegaban presentando su reciente Heritage. Antes de comentar en detalle las actuaciones de cada banda, me gustaría dejar patente mi descontento y el de TODO el público, debido a la penosa organización de este evento, que si no acabo en tragedia fue de puro milagro. La sala estaba a reventar, y no, no es una expresión, no cabía ni un alfiler y todo el mundo coincidía en que muy posiblemente se habían vendido más entradas de las que permite el aforo de la sala, porque no me parece normal que hasta la salida estuviera completamente colapsada de gente. No me quiero imaginar que hubiera sido aquello en caso de algún problema…se me ponen los pelos de punta solo de pensar en la posibilidad. Hubo desmayos, gente que intentaba largarse de la sala debido al agobio, no se podía ir al baño, y moverte de tu medio metro cuadrado compartido resultaba misión imposible. En definitiva, una sala con unas condiciones que no son las idoneas para celebrar un evento de tal embergadura, y no me creo que les pillara desprevenidos, puesto que el cartel de SOLD OUT llevaba colgado unos cuantos días, como para haber sido un poco previsor y cambiar el evento de sala (si, todos sabemos que Amorphis esa noche tocaba en la Sala Marco Aldany (antigua Heineken), pero en La Riviera no se celebraba ningún evento, y es una sala bastante más apropiada para un espectáculo tan multitudinario). No me voy a extender más con la mala organización, que creo que queda patente (en esta y en cualquier crónica de cualquier web) que fue del todo vergonzoso, tratándonos a los clientes como cerdos en camiones.

Bien, pasemos a lo musical, no sin antes mencionar el otro gran despropósito de la noche que afectó directamente al show de Pain of Salvation. Os pongo en situación: Entradas agotadas, una cola en la calle que daba la vuelta a la manzana, apertura de puertas a las ocho de la tarde y el show de Pain of Salvation comienza a las ocho y cuarto. ¿Resultado? Cuando mucha gente que quería verles consiguió entrar a la sala, Daniel Gildenlow y los suyos ya estaban despidiendo con la última canción. Cuando conseguí entrar en la sala, el concierto ya llevaba tres canciones, Road Salt Theme, Softly She Cries y Ashes. Continuaron con el tema Conditioned, otra más de su reciente Road Salt Two, con el continuaron la noche a cargo de 1979 y To the Shoreline, que sonó magnífica. Acto seguido entraron en la recta final con Linoleum (que sonó magnifica) y No Way. En general fue una actuación notable, enturbiada, aparte de por que empezaron antes de que mucha gente pudiera entrar, por las idas y venidas del público que trataba de encontrar un lugar desde el que poder “disfrutar” los conciertos intentando escapar de las columnas que restaban gran visibilidad desde ciertas zonas. Habrá que esperar a Febrero para disfrutarlos en condiciones decentes, aunque ya sin la presencia de Fredrik Hermansson y Johan Hallgren.

Seguimos con el plato fuerte de la noche, unos Opeth que llegaban generando una gran expectación con su controvertido y gran último trabajo, Heritage, y como afrontarían un concierto prescindiendo por completo de los guturales. Como era de esperar, el recital arrancó con The Devil’s Orchard, tema con el que nos inyectaron una pequeña dosis de caña, que rápidamente se fue difuminando con la tranquila I Feel the Dark, pero la verdad que viendo como estaba aquello de a rebosar, mejor que el setlist fuera tranquilito y no incitara al mosh, que sino, luego la culpa abría sido de “los heavys melenudos, que son unos violentos“. Continuaron con Face of Melinda y Porcelain Heart, dos grandes temas para deleite de los allí presentes que sacaron brevemente del aletargamiento al público, que rapidamente volvió a “hibernar” con la (demasiado) tranquila Nepenthe. Un tema muy interesante, tranquilo y jazzero, pero poco acertada para un directo, incluso de Opeth.

A continuación llego un mini-show acústico en el que Åkerfeldt y Åkesson aparcaron las guitarras eléctricas para empuñar sus acústicas. Esta nueva etapa del concierto (y ecuador del mismo) comenzó a cargo de la desconocida The Throat of Winter (tema presente en la banda sonora del videojuego God of War), que me encantó pese a ser tan tranquililla, y a la que siguió la magistral Credence y la gran Closure, tres delicias de temas seguidos desarrollados de una manera especial. Pero el panorama lucia poco activo, asunto que se encargaron de resolver con un tema algo más animado, como es el tema Slither, homenaje al fallecido Ronnie James Dio, y con el que le dedicaron unas palabras en el momento más emotivo (al menos para mi) de todo el concierto, y que servía de carrerilla retomando material algo más duro, continuando con A Fair Judgement y Hex Omega. Tras estos temas, la diversión casi llegaba a su final, y la banda desapareció del escenario unos momentos, para regresar y dar el golpe de gracia con Folklore.

En lineas generales, una actuación notable de Pain of Salvation bastante centrada en las dos partes de la bicicleta Road Salt, y un show de Opeth con opiniones para todos los gustos, pero muy grande al fin y al cabo, con un setlist distinto pero muy bien ejecutado, que hizo las delicias de los fans más incondicionales de los suecos. Si es cierto que un poco más de caña no hubiera estado mal, pero ya se sabía por las redes sociales y foros varios como sería esta gira y que vendría centrada en material más melódico y tranquilo. Aun así fue una noche que musicalmente rozó la perfección y que en términos organizativos fue un completo desastre y que privó a muchísima gente de disfrutar como se debe un evento tan esperado como este. Los más afortunados pudieron gozar del show en lo alto desde el palco trasero, incluso desde sus escaleras de acceso, rezando por que no hubiera una avalancha humana, que nos hubiera sepultado en el acto, y los menos afortunados desde la lejana puerta de acceso, con una visibilidad reducida del escenario flanqueado por dos imponentes columnas. Mención especial al respecto del detalle de Åkerfeldt cuando se asomó a un lateral del escenario para evitar las columnas y saludar a todo este público que apenas pudo verle durante el concierto. Todos esperamos que las reclamaciones interpuestas a la sala tengan su fruto y que no tengamos que volver a vivir semejantes despropósitos.

Texto: Pablo Clemente