Los valencianos siempre decimos que somos cuatro gatos…y por ello valoramos más que nadie el hecho de ver tantas caras conocidas en torno a un bolo de la Pentagram. La realidad es que el pasado sábado 22 de septiembre pudimos constatar que por estos lares hay público para el Metal Extremo, aunque aún queda un buen trecho hasta conseguir una respuesta mayoritaria en torno al mismo.La realidad es que a todos nos quedó un excelente sabor de boca: la Rock City estaba colmada, y la curiosa normativa en la que no se permitía salir a la calle hasta después acabados todos los conciertos quedó en parte matizada por la calidad del magnífico sonido que tan bien caracteriza sus conciertos.

En torno a las 19:00 el ya mítico bar de polígono de Almàssera comenzaba a vaciarse, y los primeros valientes de la noche se agolpaban en la sala para ver a los valencianos Domains, que ya estaban sonando mientras nos acercábamos a los laterales del escenario. Una formación activa desde 2005 (que tan sólo recoge la Demo llamada Towards Pleroma), caracterizada por un sonido crudo y una puesta en escena tan simple y auténtica como el propio género que les acoge.

Sin florituras dejaron caer temas como el homónimo Towards Pleroma o Domains, liderados por su bajista y vocalista  David “Aggressor” que sin duda se mostró como el miembro más enérgico del trío. La solidez de su registro gutural se correspondió a la perfección con el trabajo de Sergio (Profundis Tenebrarum) en la batería y Francisco en la guitarra, ofreciéndonos el primer síntoma de lo que sería una noche de pura carnicería en los mástiles. El segundo tema de su Demo titulado Mastery fue la herramienta perfecta para encaminar el final de una presentación que por momentos careció de dinamismo pero que al fin y al cabo nos vino al pelo para ir abriendo el buche…

Con un margen que a algunos se nos antojó bastante corto, Soul Sacrifice saltaron al escenario para darnos la primera gran sorpresa de la noche. Un error imperdonable por parte de un servidor el hecho de no tener noción previa de su existencia…y es que los turcos repartieron leña como les dió la gana encima de las tablas. Damos por hecho que la referencia más inmediata para la mayoría será el videoclip de Comatose, el cual incluso se antojará demasiado Melódico para los más exigentes de la casa. Sin embargo hemos de hacer justicia a la brutalidad de sus 30 minutos de concierto…y es que resultaba imposible que pasaran desapercibidos.

Uno de los grandes puntos a favor de la formación es el porte de su bajista y cantante Özgür Özkan, situado en el centro del escenario como una enorme mole de ácidos guturales y dotado de un cuello inquebrantable que no cesó de agitarse ni un solo segundo. Tampoco se queda atrás la figura de Maksim Kırıkoğlu, con un incesante movimiento en el flanco izquierdo y un sonido impecable que nos permitió disfrutar al máximo de los temas de su última entrega titulada Carpe Mortem (sin olvidar el buen manejo por parte de Feyzi Ocak de la guitarra solista). Así caía el el primer gran golpe de la noche: algo que no sólo despertó la sed de sangre, sino que también sentó precedente en todos aquellos que disfrutamos de su impecable presentación en vivo.

Tras la pertinente salida para echar un piti (o una de las tantas como es el caso de un servidor), el interior de la Rock City se mostraba mucho más colorido con la inminente salida de Forsaken World al escenario. Los franceses presentan una propuesta atractiva mediante la aglomeración del Death Melódico con algunos breakdowns al más puro estilo Hardcore, una alternativa respetable que consiguió activar a la gran mayoría de los presentes. Al igual que en su álbum debut As Time Reflects Our End, la formación inició la contienda de la mano de 010010110 seguido por el segundo corte Near Future.

Tras un breve parón dieron rienda suelta al tema que da nombre a la banda, con un buen porcentaje de las miradas centradas en su carismático bajista C.C. Sin embargo los más cercanos a la banda pudieron disfrutar de la imponente voz de Dyp gritando al borde del escenario, acompañado por su mano derecha y compositor Flyshredd. Los ensortijados riffs de guitarra descubrieron tras de sí una excelente labor compositiva más allá de las convenciones del género; todo ello asociado a una ejecución cristalina que nos permitió morder el suelo cada cabezazo. Temas como el conocido My Shelter, Parallel Universes o el propio As Time Reflects Our End aportaron la dósis necesaria de dinamismo que la sala necesitaba para afrontar la bestialidad que estaba a punto de desatarse.

Como era de esperar, una vez que Forsaken World salieron del escenario ‘la vieja armada’ empezó a hacer su desfile hasta la zona más próxima al escenario. Por fin resonaba el mítico grito de “Nos gusta la mierda!“, que funcionó como cuerno de guerra para aquellos que solemos dedicarnos a hacer montañas humanas, circle pits, walls of death y demás gorrinadas insalubres…vamos, lo que vienen a ser los cabras. Cámara en mano pude presenciar la salida de Immolation ante una sala que al parecer no se había enterado que a las 22:00 harían su aparición los referentes absolutos del Death Metal…

Poco o nada puedo aportar acerca de una formación que ya machacaba suelos cuando yo siquiera había nacido…lejos de ser una simple ‘leyenda’ ,los neoyorkinos llevan tatuada en la piel la clave para pervivir en un entorno cambiante sin perder un ápice de genialidad. En una entrevista reciente Alex Webster comentaba: “Las bandas que no paran de girar son las únicas que gozan de una conexión personal con sus seguidores y por supuesto los que menos sufren el paso del tiempo“. Qué mejor descripción (y que mejor referente) para entender cómo estábamos viendo a Immolation con la misma intensidad que hace 20 años.

La horrorosa descarga no podría haber empezado mejor: Close To A World Below abrió el concierto en representación del grandioso disco con el mismo nombre lanzado en el 2000, nuevamente encarnado a través de Father, You’re Not a Father en la cuesta final de su presentación en vivo. El escenario quedaba ennegrecido por la abominación de Dolan, que proporcionó uno de los castigos al bajo más memorables que haya visto encima de los andamios. La pesadez del sonido de la formación se contrasta a la perfección con la enferma movilidad de sus integrantes, personificada sobre todo en la silueta de Robert “Bob” Vigna destrozándose la columna con cada gemido de su guitarra.

Ya sin impedimentos físicos me sumé al público en la tanda abierta por Majesty And Decay, con el círculo central al rojo vivo y constantemente retroalimentado por despropósitos como What They Bring de su último EP o Into Everlasting Fire (que de no ser por las hostias que estaban cayendo diría que sonó jodidamente brutal). A Glorious Epoch abrió un corto paréntesis para que Ross expresara su agradecimiento mientras la manada salvaje de las primeras filas seguía pidiendo guerra. Dándonos ya por perdidos, Bill Taylor dejó sonar los primeros acordes de Under the Supreme y laRock City volvió a estallar en una hecatombe mientras la presión en la nuca empezaba a hacerse insoportable.

La increíble carga de la percusión en Unholy Cult nos ofreció algunos de los mejores momentos de su batería Steve Shalaty, nuevamente glorificado con Dawn of Possession que dio cierre a un concierto magnífico desde la distancia y demoledor en las cercanías. Tanto fue así, que una vez fuera de la sala nos costaba mantenernos en pie para encender el cigarrillo…momento entrañable en el cuál empiezas a ser consciente de la cantidad de golpes y magulladuras que tienes repartidos por todo el cuerpo.

De vuelta al frente, la espera quedó amenizada por unos imitadores cojonudos de Nattramn que en primera fila nos incitaban a ponernos manitas de cerdo. De fondo ya sonaba el oscuro canto de los monjes, interrumpido alternativamente por unas pruebas de sonido en las que cada vez se subían más y más el sonido los pedales…para cuando acabaron bastaba una patada de Lars Broddesson para dejar el recinto reducido a escombros. En medio de una densa cortina de humo Marduk salían a escena liderados por Evil que automáticamente dio paso a Serpent Sermon, tema que da título a su última entrega de larga duración.

Realizando una progresión inversa en su discografía, Wormwood se manifestó a través de la insufrible Nowhere, No-One, Nothing para más tarde dar paso a The Levelling Dust. Ya conscientes del recorrido que estaban realizando, el público murmuraba ansioso el avance de un concierto que acabaría resaltando las joyas de su génesis. Mientras el círculo central seguía escupiendo miembros mutiladosm un marcado salto en el tiempo nos llevaba directamente a 1996 con The Black Tormentor of Satan: tema que constató la enorme superioridad de Mortuus en las voces tras un inicio de concierto que ya de por sí resultaba insuperable.

Retomaron la calma refugiándose en su último trabajo con Temple of Decay, nuevamente recubiertos por una densa tormenta de humo (que hacía cada vez más risorio mi reportaje fotográfico, basado en una curiosa colección de nubes de polvo con siluetas dubujadas de fondo). El momento clave para muchos fue la llega del Plague Angel a través de Throne of Rats…un tema que como pocos materializa el intenso dolor que sólo Marduk puede proferir desde el filo de un escenario. Impresionados con la profundidad del sonido que Evil era capaz de conseguir con una sola guitarra, Baptism By Fire fue una segunda constatación de que estábamos ante una formación que no en vano ha sido proclamada estandarte del Black Escandinavo.

Una vez acabado su merecido descanso de 5 minutos los verdugos volvían a tomar el escenario con la polémica Panzer Division, con la que aseguraban ‘continuar la ceremonia’. Por fin alcanzábamos la cúspide con Souls For Belial, autoproclamada como un nuevo himno de los suecos y tomada de su última entrega. Un tema que contribuyó a afianzar la conexión de Mortuus con el público, tratándose de una escena poco frecuente si atendemos a la austeridad que caracteriza al género. Lo cierto es que Marduk supo ganarse al público haciendo gala de una sobriedad apabullante, hecho sumamente contrastado con la mitificación y el fanatismo en torno a la visita de Gorgoroth a Valencia el pasado año.

Al margen de las apreciaciones personales, fue una noche sumamente positiva para todos aquellos que vivimos con la incertidumbre acerca de la pervivencia del Metal Extremo en nuestra zona. Veladas como esta son clave para comprender que no todo está perdido…y quién mejor para atestiguar las victorisa que Estefania y Félix, a los cuáles volvemos a agradecer de corazón semejante holocausto de almas a la vuelta de la esquina…

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