CRONICA GOLDEN DRAGON

A finales del pasado mes, tuvimos el gran placer de poder asistir al Hellfest, uno de los mayores festivales de metal que asolan Europa durante el verano, y que, año tras año, hace meritos por posicionarse como el mejor festival del género. Carteles impresionantes, una imagen cuidada hasta el más mínimo detalle…Aunque no todo siempre puede ser perfecto.

Como puntos fuertes, este año contaban, como no, con un line up de lujo, el festival con mayor número de leyendas vivas, como ellos mismos se publicitaron, y razón no les falta, ya que contaban con Black Sabbath, Deep Purple, Soundgarden, Emperor, Iron Maiden, Rob Zombie, y un largo etcétera de pesos pesados pioneros de sus géneros.

Por otro lado, y siendo dos puntos que hicieron deslucir bastante el festival, encontramos los lados negativos que fueron, sobre todo, el insufrible calor, que pegaba cosa fina desde bien prontito, y el polvo, consecuencia directa del calor, que provocó que toda la zona estuviera muy seca desde algún tiempo antes del festival.

Contra el calor, la organización poco puede hacer, la climatología es la que es y no hay vuelta de hoja. Si es cierto que se pueden desplegar una serie de medidas que ayuden a paliar o, al menos, hacer más llevadera esta situación, como hubiera sido acondicionar más zonas de sombra, colocar más grifos de agua y refrescar de algún modo a los visitantes (mangueras, que hicieron acto de presencia a partir del segundo día, y solo por la parte delantera de los dos escenarios principales). Y en cuanto al polvo, tres cuartos de lo mismo. Debe ser tarea compleja cubrir una explanada tan grande con lonas o similar, pero quiza con trozos de madera o paja, hubiera ayudado a disminuir drásticamente la cantidad de tierra en suspensión que tragábamos.

En cuanto a las zonas del festival, continuaron este año con una distribución similar a la de los dos últimos años, con la zona de acampada a escasos 10 minutos de la de conciertos, eso si, con un acceso que levantó más de una queja. Este año optaron por colocar una escalera de unos 10 o 15 metros que pasaba por encima de la carreterilla que separa ambas zonas (suponemos que por temas de logística, para facilitar el tráfico de vehículos del festival por ese camino). A priori no parece suponer un gran problema, pero mucha gente que iba llegando a la acampada con carros cargados con todos su bártulos, veían como lo tenía complicado ahora para pasar. Incluso para los minusválidos es una putada, aunque no se si éstos contaban con algún acceso alternativo a dicha zona (que además, no solo tenia el camping, sino el metal market, metal corner, y muchos puestos de comida, uno de bebida y las escasísimas duchas, que no se porque se empeñan año tras año en no ampliar…apenas 20 duchas individuales para más de 50000 personas…no tiene ningún tipo de lógica). Sea como sea, esta escalera nos dejaba una estampa curiosa, repleta de heavys subiendo y bajando durante todo el día.

Junto a esta escalera, este año han habilitado lo que llaman “Hellfest Square”, que se trata de una plaza central, con una gran escultura de una calavera en el centro, con algunos edificios desmontables y decorados, al más puro estilo Camden Town, y una gran zona cubierta repleta de puestos en su interior, con todo tipo de merchandise, discos e incluso instrumentos. La verdad es que esta zona era una chulada y le daba un punto distinto al festival, te daba la sensación de estar en un auténtico pueblo heavy.

Y por último, la zona de conciertos, con su ya clásico acceso con forma de catedral dándonos la bienvenida. Como decía, la distribución era prácticamente la misma, salvo por los puestos de comida, que este año los colocaron a la izquierda nada más entrar y, donde estaban el año pasado, habían aprovechado ese espacio para montar una noria. Si, lees bien, una puta noria enorme desde la que poder ver todo el festival a vista de pájaro, toda una experiencia al módico precio de 5€ el viaje.

Pero vayamos a la que de verdad importa, lo que nos hace comernos insufribles horas de viaje atravesando el continente para poder disfrutar durante apenas 72 horas de un ambiente donde desconectar de la rutina, pasarlo bien y cansarnos con mucho gusto: Los conciertos.

La verdad es que pese al gran número de bandas que asistieron y que queríamos ver (al final vimos la mitad, como siempre ocurre), apenas tuvimos coincidencias y agobios de ir corriendo de un escenario a otro, asi que por esa parte, tuvimos un festi un poco más tranquilo (y menos mal, porque con el calor hubiera sido como para pegarse un tiro).

Comenzamos relajadamente, a eso de las dos de la tarde con Toxic Holocaust (lo sentimos por Angelus Apatrida, pero tocaban demasiado pronto), quienes nos darían la primera descarga del fin de semana, con una energía tremenda y liándola bastante en el segundo escenario principal. En apenas 45 minutos, les dio tiempo de zarandearnos, partirnos el cuello y bombardearnos como ellos saben hacer, a ritmo de Metal Attack y In the Name of Science, para comenzar. Toda una declaración de intenciones con la que no dieron tregua ni un segundo. Durante el minutaje del que disponían, se fueron sucediendo temas como I am Disease, 666, Wargame o Agony of The Damned entre otras. Es impresionante la cera que reparte Joel Grind sobre un escenario, perfectamente escoltado por Philthy Gnaast al bajo y Nikki Rage a las baquetas. Tuvieron un sonido demoledor, aunque al principio sonaba un poco embarullado, pero a medida que iban pasando los temas, el sonido se fue corrigiendo, hasta terminar de rematarnos con The Lord of The Wasteland, Bitch y Nuke The Cross, como una auténtica apisonadora.

Tras recuperar un poco el aliento, tocaba una nueva ración de ultraviolencia a cargo de Destroyer 666, esta vez en el escenario The Temple. Los australianos no se anduvieron con tonterías, y fueron directos a la yugular, con un set list que supuraba potencia y rabia a partes iguales. Comenzaron con Raise of the Predator y Raped, con las que el público se entregó desde el primer momento, pues no había tiempo que perder, apenas disponían de 50 minutos y tenían que hacerlo rápido. Black City, Black Fire y Satanic Speed Metal fueron las encargadas de cerrar un concierto muy entretenido, en el que el sonido rozó casi la perfección, sonando un poco embarullado en algunos momentos puntuales, pero nada alarmante que hiciera deslucir el show.

Tras un merecido descanso, tocaba acercarse al escenario The Valley, para ir ocupando posiciones en una de las actuaciones a las que más ganas le tenía del festival, los alemanes Kadavar. Con sólo un par de discos en el mercado, han ido ganando popularidad a pasos agigantados en los últimos dos años, gracias a su personal visión del rock setentero directo y sin florituras, con un regusto añejo pero sin sacrificar frescura. Con semejante propuesta, ya solo restaba comprobar si sabrían defenderla sobre las tablas, y vaya si lo hicieron. Arrancaron con Liquid Dream y Living in your Head, imprimiendo un carácter y actitud muy marcados en la interpretación, un toque personal y una garra que les posicionaban como muy auténticos sin ningún tipo de duda. Doomsday Machine fue la siguiente en caer, y con todo el público entregado, cantando y saltando, fueron enlazando tema tras tema con Black Sun y Eye of the Storm. Tras un inicio bastante potente, su bajista parece que se desinfló un poquillo, perdiendo parte de la energía y volviendose un poco más estático, aunque si es cierto que prácticamente todo el protagonismo recaía en su frontman y cantante, Lupus Lindemann, y en el batería, Tiger, que no paró de tocar de un modo frenético en todo el concierto. All Our Thoughts y Come Back Life nos encaminaban hacia la recta final, poniendo punto final, con Godess Dawn y Creature of the Demon, a una actuación muy buena y que sorprendió para bien. Gran futuro les espera, si consiguen mantener este nivel y llevándolo a niveles superiores.

Tras esta gran actuación, tocaba turno el turno de otro de los pesos pesados a quien tenía ganas de ver, Rob Zombie, y que tras apenas tres temas, deje de prestarle atención por lo malo que me pareció. Comenzó muy fuerte con Dragula, en lo que parecía toda una declaración de intenciones, con un John 5 a la guitarra, que fue lo mejor del concierto. Tras poco más de la mitad del tema, se notaba a Rob Zombie que le costaba llegar cantando, parecia un tanto afónico, cosa que deslució por completo uno de los grupos que mas ganas tenía de ver. Otra vez será.

Con la noche a punto de caer, era momento para encaminarse al Temple para sumergirnos en la oscuridad a manos de los suecos Watain. Líderes indiscutibles del Black Metal surgido en los últimos años, con una puesta en escena y una imagen perfectamente cuidadas y en plena armonía con su tenebrosa y agónica actuación. Flanqueados por un par de tridentes en llamas, y salpicados de sangre por completo, dieron un gran concierto en el que no faltaron grandes temas como Black Flames March, Malfeitor o Reaping Death. Mención especial para su sonido, que fue perfecto, aspecto que se nota les gusta cuidar al máximo y no dejarlo en manos del azar, ya que llevaban su propio equipo de técnicos para que todo se llevara a cabo como tienen marcado a fuego. Stellarvore y Holocaust Dawn cerraron su participación en el festival, dejando claro porque han llegado tan lejos.

Y para terminar el primer día de manera más que satisfactoria, tocaba ver a uno de los grandes atractivos del cartel, la reunión/tributo de Death, también denominado Death DTA. Seguramente, gran parte de los allí presentes, estabámos con la duda de si Max Phelps, el elegido para “sustituir” al gran Chuck Schuldiner, daría la talla, nos recordaría a él, o si por el contrario, llevaria todo el legado a su propio terreno mostrándonos algo completamente alejado de lo que todos queríamos ver. Tales incignitas se despejaron en apenas unos minutos, Flattening Emotions, Leprosy y Left to Die fueron una gran muestra de que si bien Chuck no estaba con nosotros en cuerpo, si lo estaba en espíritu, puesto que la presencia y pericia de Max no desmerecían para nada al fallecido líder del grupo. Con el escenario a reventar de público (punto que sorprendió gratamente, puesto que coincidían tocando con Slayer), fueron cayendo grandes temas como Suicide Machine, Spiritual Healing y Within the Mind, con un Paul Masvidal completamente entregado y dándolo todo. Con Crystal Mountain y Spirit Crusher rebasabn el ecuador del concierto, agradeciendo al público su presencia y apoyo a la causa (recordar que gran parte de los beneficios de la gira van destinados a la fundación de Chuck Schuldiner de investigación contra el cancer). Cerraron con Symbolic, Baptized in Blood y Pull the Plug, contando con la presencia de otro ex-miembro sobre el escenario, ocupando durante un par de temas la posición de Paul Masvidal.

En lineas generales, la actuación de Death To All, fue una inmejorable forma de ver algo que muchos nos quedamos con ganas de ver más de diez año atrás, un concierto muy a la altura de la leyenda en que se ha convertido la banda y que, salvo un par de fallos en la guitarra en los últimos temas, fue prácticamente impecable.

 

REPORTAJE GOLDEN DRAGON