La lluviosa tarde del 30 de abril nos iba a traer un interesante fin de puente con la visita a la capital de uno de los grupos más originales y atrevidos de la escena alemana, Die Apokalyptischen Reiter. El concierto finalmente tendría en lugar en Ritmo y Compás, tras un cambio de sala, ya que inicialmente era la sala Heineken la que iba a acoger el evento. Sin ánimo de divagar, creo que podemos hablar de un síntoma claro de la crisis plasmado en los conciertos, ya que en Madrid algo está cambiando, y grupos que llenaban salas más grandes están viéndose relegados a Ritmo y Compás, la falta de líquido nos afecta a todos, y muchos grupos medianos están sufriendo un descenso de aforo bastante considerable.

La velada comenzó a las 19.45, con el quinteto danés Malrun, unos jóvenes músicos que nos ofrecían un metalcore con fuertes influencias heavy, muy al estilo de los grupos que triunfan últimamente entre la juventud europea. El set list se basó casi exclusivamente en su último trabajo The Empty Frame, editado este mismo año. Y así comenzaron con Face of Unknown, el primer corte del disco, y aquí mostraron sus cartas, una música machacona pero con una fuerte carga melódica por parte del combo guitarrero compuesto por Mads Olsen y Patrick Nybrog; y de Jacob Lodner, cantante y frontman que alterna partes gritadas y cantadas, un tipo muy simpático que no paró en ningún momento de agradecer a las 50 personas escasas que estábamos allí desde el principio.

La machacona Shadowborn continuó el show y en los punteos finales pudimos constatar la calidad de los guitarristas, jovencísimos pero sobrados con su instrumento. The Pledge de su album del 2011, Beauty in Chaos, fué una de mis favoritas de la noche, un tema que a pesar de contar con un desarrollo muy melódico de la voz y con un feeling nostálgico, contiene melodías suecas tipo In Flames muy bien introducidas. El público, en este momento, además de no ser muy numeroso se encontraba un poco dormido, aún así el cantante no perdió la simpatía de la que hizo gala toda la noche y no desfalleció en sus intentos de levantar la moral de la tropa, incitando al público a hacer walls of death y circles pits, incluso bajando del escenario armado con un altavoz en medio de The Iron March.

Un nuevo guiño a su anterior trabajo, vino de la mano de The Jorian Transit,  tema de unos riffs y melodías muy heavys, demostrando que quizás los temas más duros sean los de su primer trabajo y  los mejor aceptados por el público que se dio cita esa noche.  Tras agradecer a todos los presentes el apoyo mostrado y emplazarnos al puesto de merchandising para “poder comprar entradas para los toros” (en fin…sin comentarios, bueno sí: viva España y olé!), cerraron sus 40 minutos de actuación con Yoke of Stone. Una banda, que quizás esa noche no encontró su público, pero que sin duda será del agrado de los seguidores de este tipo de sonidos más modernos, sobre todo debido a la calidad de sus músicos.

Un nuevo quinteto de metalcore saltaba al escenario a las 20.40h, los veteranos Emil Bulls, que iniciaron su andadura discográfica allá por el año 1997. En contraste con los primeros teloneros, tenemos que decir que su música es más brutal y machacona, mucho menos melódica, a pesar de contar con las típicas partes cantadas marcas del estilo, nos ofrecen canciones cortas y acerados riffs al más puro estilo Hatebreed. Por ello el público se entregó con mucha más facilidad a ellos. Venían a presentarnos Oceanic, su noveno disco, editado el año pasado, y a él le dieron un buen repaso, comenzando por Epiphany y Battle Royale. Una vez más, tenemos que hablar del cantante frontman, Christ, que con una puesta en escena muy agresiva y enérgica; y demostrando experiencia y tablas, logró levantar al público, un poco dormido desde la primera actuación.

La brutal Here Comes The Fire, de su celebrado Phoenix del 2009, en el que se basó también gran parte del set list, continuó la descarga, con una poderosa base rítmica compuesta por el batería Fab y el bajista Citnoh, también encargado de aportar su voz perruna a los coros, acentuando así la agresividad del conjunto. Llegaba el turno para dos de sus canciones con más partes cantadas, la fugaz Here Comes The Most Evil de su trabajo The Dark Path, y Ad Infinitum, una nueva mirada al Phoenix, tras las cuales, llegó uno de los momentos más brutales de la noche, con Between the Devil and the Deep Blue Sea, canción donde se alterna un pegadizo y evocador estribillo con unas furiosas guitarras completamente metaleras, consiguiendo un sonido industrial debido a la inclusión de samples en el tramo inicial de la canción.

Entre varias duchas del cantante al público con una botella de agua (total! Veníamos llovidos de fuera) fueron sucediéndose los últimos temas de la noche, Nothing in this World, When God Was Sleeping y finalmente World´s Appart, cerrando una actuación que animó bastante la noche. El que os escribe no es seguidor en absoluto de este tipo de sonidos, pero he de reconocer que me entretuvieron bastante y  que sus 40 minutos dejaron muy buen sabor de boca.

El reloj marcaba las 21.45, cuando un discurso comenzó a inundar la sala, hablaba sobre la bondad del ser humano, sobre la lucha por la libertad…flotando sobre una épica banda sonora, un momento sobrecogedor, y no era para menos se trataba del famoso discurso de Chaplin en El Gran Dictador, sonaba en su versión en castellano, en todo su esplendor, haciéndonos ver que su mensaje es tan real ahora que en 1940, y con él de la mano, nos encaminamos al increíble mundo de Die Apokalyptischen Reiter, un mundo donde todo es posible, donde el espectáculo se encuentra con unas composiciones que no entienden de barreras, donde el metal extremo convive con el rock´n´roll o con el folk, todo ello con el alemán como vehículo de comunicación, demostrando que es uno de los lenguajes más idóneos y bellos para el metal. Así, en medio de una espesa niebla, los jinetes del Apocalipsis tomaron el escenario, y comenzaba la fiesta, el público había alcanzado su cota más alta, aún así no llenaban la sala completamente. La oscura Vom Ender der Welt, fue la elegida para comenzar.

Ya desde el principio estaba claro que el miedo que teníamos algunos de que no pudiesen desarrollar todo su show al tocar en un escenario más pequeño de lo habitual, era completamente infundado. No faltó nada, ahí estaba incluso el columpio del Dr Pest, desde el cual nuestro sado-amigo desempeña su función de teclista, le sirve para balancearse en tiempos muertos, sostiene su toalla para el sudor y ejerce de base a la hora de arrancarse a latigazos con sus compañeros, toda una herramienta multiusos.

Continuaron con Wahnsinn,  y con la brutal Under der Asche, de su All You Need Is Love, tema que recoge su vena más extrema, con toques de Black sinfónico y partes épicas, que sirvió para poner a prueba las cuerdas vocales de Fuchs, el cantante y frontman, una de las grandes bazas de este grupo, un tipo de aspecto singular y carisma estratosférico, que mantuvo continuamente animado al público, pendiente que cuál iba a ser la siguiente sorpresa o cambio de indumentaria. La extraña pero impresionante Riders of the Storm, también sonó atontándonos a todos con su increíble mezcla de folk, metal extremo y alma germana. Revolution fue otro momento redondo, en el que Fuchs ondeó una gran bandera durante todo el tema, arrancando los gritos del respetable y hermanándose con el público madrileño.

El show no paraba, aunque a veces los gritos de Fuchs quedaban un poco saturados por el alto volumen del sonido, no supuso ningún problema, ya que la nitidez fue casi completa en todos los instrumentos, las guitarras de Ady por ejemplo, sonaban atronadoras o perfectamente limpias, según requiriese el tema. Ya habíamos llegado a la mitad del concierto y tras una batucada de Fuchs, inmerso en la niebla, nos llegaba el épico himno Die Boten de su Moral & Wahnsinn, en este momento, el público se encontraba plenamente entregado a la banda, coreando sin parar todas sus canciones, el hecho de pasar a una sala más pequeña, también tiene su parte positiva, y esta es precisamente la cercanía y la comunión que se logra con la banda.  La noche todavía nos depararía momentos impagables de mano del señor Fuchs y sus interpretaciones, apareció encadenado, vestido de espía, o invitando a una chica a navegar en un balsa encima del público mientras sonaba Seeman, uno de sus temas más folkies, vivimos una lluvia de confeti…

Y casi sin darnos cuenta entramos en la recta final del concierto, donde Reitermania supuso uno de los momentos más redondos de la noche, ya que hablamos de uno de sus temas más conocidos y casi un himno, un de las canciones que mejor representa el universo mestizo de la banda, y que sonó en todo su esplendor volándonos la cabeza en la brutísima parte final, que supuso un contrapunto con la tranquilísima Das Paradies, un tema con un inicio casi rapeado, pero cuyo atmósfera atrapa sin remisión. El final de fiesta fue perfecto con el piratesco Roll My Heart, donde todo el público arrancó a bailar como posesos sacando el lobo de mar que llevamos dentro. Increíble final, que arrancó un aplauso totalmente apasionado a la banda, y no era para menos, en sólo hora y cuarto, nos habían transportado a un mundo musical donde todo es posible y no hay límites para la imaginación. Una gran noche la de los alemanes.

Quiero cerrar esta crónica agradeciendo a Irene Martín su labor de fotógrafa por un día, gracias por salvar los muebles ejerciendo de fotógrafa improvisada y por el interés mostrado en sacar las mejores imágenes del bolo. Esta crónica va por ti.

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