CRONICA LEO

Hay artistas y formaciones que por alguna razón se convierten en insignias de nuestras vidas…más allá de su trascendencia, procedencia, género o afinidad con el resto de nuestra biblioteca. En este sentido, los Ramones siempre han sido la una de mis mayores influencias tanto en el plano musical como personal: y efectivamente, son la oveja negra de mi rebaño extremo. Un grupo que en innumerables ocasiones me señalaron como repleto de carencias, cuyo disfrute responde a una cuestión muy simple: o te generan una pasión desmedida, o no lo vas a entender en la vida.

No es tan simple como llevarlos en una camiseta, tatuártelos en el pecho o clamar a los cuatro vientos “Gabba Gabba Hey”. Se trata de sentir cómo ese “1, 2, 3, 4” te retuerce hasta la médula, de rememorar tus momentos más cómicos y trágicos con un par acordes mientras tiras por los suelos las cogorzas, el amor, el tiempo y las penas. En pocas palabras, demostrarte a tí mismo que todo puede ser más simple. Y bien por aquél que quiera hacerlos pasar por el aro de la estupidez o tratarlos como un mero reclamo comercial…pasarán los años, y nadie evocará como ellos la sensación de estar vivo.

El último superviviente llegaba una vez más a Valencia (obviemos su reciente visita como DJ), el segundo asalto en mi caso tras aquél Ramones 30th Anniversary Tour celebrado en la extinta Heineken junto a los Queers. Una noche irrepetible de la que sin duda rescato la actuación de Sebas, vocalista de los argentinos Expulsados, quién supo meterse al público en el bolsillo como quiso. Un par de años más tarde nos llegaba la noticia de la creación de Marky Ramone’s Blitzkrieg, un proyecto más estable con el que abandonaba su etapa “& Friends” e incorporaba al carismático Michael Graves en las voces teniendo como resultado la grabación de dos Singles.

Al parecer las cosas se torcieron, y algún desafortunado desacuerdo les obligó a buscar un vocalista sustituto para la gira. Cabe decir que Andrew W.K. a pesar de ser todo un fichaje por su condición de músico y productor, se antojaba demasiado “frontman” para un tour homenaje…en otras palabras: si estábamos ahí por los Ramones, la gran mayoría queríamos que se respete al 100% la figura de Joey. La promesa inicial fue un setlist de más de 30 temas de los neoyorkinos, y por fin llegaba el momento de comprobar cuántas balas les quedaban en la recámara.

 

Alrededor de las 8 y media logré llegar a la Rock City tras un buen pateo de autobuses y metros desde el curro, e intentando no atragantarme con un bocata de tortilla pude ver a los primeros valientes que ya coreaban sus temas (birra en mano) en la terraza del bar. Vosotros no queréis escuchar más acerca de la poca afluencia a los conciertos, y tampoco creo que tenga sentido entrar en ello…así que vamos a dejarlo en tablas: no éramos demasiados, pero se respiraba un ambiente cojonudo que desde luego prometía una gran noche. Velada que desde luego fue posible gracias al trabajo de Félix y Estefanía de Pentagram Productions: a quienes como siempre agradezco su teimpo y cariño.

Lo cierto es que había poco chaquetero y mucho conocimiento de causa, la síntesis perfecta de un público entregado que sabía muy bien para qué estaba allí. Es más, a muchos no les importó dejarse la camiseta en casa…pulmones, coros, codazos y algún que otro vaso volando por los aires fueron los denominadores comunes de una las mejores crew que nuestra ciudad tuvo la suerte de aglutinar. Y aprovecho este parón para invitar a todos los amantes del género extremo a tomar ejemplo: nada de dejar un metro de separación con el escenario y poner mala cara cuando te llega un empujón, aquí los gotarrones de sudor corrieron hasta en la última fila y firmo donde sea por ver algo así en cada bolo al que asista a partir de ahora.

Adentrándonos en el concierto, el setlist no podía empezar mejor que con un guiño a su It’s Alive del ’75 mediante Rockaway Beach y Teenage Lobotomy. Siendo sincero me costó horrores centrarme en mi faena, y fue comprensible que algunos me mirasen extrañados mientras berreaba con la cámara en alto desde el margen derecho del escenario. Afortunadamente en torno al quinto o sexto tema pude mandar todo a paseo…no veía la hora de meterme en el pogo, sufriendo como un condenado cada vez que pasaba por delante. Sobre el escenario me llamó bastante la atención lo bien que se estaba desenvolviendo Andrew, cuenta con un registro súmamente versátil que al margen de mis espectativas iniciales le permitió introducirse de lleno en las versiones originales. No sólo supo mantenerse en su sitio: fue auténtico y fiel a su estilo, ofreciendo algunos guiños que por momentos me recordaron lo mejor de un Joey que lamentablemente retengo gracias a viejas filmaciones y alguna entrevista en televisión.

La segunda gran figura se hallaba en la zona izquierda, y presentaba un parecido escandaloso con la figura encorbada de Jhonny. Evidentemente no se trata de ver quién imitaba mejor a sus predecesores, pero me inquietó la forma en la que Marcelo arqueaba la espalda al empezar los temas…aunque lo más increíble era el movimiento de su diestra. Pocos guitarristas consiguen transmitir ese nivel de energía, y la contundencia de ese punteo resultó ser un tema de cuna. Al igual que un servidor, el señor Crazy Joe tiene sangre argentina en las venas y como bien sabréis para muchos albicelestes el hecho de escuchar, tocar y bailar a los Ramones es tan natural como respirar.

 

Fue genial encontrarse con temas como Do You Wanna Dance que a mi parecer fue uno de los mejor interpretados por Andrew W.K, haciendo una vez más tributo a su primer directo con el cuarteto de I Don’t Care, Sheena Is A Punk Rocker, el insuperable Havana Affair y Commando. Todos ellos con innumerables recuerdos asociados, muchos de los cuales pasaron como balas dado el vertiginoso desarrollo del concierto: estaban consiguiendo cubrir 15 temas en menos de media hora, quedando el primer tercio coronado por Now I Wanna Sniff Some Glue que como era de esperar fue coreado por todo el recinto.

Una vez puesto a buen recaudo todo el material fotográfico pude recibir uno de mis temas favoritos en medio del círculo, mientras la batería de Marky hacía vibrar la paredes de la sala con ese inconfundible “tupa-tupa-tupa-tupa“. Rock N’ Roll Higschool nos estalló en las narices, dedicándole momentos más tarde un espacio a Road to Ruin: álbum con el que comenzó su historia en la formación tras la salida de Tommy en 1978.  Una de las grandes alegrías que me llevé a lo largo de la segunda mitad fue la cantidad de temas que repasaron de su discografía tardía, que en su día tuve la suerte de descubrir a través de su magnífico Loco Live grabado en la ciudad condal.

El hecho de escuchar I Believe In Miracles y muy en particular The KKK Took My Baby Away me sacudió por dentro, y tirándonos de las camisetas los exaltados de primera fila nos gritamos una y otra vez sus letras cara a cara. Como colofón los inseparables I Don’t Wanna Walk Around With You y Pinhead nos pusieron a todos a patear el suelo. Sí podría reprocharnos a los asistentes la carencia de la clásica pancarta de “Gabba Gabba Hey”…pero en fin, bastante nos costaba ya respirar como para además sacar un cartel y sostenerlo en alto.

 

Una vez hecho el primer descanso, fueron nuevamente las baquetas de Ramone las encargadas de abrir la caja de los recuerdos con la nostágica Rock N’ Roll Radio, dando paso a una combinación algo irregular que finalizó en un baño de ostias. I Don’t Want To Grow Up despertó mucha simpatía entre el público mientras todos recordábamos su genial videoclip de estética cómic, seguido por Cretin Hop y la primera cover que desde luego fue la gran alegría de la noche. Si hay algo más increíble que ver a Marky Ramone en un escenario, es verle homenajearse a sí mismo a través de la obra de Kilmister. La rabia de Motörhead se nos introdujo en las venas y R.A.M.O.N.E.S. aplastó al público mientras aparecían nuevos integrantes en el gallinero.

Llegados a este punto agradecí que se reservaran I Can’t Make It On Time para la segunda vuelta, no miento si os digo que me costó 10 minutos recobrar el aliento. Una de mis anécdotas de la noche es que, totalmente absorto en el desarrollo del concierto, intenté gritarle a Andrew varias veces que tocaran mi tema favorito…y aún habiendo ojeado el setlist no me había enterado que lo habían reservado para el final. Jamás pensé que Bonzo Goes To Bitberg fuese santo de la devoción de nadie…es más, tenía la sensación de que difícilmente llegaría a verlo ejecutado encima de las tablas. Pero llegó, y con él la piel se me puso de gallina mientras la Rock City coreaba el estribillo evocando al difunto Dee Dee.

Igual de emotivo fue el homenaje a Joey a través de su versión de Louis Armstrong, What A Wonderful World tomado de su primer disco en solitario.  Echáis en falta un tema en la lista, ¿verdad? Blitzkrieg Bop fue recibida entre alaridos, y mi maltratada camiseta (adquirida de manera ilícita en una tienda de cuyo nombre no quiero acordarme) voló por los aires mientras el público valenciano despedía a Marky a través de una ovación interminable. Una presentación magistral encapsulada en poco más de una hora que les bastó para repasar 35 temas con un ritmo que a más de uno nos dejaría rendidos en el suelo. Ramone dejó muy claro no estaba allí por una cuestión meramente monetaria, y os voy a ser sincero: si puede seguir dejándose así la piel a los 57 años, que venda toda la salsa de pasta y sesiones de DJ que le salga de los cojones…yo voy a seguir viéndole mientras aún pueda sostener las baquetas.

REPORTAJE LEO

[nggallery id=41]