Noctem en Valencia en el Paberse. Una cita insalvable que ya estábamos echando de menos. Teniéndonos acostumbrados como nos tenían hasta hace poco a ofrecer multitud de conciertos en breves espacios de tiempo, la intensificación de su ritmo de trabajo (grabaciones, composiciones, constantes giras por toda España y Europa…) por fin vuelven estos pájaros a su nido, su hogar. El lugar donde sus allegados más incondicionales les esperan con los brazos abiertos, ansiosos de sangre y mucha, mucha tralla.

Con el frío de rigor que nos lleva azotando demasiado tiempo por aquí (incluso siendo invierno se te hiela la vida más que de costumbre) necesitábamos entrar en calor urgentemente con una brutal y salvaje sesión de Death/Black del bueno. Y para ello, Noctem no venían solos: les acompañaban los incontestables Coprolith, grupo de Blackened death traído desde Finlandia por ellos (se notaba que de Cuenca precisamente no eran, rubios con los ojos claros y más grandes que América) y Exodia, grupo de thrash revelación de Valencia (del que ya hablé en su día en mi antigua sección Domingos de Resaca), que abrían el concierto presentando temas de su primer LP Slow Death.

Habiendo entrado todo el mundo en calor y al refugio de una cervecita o siete, dieron por iniciado esta sangría auditiva Exodia. El thrash de esta panda de melenudos (bueno, no todos, pero qué más dará) posee un corte muy moderno, bestial y muy rápido, con unas voces incluso más guturales de lo que se puede esperar de un grupo de este estilo, unos solos demoledores a cargo de Rafa y Pablo Tello (este último también guitarrista de Clockwork), y una base rítmica sólida y más que impresionante, destacando la labor de Pablo V. a la batería, sudando como un cerdo y repartiendo cera para todos, como siempre.

 

 

Tocaron una buena selección de temas de su disco nuevo, así como 2 covers (que clavaron a la perfección) de Raining Blood y King of the Kill, de Slayer y Annihilator, respectivamente, para acabar de poner a tono al público a la locura que estaba por venir: headbanging y moshpits por doquier dejaron el listón muy alto para el resto de la noche. No obstante, su setlist no fue muy dilatado, principalmente porque había poco tiempo para las 3 bandas y todas restaron un poco de longitud a su actuación.

Pasada esta ola de Thrash que dejó una cantidad de damnificados considerable, llegaba la hora de disfrutar con el metal nórdico de los gigantescos Coprolith, banda más que consolidada en su país natal y con un sonido sencillamente destructor. Fue cuando este cuarteto finés empezó a tocar, cuando empecé a echar de menos mis tapones de concierto.

 

 

A pesar de definirse como un grupo de Blackened Death, se notan mucho más sus raíces black: las voces desgarradas, los blast beat interminables y el veloz ritmo de las líneas de guitarra así lo anuncian. No obstante, la abrumadora presencia del bajo desde la primera nota, y los ritmos más pesados que intercalaban daban ese toque death que tan bien les sienta.

Uno de los detalles que más me llamó la atención del grupo fue su conexión con el público. Desde el primer minuto, nos tenían plenamente entregados a su arte. Los vítores, aplausos y gritos resonaron por toda la sala en todo momento. A pesar de que la sorpresa de un grupo de fuera siempre se hace notar, es innegable que tienen muchísimas tablas encima del escenario. Demostraron que a pesar de tener un escenario pequeño, podían dar un gran espectáculo sin mayores armas que su bestial sonido, su forma de sentirlo, y su capacidad para transmitir ese sentimiento al público.

Un setlist extenso, en el cual incluían una cover de Mayhem (la legendaria Freezing Moon, que clavaron al milímetro), fue ideal para dejarnos con fuerzas escasas para afrontar la que se nos venía encima.

 

 

Con gran expectación, gritos, y una barricada de maderas astilladas con alambre de espino y 2 cabezas de cordero entre el público y ellos (literal), salieron al escenario los líderes indiscutibles de la noche. Tras arrancar con la introducción de su nuevo álbum, (y como es usual en ellos, de espaldas al público) Noctem reventaron las tapas de todos nuestros cráneos con Invictus, el single de Oblivion y, a mi juicio personal, uno de sus mejores temas. El moshpit era simplemente inabarcable: resultaba casi imposible evadirse de él, al mínimo despiste te veías envuelto en la locura, y si no salías dolorido habías tenido mucha suerte. Y esto solo era la primera canción.

Tras este inicio monumental, le siguieron The Arrival Of the False Gods, tema de su último vídeo en directo y otra joyita del ya acojonante Oblivion, con un solo de Exo de los mejorcitos del compacto. En ese momento, me preguntaba cómo era posible que el moshpit no se hubiera parado todavía, salvo entre canción y canción.

 

 

Aunque los temas del Oblivion se recibieron con una acogida sin parangón, era en los temas del Divinity, (disco que, quien más y quien menos, nos sabemos todos los que sigamos un poco a estas 5 bestias) donde se notaba realmente la entrega del público y las ganas que tenían de escucharlos de nuevo. Across Heracles Towards, Divinity, Religious Plagues y Under Seas Of Silence (este como bis que todos deseábamos desde el principio) nos reventaron vivos a todos y cada uno. Mi cuello estaba predispuesto a maldecirme a la mañana siguiente, aunque poco a poco se va inmunizando. Y más le vale.

Headbanging desde el segundo cero, espectacularidad sin fin, un sonido perfecto y un Beleth en estado de gracia, cubriendo al público de sangre y casquería en cuanto tenía oportunidad. Al grito de “¡Qué gusto da volver a casa, coño!” y lanzarse al público cubierto de sangre al finalizar el directo, nos dejó claras tanto sus impresiones como las nuestras: Noctem en Valencia en el Paberse. Cita obligada. JAMÁS defraudan. Y consiguen mancharte tanto con su sangre como con su música, quieras o no.

La esperanza del Metal extremo valenciano ha pasado por aquí, y como siempre, no ha dejado títere con cabeza. Y es que por donde pasa Noctem, no vuelve a crecer la hierba.

 

 

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