CRONICA GASPAR

La noche del 18 de Enero, además de sufrir los primeros efectos de la Ciclogénesis Explosiva en forma de feroces ventiscas y lluvias, teníamos una cita ineludible en la capital, tras más de cuatro años, Lacrimosa volvían a pisar suelo peninsular de la mano de la promotora Hysteria Music Management. El prolongado tiempo sucedido desde la anterior visita había creado una gran expectación, y es que tras su nuevo lanzamiento discográfico en el año que nos acaba de abandonar, Revolution, se habían reforzado las ganas de disfrutar de nueva de los alemanes (aunque bien es cierto que el cerebro de la banda, Tilo Wolff está afincado actualmente en Suiza, por no hablar de las múltiples nacionalidades que se encuentran en los miembros de la banda…).

La banda comenzaría su concierto a las 20.45h, sin teloneros, para ofrecernos unos de los largos conciertos, donde se darían cita tanto los temas de su último trabajo, como los clásicos de siempre que les han aupado a lo más alto del imaginario musical. Todo esto ocurriría en teoría, porque el tiempo iba pasando y no había atisbo ninguno de que el show fuese a comenzar, mucho movimiento de técnicos y músicos por el escenario, que trasteaban con cables y con una batería flanqueada por dos banderas, inquietud patente entre el público que se dio cita agolpándose en la parte baja de la sala y un reloj que iba corriendo, hasta llegar a desesperar al respetable.

 

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Pasado el concierto, la propia organización se puso en contacto con los medios para anunciar que la actuación no pudo comenzar a la hora indicada a causa diversos retrasos en los vuelos de los miembros de la banda, su equipo técnico y la pérdida del equipaje de parte de sus enseres personales y elementos necesarios para el show. Un completo comunicado en el que nos trasladaron su malestar, pidiendo disculpas al público y la prensa asistente…todo un gesto de profesionalidad en los tiempos que corren, lo cuál agradecemos de sobremanera desde The Breathless Sleep. 

Finalmente a las 21.36 h, casi una hora de retraso sobre el horario previsto, la siniestra y dramática melodía de Lacrimosa Theme, irrumpía en el escenario y con ella los músicos que arrancaron con el típico comienzo de la banda, Ich bin der brennende Komet  La voz de Tilo Wolff comenzó a oírse segundos antes de que tomara el escenario, y toda la sala se caía abajo, olvidándonos todos del retraso y la impaciencia. La reconocible melodía del tema era coreada, por una audiencia donde se daban cita representantes del ambiente gótico, del metalero y en general de un sinfín de movimientos musicales, todos unidos por la pasión hacia una banda que ha traspasado cualquier barrera estilística para convertirse una institución propia y de un estilo muy marcado y ecléctico.

 

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Tras el primer envite, recibimos unas palabras de Tilo Wolff, en las que nos explico el por qué del retraso, y es que, uno de los músicos llegó tarde a la sala, debido a una huelga de aviación en Alemania. Ahora todo encajaba, y es que con Lacrimosa hablamos de una banda profesional, con fama de hacer conciertos largos y ofrecer siempre lo mejor a su público, y eso es lo que tuvimos esa noche una lección de profesionalidad y buen hacer, por ello y sin dilatar el poco tiempo disponible, procedió a presentar la depresiva Schakal clásico inevitable de su lejano Inferno. En sólo dos canciones, Tilo se había metido a toda la audiencia en el bolsillo, a partir de su calidez y sencillez, y es que Tilo es un personaje que a parte de su imagen, demasiado sofisticada para algunos, muestra unas increíbles dotes de cercanía su público.

La primera canción de presentación de Revolution llegaría de la voz de Anne Nurmi a través de  If the World Stood Still a Day, un tema con un sabor muy new age, de sonoridades casi celtas, en el que disfrutamos de su sensual interpretación, y es que Anne también sabe llenar un escenario, por mucho que su voz no sea prodigiosa. De nuevo Tilo regresó al escenario para abordar Lichtgestalt, todo himno  apasionado y desgarrado que arrancó la ovación más calurosa de la noche, perteneciente a su disco de mismo nombre, ejecutado de forma magistral por la banda un tanto apretujada en el escenario.

Una banda, dónde abunda la calidad, y que parece destinada a perdurar como formación fija por muchos años. En ella contamos con auténticos veteranos del metal como Henrik Flyman, fundador de la banda sueca de Heavy Metal Evil Masquerade, o Yenz Leonhardt bajista de Stormwarrior e Iron Savior, y como es lógico, todo ello repercute de forma muy positiva en el escenario, aportando un gran protagonismo y lucidez a la faceta más puramente metálica.

 

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El concierto continuó con la dulce Alleine Zu Zweit, clásico inmortal del Elodia, donde asistimos al bello dueto vocal entre Tilo y Nurmi, una canción llena de melancolía  que dio paso a dos nuevos temas del Revolution, el cabaretero Irgendein Arsch Ist Immer Unterwegs y Rote Sinfonie, en esta sinfonía roja, la banda explora unos sonidos más oscuros y pesados de lo que nos tienen habituados y en el que Tilo se enfunda una guitarra y participa en el largo desarrollo instrumental como si de una jam se tratase, y que fue ofrecido al público en su versión reducida, ya que en el disco duro más de 11 minutos.

Se acercaba la parte final del primer tramo del concierto y con ella Alles Lüge, uno de los temas más antiguos del set list, y no en vano, es el primer single que editaron en su historia, allá por el año 1993, perteneciente a su álbum Satura. Esta canción de un sonido muy gótico y bastante alejado de la vertiente más metalera y sinfónica de años posteriores, hizo las delicias del público más Old School. El contrapunto lo puso Revolution, último tema antes de los bises, donde la banda desató toda su furia industrial, ofreciéndonos lo que podría ser la banda sonora perfecta de la revolución interior que necesitamos para sobrevivir a los convulsos tiempos que nos tocan.

 

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La banda abandonó el escenario, pero todavía quedaba tiempo para más. No podían olvidarse de un disco tan querido como Stille, y así tras un preludio de piano comenzaba  Stolzes Herz, otro de los himnos obligatorios en cualquier concierto de Lacrimosa, y que supuso uno de los momentos más álgidos de la noche, con toda la sala entregada a acompañar a Tilo en el viaje. Not Every Pain Hurts, supuso la última interpretación en solitario de Anne escoltada por Tilo a las teclas. Y tras ella, giraron la vista a uno de sus últimos trabajos, Fassade, de la mano de Der Morgen Danach.

Gracias a las negociaciones que los organizadores llevaron a cabo con la formación, el show se prolongó 20 minutos más de lo acordado originalmente, consiguiéndose una actuación completa que no dejaría a nadie con la miel en los labios. Aquello se acababa pero como todo concierto de Lacrimosa, faltaba la guitarrera Copycat, levantando a todo el público y poniendo un broche perfecto, para una velada que desgraciadamente pudo dar más de sí, de hecho, al día siguiente en Barcelona pudieron tocar el set list completo, cuya duración se prolongó más de dos horas y con cinco canciones más.

No obstante, la problemática sufrida el viernes derivó de avatares de la vida que se escapan al control de la banda, y que no empañaron la profesionalidad y buen hacer de los chicos de Lacrimosa, que a pesar de ofrecernos un concierto más corto de lo esperado, dieron la cara y nos ofrecieron más de hora y media de buena música.

 

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REPORTAJE AEM

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