CRÓNICA ABEL

Aunque el panorama conciertil de Vigo en cuanto a grupos extranjeros está muertísimo desde hace un par de años, hace unos días tuvimos la oportunidad de ver a los maestros rumanos Negură Bunget en la ciudad, cuatro años después de la vez anterior, lo cual, vistas las circunstancias, no está nada mal. Aquel concierto de febrero de 2010 aún está en mi Top 10, fue una maravilla de principio a fin; el año pasado los vi en un festival y no me gustó ni la décima parte; así que esta vez fui a La Fábrica de Chocolate con un poco de escepticismo y otro poco de esperanza.

¡Peeeeeeero empecemos por el principio! Los Negură se traían unos teloneros consigo: Grimegod, grupo con el que comparten varios miembros, así que casi era una gira de tíos que tocan canciones de sus dos grupos. El estilo de Grimegod es un death melódico que, si me lo pusieran a ciegas, apostaría a que es finlandés, porque suena al país de los mil lagos por todas las esquinas, con influencias muy claras del estilo de Amorphis, Swallow The Sun y toda esa gente. Death metal melódico, con poca brutalidad y bastante melancolía pero sin ser necesariamente lento. La música me sorprendió gratamente, porque no tenía ni idea de quiénes eran hasta un par de días antes, y el concierto, que duró solamente media hora, estuvo bien, se oyó bien y eso; sólo se echaba de menos un poco de movimiento sobre el escenario, porque fueron un poco sosetes en ese sentido.

Entre Rumanía y Rumanía, Galicia: los siguientes fueron Mileth, que, ¡por las barbas de Breogán!, cada vez que los veo me gustan más. No sólo tuvieron mejor sonido que las anteriores veces que los vi, sino que además las canciones tienen detalles nuevos que nunca había oído y que no aparecen en las maquetas que grabaron. Su estilo, dentro del amplio abanico del folk metal, viene a ser death melódico, diría yo, con cierta similitud con SuidakrA, por ejemplo, tirando más bien por lo épico y, por suerte, sin tonterías cerveceras. Sólo que ellos tienen una voz limpia femenina con bastante protagonismo en todas las canciones junto a la gutural, montones de instrumentos (son seis o siete miembros, ya perdí la cuenta) incluyendo violín, pandereta, zanfoña, palo de lluvia y esas cosas raras y, lo que es más importante, un enorme factor de folk gallego: desde el «cantar de cego» de la intro (escuchadlo, está en el Youtube), pasando por los ritmos de pandereta tan característicos y las cantadeiras diciendo ai lalelo ai lalá, hasta, por supuesto, la lengua en la que están escritas las letras. Tocaron cinco o seis canciones, 45 minutos, que distribuyeron colocando las más nuevas al principio y las más antiguas al final.

Finalmente, llegó la hora de Negură Bunget. ¿Lo harían tan guay como la primera vez o tan normalucho como la segunda? La verdad es que, aunque no llegaron al nivel de la primera, quedé muy contento. Me reconcilié con ellos, je je. Lo que sucede es que hubo muchísimos cambios en la formación; antes no sólo eran otra gente, sino que también eran más, lo cual daba más juego. Ahora sólo hay lo que hay, y creo que aprovecharon bien lo que tienen. De nuevo bastante paradetes, pero en este caso sí es a lo que se presta la música: de nuevo crearon un ambiente hipnótico, que no invita al headbanging ni a ninguna manera de bailoteo, pero engancha, envuelve, atrapa en su atmósfera folklórico-blackmetalera, hasta que acaba el concierto, sales del trance y empiezas a gritar el “We want more! We want more!”. He de decir que en una de las pocas canciones que conocía bien, Pămînt, las partes de flauta del principio fueron un tanto deficientes. La flauta de Pan no se le da demasiado bien al pobre hombre. Por suerte, los demás instrumentos de viento los tocó mejor, incluyendo una trompeta, que cuando la vi pensé “oh no horror por qué” pero luego resultó quedar bastante guay y nada estridente. Tocaron alguna que otra canción nueva de su futuro disco, y el bis fue el primer tema de su primer álbum: Blăznit.

En resumen, buena noche, buenos conciertos y muy buena música. A ver cuánto tenemos que esperar ahora para la próxima.

 

REPORTAJE ABEL