CRÓNICA MANUEL

Al fin llegó la altamente esperada tercera edición del festival más grande de Latinoamérica. Después de largos meses de reto a la paciencia para miles de metaleros tanto tapatíos como de muchas otros lugares de esta parte del mundo, al fin se presentó el tan ansiado fin de semana en el que se presentaría un cartel auténticamente de ensueño, de esos que le causan envidia a cualquiera que no tenga alguno de los festivales europeos cerca.

De entrada debo decir que la gente del Hell and Heaven se lució con las bandas de este año, decenas de nombres grandes de casi todos los estilos del metal fueron confirmados para la presente edición, había algo para cualquier tipo de metalero, contando con la presencia de Dokken, Ill Niño, Cattle Decapitation, Vital Remains, Epica, Exodus, Heathen, Testament, Anthrax, Motörhead, Sodom, Warbringer, Here Comes The Kraken, In Flames, Origin, y un largo, larguísimo etcétera. Esta es la mayor virtud del festival, y es lo que hace que, pase lo que pase, el público caiga irremediablemente en la tentación que representa la posibilidad de ver tanta grandeza conjugada en un solo lugar.

Otro aspecto muy infravalorado, pero que a mi gusto hay que aplaudirle bastante al evento, es su apoyo a la escena nacional, colocando bandas mexicanas, desde las más populares (Transmetal, Here Comes the Kraken, Arcadia Libre, Thell Barrio), pasando por las de popularidad creciente (Cemican, Rain Shatter, Muluc Pax) hasta lo más underground. Esto es algo que casi nunca se ve en eventos de talla internacional, no queda más que aplaudir esta apuesta que la organización realiza por lo nacional, ya que en México sobra calidad, lo que falta es difusión.

También otro aspecto destacable previo al concierto en sí fue la excelente labor de difusión y promoción al evento, al menos dentro de la ciudad, uno no podía pasar un día desde varios meses antes sin toparse con publicidad relacionada al evento, no cabe duda que esta gente sabe vender, y bastante bien.

Hell Stage

 

Esta edición causó polémica desde su anuncio oficial, ya  la reubicación del festival, del complejo de calle 2, ubicado dentro de la ciudad, a la Explanada de la Arena VFG, que se encuentra inmersa a unos cuantos kilómetros de carretera a las afueras de la misma, dividió a los fans, ya que, mientras unos se quejaban rotundamente por la lejanía y por lo caro y complejo que resulta transportarse desde y hacia el recinto, otros vieron con buenos ojos la planeación de un evento al estilo Open Air, además de que la nueva ubicación prometía poner a disponibilidad del festival una cantidad de espacio considerablemente mayor, lo que en teoría debería de mejorar la experiencia para bandas y público por igual.

Así transcurrieron los meses, en los que la expectativa no hacía más que crecer, los metaleros se preparaban, aún sin saber a ciencia cierta exactamente a qué bandas iban a presenciar, ya que aún no se daban a conocer horarios y la incertidumbre se podía sentir en el ambiente cada vez que alguien hablaba de este tipo de música en la ciudad.  Fue hasta una semana antes del evento que se dieron a conocer los horarios, así como la distribución de bandas por escenarios, y déjenme decirles que, a pesar que el acomodo de agrupaciones y de intereses entre las mismas puede ser de lo más complicado, el Hell and Heaven se lució esta vez en dicho apartado, ya que en general, de seguirse al pie de la letra los horarios, no habría muchos empalmes entre bandas del mismo estilo ni entre bandas grandes.

Obviamente, al ser sólo dos días de festival y al tener tantos artistas de renombre, a cada fan le iban a tocar uno o dos momentos de esos en los que deseas con todas tus fuerzas partirte en dos para poder estar presente en dos escenarios distintos a la vez, sin embargo, esto fue reducido al mínimo, y, a mí en lo particular, sólo me costaba trabajo decidirme entre ir a ver a Sodom o a Warbringer, que se suponía que tocarían a la misma hora, empezando los estadounidenses 15 minutos más tarde pero concluyendo al mismo tiempo. Fuera de ahí, no tuve mayores conflictos con los horarios programados.

El día del sábado me dirigí a eso de las 12:00 p.m. hacía la Arena VFG, después de un trayecto bastante largo desde mi domicilio, ubicado en un lugar relativamente céntrico de la ciudad, hasta el recinto, en los últimos cientos de metros del recorrido pude ver a cientos de fans ansiosos caminando a un lado de la carretera dirigiéndose hacia el concierto.

Una vez llegando a recoger la acreditación de prensa (se tenía que pasar por ella entre las  11:00 y las 13:00 horas), me encuentro con la primera sorpresa: pese a que eran ya las 12:30, y la organización del festival había dicho que las puertas se abrirían a las 11:00 y las primeras bandas se presentarían a las 12:00, las puertas permanecían cerradas, y había una enorme fila que llegaba incluso más allá de la entrada al estacionamiento del complejo.

En el camino desde la taquilla hasta la entrada, entre los miles de metaleros que se encontraban haciendo fila, pude notar que un gran porcentaje eran foráneos, con especial prominencia de individuos capitalinos, provenientes de la Ciudad de México. Y es que durante el recorrido que realicé escuché una gran cantidad de veces gente hablando con el peculiar acento “chilango” que les caracteriza. A mí, como oriundo de Guadalajara, me dio bastante gusto, es un gran paso para la diversificación de la oferta nacional y es señal de que este festival es llamativo… y mucho, ya que normalmente todos los eventos importantes relativos al metal y sus variantes se realizan allá, y a los metaleros de esta región del país en más de una ocasión nos ha tocado ir hacía el Distrito Federal a disfrutar de nuestras bandas favoritas, debido a que alrededor del 50% de las giras importantes solamente pisan aquella metrópoli. De hecho yo, en lo personal, voy a volver a ir en septiembre, cuando se presenten Ghost, Slayer y Iron Maiden en el Foro Sol.

Cuando al fin se permitió el ingreso pasaban de las 13:00 horas, cuando se suponía que ya debería de estar tocando el segundo grupo de bandas. Después de un acceso de lo más lento, al fin nos adentramos en el área de festival, invadidos todos por la emoción de al fin adentrar al sitio donde podríamos ver frente a frente a varias de nuestras bandas favoritas.

Mapa

Desgraciadamente, recién llegando nos encontramos con las primeras decepciones: de entrada, el lugar poco se parecía al que se veía proyectado en los mapas publicitarios; ahí se veía un lugar completamente verde, lleno de pasto, y con una más que amplia separación tanto entre los escenarios como entre las distintas áreas que conformaban el lugar (área de comida, baños, backstage, etc.), pero, en realidad, era un recinto terregoso por donde se le viera, no se podía apreciar ni un metro de pasto por donde volteara uno, por todas partes volaba polvo, dando un aspecto por demás tercermundista al lugar y generando incomodidades y daños a la salud de todos los asistentes, quienes, al no poder huir de toda la tierra que se encontraba por todas partes, se la pasaron inhalando tierra durante todo el festival, ni siquiera había donde descansar de la tierra, todos los lugares (inclusive el nombrado como “carpa bar”) se encontraban sobre la tierra, por lo que, si querías reposar un poco, no quedaba de otra más que sentarte o acostarte en la terracería, de hecho, un fenómeno que sucedió varias veces a lo largo del evento fue la aparición de pequeños tornados, productos de la tierra y el viento presentes en el lugar.

Por otra parte, de inmediato al entrar se nota que la extensión territorial del lugar dista mucho de ser la que se presumía en el mapa, y las distancias entre las distintas áreas eran mucho más cortas de lo que se podía apreciar en el mismo, lo que a la postre generó problemas al mezclarse los audios de los dos escenarios más grandes.

Otra gran área de mejora fue el aspecto de los horarios de presentación de las bandas:  pese a que en la conferencia de prensa previa se aseguró que se habían tomado mediadas preventivas para que se respetaran los horarios marcados, como sólo tener dos escenarios funcionando a cualquier hora a la vez para permitir mejores y más eficientes labores de ecualización en el que se quedara inactivo por un tiempo, la realidad es que eso de poco sirve si de todos modos empiezas una hora tarde y arruinas el orden de las presentaciones con eso. Lamentable porque esto sólo genera confusión y disgusto en el público asistente, siendo éste el que,  pagando su entrada, mantiene con vida al Hell and Heaven y hace que todo esto sea posible.

Los primeros minutos del festival decidí invertirlos en labores de “reconocimiento” tanto del lugar como de sus servicios. De entrada habrá que mencionar que había tres escenarios, uno enorme (Hell stage), otro de tamaño mediano (Heaven stage) y otro un poco más pequeño (Monster stage), sólo el Hell stage tenía delimitada un área “preferente” frente a sí, designada para personas que habían adquirido sus entradas a precios más altos, el resto de los escenarios eran completamente generales. El Hell y el Heaven stage estaban uno al lado de otro, separados por unos cuantos cientos de metros de distancia, mientras que el Monster stage estaba un poco más escondido, en una de las esquinas del lugar, justo donde se encontraba la entrada al área de Camping para los foráneos, en una zona para llegar a la cual se debía recorrer un pequeño estrecho, notable fue el hecho de que este escenario fue el único que contaba con superficie adecuada para un concierto en el área del público, ya que éste era el único sector de TODO el festival que no se encontraba lleno de tierra volando por todas partes.

Cabe destacar que el montaje de los escenarios fue de lo más espectacular que he visto hasta ahora, se veían más que imponentes, en especial el Hell Stage, que hasta un par de cuernos tenía. Sin duda alguna, en cuanto a escenarios, la administración sí que cumplió entregando estructuras de primer mundo.

Siguiendo con mi inspección de las áreas conformantes del complejo, llegué al área de comida, la cual, en cuanto a sillas y mesas, fue un poco insuficiente, y los precios, como es de esperarse en situaciones monopólicas en las que no puedes salir por nada más, estaban bastante caros, algo que desgraciadamente es normal en cualquier concierto. La comida en sí, estaba bastante deliciosa, por cierto, tanto tacos, como hamburguesas, tortas y hot dogs estaban para chuparse los dedos.

 Sin embargo, la mayor deficiencia fue respecto a la oferta, ya que, para comida fuerte y no solamente “snacks”, solo había 4 puestos diferentes, cuando en un evento de esta magnitud (con más de 20,000 personas asistiendo) se debería de esperar una oferta un poco más variada. Lo anterior ocasionó filas y filas interminables que le costaban lo que parecía una eternidad de tiempo a quien decidiera aventurarse a consumir algo de dicha zona. Otra gran área de mejora que debe de considerarse para ediciones futuras.

Otro aspecto que fue bastante criticado, en este caso por las damas, fue el hecho de que los baños fueran mixtos, lo que a más de uno le provocó un intenso desagrado, y es que, en un evento tan grande, la división de género para las cuestiones higiénicas fundamentales es algo básico, o al menos así lo creo yo.

Finalmente, un detalle que a muchos les pasó desapercibido pero que a mí me llamó bastante la atención fue la presencia de pequeñas piedras a lo largo de todo el lugar, en especial en el área de comida. No me refiero a que hayan causado incomodidad alguna ni mucho menos, sino que me parece una irresponsabilidad muy grande haberlas mantenido ahí para los días en que se llevó a cabo este evento masivo, ya que representan un proyectil en potencia bastante peligroso. Podemos decir que “el público metalero es bien portado”, que “es un ambiente de convivencia”, o que “es gente bien tranquila, no es como en los eventos gratuitos que entra cualquier mocoso con ganas de fastidiar” y todo eso sería más que cierto, sin embargo, en un evento con más de 20,000 personas, hasta estadísticamente hablando  es bastante probable que no falte el típico desadaptado o grupo de desadaptados que pongan el riesgo el espectáculo, así como la integridad física del resto de los asistentes. El confiar en que nada va a pasar me parece una equivocación muy riesgosa, que pudo haber traído consecuencias negativas muy fuertes para todos.

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La primera banda que vi luego de recorrer todas las áreas en que se realizaría el evento fue Transmetal, las leyendas del metal latinoamericano, que  se presentaban en el Hell stage, o escenario principal.

En general lo entregado por ellos fue un set bastante corto pero por demás contundente, en el que demostraron porque se encuentran desde hace décadas en el Olimpo de la escena nacional. Pese a que apenas era mediodía, su presentación atrajo a una buena cantidad de su fiel audiencia, quienes de inmediato demostraron su emoción y su entusiasmo por ver y escuchar a la agrupación capitalina… que no defraudó.

Su actuación fue un desfile de clásicos en el que se escucharon joyas como México Bárbaro, Exhumado, El Llamado de la Hembra y El Infierno de Dante, temas que incitaron a la gente a corear todas y cada una de sus palabras, hacer crowd surfing tanto en la zona general como en la preferente, y a realizar los que a la postre serían los primeros de muchos (en serio muchos) circle pits a lo largo de ambos días de festival. Una actuación redonda y directa de estas eminencias, demostrando porque es que se encuentran donde están y no simplemente quedaron como anécdota dentro de la historia del metal mexicano.

Procedía a trasladarme al Heaven Stage para presentar la presentación de Cemican, banda local de metal prehispánico que, en relativamente poco tiempo y con base en una enorme originalidad y excelentes actuaciones en vivo, han logrado hacerse un nombre cada vez más reconocido y respetado a lo largo y ancho de todo el país. Prueba y reconocimiento de lo anterior fue su consideración para este escenario, siendo una de las pocas bandas de la ciudad que se presentaron en el mismo.

A  quienes no sean mexicanos, y muy probablemente a muchos que lo sean, también, les llamará bastante la atención el concepto de este quinteto, que forma parte del movimiento del “metal prehispánico”,  el folk metal originario de esta región del mundo. Ellos salen caracterizados totalmente al estilo mexica,  acomodan y acondicionan el escenario para ambientarnos en su ritual, e incluyen como pieza central de su música instrumentos de origen indígena.

Una propuesta que es, sencillamente, garantía de calidad, por eso es que al momento de su presentación se aglomeró bastante gente ganada por la agrupación en actuaciones pasadas,  a quienes se deleitó con un set muy corto pero intenso a más no poder. Para mi gusto, se merece una mención especial el guitarrista/vocalista conocido como Tecuhtli. Es muy común que en esta clase de bandas la guitarra pase a segundo plano, pero no aquí, este hombre sí que sabe tocar… y vaya que lo demuestra, con partes rítmicas inspiradas, originales y más que bien tocadas, y con solos veloces, técnicos y a la vez melódicos, de esos que solo un gran músico es capaz de interpretar. Como guitarrista es excelente, y como vocalista es bastante bueno, proporciona unos guturales más que decentes y, cuando es necesario, voces limpias cantadas con bastante calidad, no queda más que quitarse el sombrero cuando uno se topa con alguien de este calibre.

Y así, después de unos cuantos minutos que a todos nos parecieron cortísimos, Cemican se despidió de su fanaticada, dejándonos a todos con un excelente sabor de boca y con ganas de más. Llegó la hora de la primera banda internacional que me tocó presenciar: Origin traía desde los Estados Unidos de América su death metal técnico, para presentarse por primera vez en su historia dentro de territorio mexicano.

De entrada, al ver al cuarteto lo que llama la atención es su ejecución… ¡es increíble! Debo admitir que cuando se anunció a la banda no me encontraba muy emocionado, y es que hubiera preferido como exponente del género a muchas otras, como Necrophagist, The Faceless, Obscura o Beyond Creation… sin embargo, debo admitir que los de Kansas me hicieron tragarme mis palabras y me volvieron fan incondicional en cuestión de minutos; tienen una energía, una stamina y una calidad como ejecutores musicales que realmente da miedo.

Son de esas bandas que hacen que uno se sienta fatigado nomás de verlos, de observar como ejecutan notas a una velocidad increíble y con una precisión endemoniada durante 40 minutos. Mención aparte para su vocalista, Jason Keyser, que, aunque técnicamente es el menos impresionante de los cuatro, ejecuta su papel a la perfección y además le demostró a todos los ahí reunidos sus extraordinarios dotes de frontman death-metalero: se veía tan intensa su interpretación durante las canciones que daba la impresión de encontrarse poseído, y, entre ellas, demostró personalidad en sus diálogos con la audiencia, en los que mencionó su postura en contra de las divisiones por clases en conciertos de metal (tal y como ocurría en el escenario principal en esta ocasión) asegurando que su mosh pit era gratis, y, con palabras textuales, afirmó “fuck that V.I.P. bullshit” al tiempo que señalaba al Hell Stage.

¿Y cómo se comportaron los tapatíos mientras tocaba Origin? ¡Se volvieron locos! Había tanto movimiento que aquello parecía un manicomio, lo único malo fueron las nubes de tierra que aparecían cada vez que el respetable se animaba, ya que obstaculizaban la visibilidad, dejaban a los asistentes llenos de tierra de pies a cabeza y más de uno acabo tosiendo y cubriéndose la nariz para evitar seguir inhalándole. Pese a esto, el “desmadre”, como se dice aquí en México, no paró, al contrario, cada vez crecía más, con Keyser invitando a la audiencia a hacer stage diving (algo que no ocurrió), y motivándole a superar juntos lo que se encontraba ocurriendo en esos momentos en el escenario de al lado (“show Dokken how much you got!”). El momento cumbre fue la “silent wall of death”, en la cual Origin incitó a los fans a realizar, dejando en claro que, con ellos, la audiencia es la que inicia, y ya posteriormente ellos se unen a la fiesta.

Una actuación arrasadora de unos excelentes y altamente pasionales músicos, que esperamos volver a ver muy pronto por estos lares.

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Posteriormente decidí cambiar radicalmente de oferta musical y me dirigí al Hell Stage a presenciar la segunda mitad de la presentación de Dokken, que realmente no decepcionó en el difícil papel de representar a uno de los estilos más comerciales y menos duros del metal en un festival lleno de bandas pesadísimas.

En general la banda dio una gran actuación, con excepción de Don, que se mostró bien a secas, cumpliendo con lo debido, pero notándose algo falto de ganas, de pasión, y un poco errático (solo un poco) en cuanto a los tonos en los que cantaba.

Un detalle curioso fue cuando salió gente del festival a mencionarle a la agrupación que le quedaba sólo una canción más, algo que a la banda no le importó en lo más mínimo, ya que interpretaron dos más. Una muy buena actuación de una muy buena banda, en la que destacaron Into the Fire y Breaking the Chains, auténticos clásicos atemporales del metal.

Proseguí a trasladarme de nueva cuenta al Heaven stage a seguir con la caña del metal extremo, ¡y vaya si era algo extremo lo que nos esperaba con Vital Remains! De entrada lo primero que llama la atención es lo rápido que cambia de miembros el conjunto ya que, de su actuación anterior en el festival, a finales del 2011, sólo quedaban un par de rostros reconocibles, el resto eran integrantes que nunca habían pisado tierras jaliscienses.

Otro aspecto notable fue el sonido, bastante mejor que el de hace año y medio, cuando fue un desastre total y absoluto, ahora si hubo un audio a la altura de la grandeza de estas leyendas.

Lo de aquel sábado por la tarde fue inolvidable: Se vio a un público entregado hasta el alma a una banda que lo dejó todo en el escenario; quienes aseguran que no hay pasión en el death, es porque no conocen a Vital Remains, así de simple. Riffs brutales, mosh pits inmensos (otra vez arruinados un poco por el problema de la tierra),  crowd surfing (de hecho había un grupo de personas dedicadas a eso permanentemente, todo el tiempo en posición para levantar al primero que se animara a llegar corriendo), cabezas agitándose por todas partes, un vocalista bajándose varias veces entre la gente… en fin, todo una experiencia metalera inolvidable fue lo que nos tocó vivir a los ahí presentes. A destacar el tributo a Jeff Hanneman con un momento de ruido, porque el silencio, de acuerdo con ellos, es para “pussies”.

Un set lleno de puntos álgidos, como Icons of Evil, Hammer Down the Nails (con wall of death incluida) o Scorned, cuyo clímax, sin embargo, fue al final. El principio del fin fue cuando la banda anunció que el staff les dijo que les quedaban 5 minutos, pero que ellos iban a tocar su set completo y mandarlos directito a la mierda, lo cual hicieron. Después siguió el momento esperado por todos, Brian Werner, vocalista en esta gira, preguntó “¿Qué canción quieren?” a lo que la gente respondió eufórica “¡Dechristinize!”… y efectivamente, se comenzó a escuchar el intro Let the Killing Begin, al mismo tiempo que, sin que nadie dijera nada, la audiencia se preparaba para otra brutal wall of death, y Werner sacaba una biblia y comenzaba a arrancarle las hojas, ante la intensa ovación de los asistentes, demostrando que, a pesar de que México es una de las naciones más católicas del mundo, no todos aquí somos partidario del cristianismo ni de sus conceptos y símbolos medievalistas retrógradas.

Acto seguido, aventó lo que quedaba del libro, y, ante una tensión que no hacía más que crecer, todos nos dedicábamos a esperar a que terminara la introducción para gritar al unísono “Let the Killing Begin!”… y entonces el infierno se desató: la wall of death dio paso a uno de los moshpits más intensos y salvajes de todo el festival, el polvo voló por todas partes (al grado de obstaculizarle la visión a gran porcentaje de la audiencia), la banda daba el 100%, y todos se encontraban sumidos en uno de esos momentos mágicos de comunión metalera que sólo grandes artistas como Vital Remains pueden propiciar. Una presentación, sublime, sobresaliente… todo  una lección de death metal.

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Siguiendo con la música extrema por naturaleza, le venía el turno de tomar el escenario a Cattle Decapitation, una de las bandas más esperadas por los seguidores de la escena underground. Al hablar de ellos, lo primero que me viene a la cabeza es la actitud de completo maniático de su vocalista, Travis Ryan,  ese hombre (o al menos en lo que se convierte al pisar el escenario) sólo podría pertenecer a dos lugares: o en el manicomio más cercano… o con Cattle Decapitation.

Música muy técnica, rapidísima y cañera a niveles casi imposibles, y una audiencia que se encargó de poner el lugar de cabeza, fue lo que se observó aquella tarde. Es de destacarse lo agradecidos y fascinados que se veían estos músicos por la oportunidad de poder venir hasta acá a  compartir su arte con su fanaticada mexicana, algo que, como ellos mismos mencionaron, desgraciadamente no ocurre muy a menudo.

Toda la banda estuvo excelente, pero para mi gusto quien se lleva las palmas es Ryan, demostró, aparte de sus dotes naturales de frontman, su enorme rango dentro vocal, su originalidad y su calidad, al no decepcionar ni un poco ni bajar su nivel en lo más mínimo respecto a los álbumes de estudio. Todo un gran artista, en toda la extensión de la expresión.

Aquí hubo un cambio inesperado de último momento, se suponía que a ésta hora (bueno, de hecho una hora antes, pero se retrasó todo, como ya mencioné más arriba) tocaría Epica, por lo que no fuimos pocos los que nos sorprendimos al ver la manta de Testament antes de tiempo, indicando que todo se estaba preparando para la presentación de los californianos. Esto causó bastante inconveniente, ya que más de alguno se quedó sin ver a su banda favorita, lo que es bastante lógico, digo, si ves tú horario y te das cuenta que aún faltan dos horas para que salga la banda al escenario, no es nada raro que se te ocurra pasar a otros escenarios mientras tanto, ir a comer, al baño o simplemente a descansar por ahí. Una enorme tache al festival por esto, no se pueden hacer ajustes así simplemente sin avisar.

Dejando de lado esto, de la banda, ¿qué se pude decir? Es T-E-S-T-A-M-E-NT. Punto. Todo una institución dentro del mundo del metal, y no decepcionaron en lo absoluto. De hecho, para mi gusto, entre ellos y Anthrax se encuentra la banda que mejor participación registró el día sábado. Su set estuvo conformado entre material del nuevo Dark Roots of Earth y clásicos imperdibles de la banda, para lo que fue una actuación bastante breve que, sin embargo, todos los ahí presentes deseábamos que no terminara nunca. En cuanto a la elección de canciones a interpretar, desgraciadamente faltó  Alone in the Dark, la que para mi gusto es su mejor canción, y una de mis piezas favoritas de todos los tiempos. Fuera de eso, me parecieron bastante acertadas las decisions respect al set, interpretaron Rise Up, More Than Meets the Eye, Native Blood,Practice What You Preach, DNR, 3 Days of Darkness y Over the Wall.

Realmente fuimos afortunados los que asistimos a ver la presentación de los estadounidenses, fue otra de las bandas que uno desearía que se les dieran 5 horas para tocar; Chuck Billy hizo despliegue de su poderosa y distintiva voz al mismo tiempo que demostraba su dominio del escenario y hacía air guitar como ninguno (se nota que realmente cómo tocar esas canciones), Alex Skolnick como siempre se mostró bastante sobrio, pero no hizo falta expresividad corporal de su parte, su guitarra magistralmente interpretada hacía todo el trabajo, demostrando por qué Alex es, para mi gusto, la mejor guitarra líder que existe en el thrash; Eric Peterson se mostró mucho más “heavy” mucho más efusivo pero igual de preciso con su instrumento, Gene Hoglan (quién acompañó a Testament en esta ocasión) interpretó todo a la perfección, de hecho se veía calmadísimo, haciendo notar que las líneas de batería de la banda resultan ser pan comido para una bestia en técnicas de metal extremo como  él;   mientras que Greg Christian estuvo bastante bien al bajo, aunque siempre resultó bastante más discreto que el resto de sus compañeros.

El pequeño punto negativo fue cuando, durante 3 Days of Darkness, algo sucedió con el bajista (muy probablemente fue impactado por una piedra) quién de repente se puso furioso, empezó a mostrar su enojo mediante rabietas y decidió quitarse el bajo y salir del escenario, mientras sus compañeros, notoriamente confundido, continuaban con la canción. Unos segundos después, y ya un poco menos enojado, Christian regresó y siguió tocando junto a sus compañeros. Posteriormente se acercó a uno de los micrófonos a intentar decir algo, pero corrió con la mala suerte de que no se escuchó absolutamente nada.

Hablando de aspectos positivos, es de agradecerse y de destacar el que Chuck Billy haya cantado versos en español para varias de las canciones, aparte de que es muy buen detalle, demuestra lo en serio que se toma la banda a su audiencia hispana, al grado de tomarse el tiempo de aprenderse tantas traducciones al español de sus propias letras, algo que se dice fácil, pero que en realidad no lo es tanto y si requiere de sus buenas dosis de  tiempo y dedicación.

En cuanto a la audiencia, una de las mejores del festival (que no es decir poco), totalmente en comunión con la banda, que sin duda alguna lo notó. El momento cumbre para mí fue participar en un circle pit de dimensiones astronómicas durante Into the Pit, algo que cualquier fan del thrash debe hacer alguna vez, muchos dirán que esa no es manera de vivir un concierto, pero no sé qué argumentos puedan tener con canciones como ésta, Caught in a Mosh o the Toxic Waltz, que fueron inspiradas por y para esto, precisamente. Lo único malo fue, para variar, gracias al terregal presente, que provocó una vez más un espectáculo lamentable de decenas de fans tosiendo por todas partes entre canciones.

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Al concluir la actuación de Testament di una visita fugaz al Monster Stage para intentar apreciar la actuación de Warbringer, sin embargo, sólo alcancé a apreciar las dos últimas canciones de su set. De lo poco que pude apreciar, se notó una actuación 100% thrasher, desbordando la actitud que muchas veces les falta a bandas estandarte del género (Metallica, por ejemplo), un muy buen sonido y una gran banda fue lo que pude apreciar durante aquellos minutos, esperemos que vuelvan pronto a la ciudad para poder disfrutar de un concierto completo de estos monstruos de la famosa nueva oleada del thrash.

A continuación me dirigí al Heaven Stage para apreciar la actuación de Sodom. De entrada me tope con una grata sorpresa: había tanta gente viendo la actuación de los alemanes, que me costó bastante trabajo acercarme al escenario. Ya una vez posicionado, vi como, entre los pits inmensos que se armaron y el viento, se creó lo que parecía una autentica lluvia de tierra desembocando sobre el escenario, la verdad algo que deja una pésima imagen para el  país y para Latinoamérica en general, un aplauso para el trío germano que pese a eso siguió propinando su buena dosis asesina de thrash sin titubear ni un poco.

Fue un show inolvidable el que nos brindaron los alemanes a los asistentes aquella noche, con una batería machacante, un bajo con enorme presencia, una guitarra precisa y súper cañera a la vez, y una voz cruda y agresiva (con efecto de chorus en más de una ocasión) desfilaron canciones como In War and Pieces, Remember the Fallen, The Saw is the law y City of God. Esta última es, por mucho, mi canción favorita de la banda, pese a que muchos fans de toda la vida de Sodom seguramente me acusaran de hereje, pero, para mí, el escucharla en vivo y ver interpretado uno de mis solos favoritos durante el transcurso de la misma, fue todo un sueño hecho realidad. Un show de antología, sin duda alguna esta banda fue un enorme acierto para la organización.

Tras el show de Sodom me dirigí a un lugar alejado a intentar descansar un poco después de alrededor de 10 horas de festival, donde me senté sin esperar que muchas cosas interesantes pasaran, sino simplemente a recobrar aunque fuera un poco de fuerzas antes de la salida de las leyendas de Morbid Angel al heaven stage, quienes eran, junto con Anthrax y Testament, una de las bandas que más ansiaba ver para este día del evento.

Así pues, estaba yo sentado en la tierra (ya después de tanto cansancio realmente poco me importaba) cuando de repente frente a mí, y frente a muchos otros, vimos como unos metros al frente una joven le reclamaba efusivamente y a gritos algo a un hombre bastante alto y corpulento, al mismo tiempo que jalaba repetidamente de su playera, en lo que daba la impresión de ser una pelea entre novios.

La mujer estuvo un rato sobre el gritándole y jalándole la prenda, al borde del llanto, mientras se observaba como el hombre poco a poco iba perdiendo la paciencia, hasta que de repente éste decidió propinarle tremendo puñetazo al rostro de la dama, la cual, sin embargo, siguió con la discusión.

Al percatarse de de lo recién ocurrido, un joven se acercó a enfrentar al hombre, quién le reto de manera por demás agresiva, sin embargo nada ocurrió porque la mujer interfirió para separarles. Durante todo el espectáculo, pasaron varios elementos del cuerpo de bomberos que obviamente, igual que todos los demás, se percataron de lo que ocurría, pero simplemente se dedicaron a observar de lejos asustados un par de segundos para luego seguir su camino.

Al ver que todo quedaba inmune, me levanté y me dirigí con el personal de seguridad más cercano, que se encontraba a tan sólo unos pasos de mi posición, y les mencioné como es que se había golpeado a una mujer ahí enfrente de todos, al escuchar esto, varios elementos (visiblemente asustados) se amontonaron y simplemente se dedicaron a ver la escena a unos cuantos pasos de distancia, como esperando (ilusamente) que el hombre la volviera a golpear. La discusión siguió, pero este individuo, que sin duda se percató que estaba siendo observado por alrededor de 5 integrantes del cuerpo de seguridad, no volvió a recurrir a la agresión física.

Algo lamentable, simplemente, luego se preguntan por qué es que la gente no le tiene la más mínima confianza a sus autoridades, porque la impunidad en este caso es culpa de ellos y de nadie más, el Hell and Heaven cumplió cabalmente con su parte al tenerles ahí para cualquier cosa que se necesitase.

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Después de este penoso incidente, llegó el tiempo marcado para la presentación de Morbid Angel, así que me acerqué al escenario para ver la actuación de estas leyendas antes de culminar un día glorioso presenciando a Anthrax. Sin embargo, la ecualización para los primeros estuvo llena de problemas y contratiempos, por lo que duró eternidades, al grado que, cuando al fin salió la agrupación a escena, ya estaba por iniciar Anthrax en el Hell Stage.

Debido a la ventaja de la zona preferente en el escenario principal, la mayor cantidad de polvo en el heaven stage y los problemas de sonido, decidí mejor trasladarme (bastante molesto) hacia dónde tocarían los neoyorkinos. Por problemas de organización me perdí de una de mis bandas preferidas, ni hablar.

¡Por fin había llegado el turno de la banda estelar! El cuarteto tomó el escenario principal y se lo apropió desde el primer segundo, dejando en claro que no es simple estrategia mercadológica el que se encuentren considerados entre los cuatro grandes del thrash, sino que el suyo es un lugar ganado a base de clásicos  en el estudio y adrenalina y sudor en directo.

Su presentación, aparte de un par de cortes de su más reciente producción, fue clásico tras clásico, himnos del metal como Madhouse, Indians, I am the Law y Caught In a Mosh retumbaron en la Explanada de la Arena VFG. También sonaron algunos covers, como los ya típicos de Antisocial y Got the Time, pero también interpretaron T.N.T., de la legendaria banda australiana AC/DC. La verdad yo no quedé muy contento con la inclusión de las mismas en el repertorio, ya que, si bien es cierto que fueron de las canciones que más prendieron a la gente, y fueron interpretadas de manera magistral, yo creo que Anthrax tiene muchos cortes originales de excelente calidad que hubieran sido mejor opción que las versiones; siempre he pensado, que si vas a pagar un boleto por ver a una banda tocar covers ¿por qué adquirirlo? Mejor compra uno para ver a la banda original y escucha a la canción tal y como fue creada originalmente. Pero bueno, en gustos se rompen géneros y, a favor del cuarteto, casi podría asegurar que la mayoría de la audiencia secundaría su decisión de incluir dichas canciones en su repertorio.

La banda estuvo increíblemente bien, con un Charlie Benante desbordando talento en la batería, Scott Ian infalible como siempre, Frankie Bello tocando por todas partes con la pasión que le caracteriza y un Jonathan Donais que se encargó de que nadie extrañara, al menos por un par de horas, a Rob Caggiano. Sin embargo, quien se llevó las palmas esta vez fue el vocalista Joey Belladonna, cantando como los dioses. La verdad la única experiencia más o menos cercana a ver a Anthrax “en vivo” fue en la transmisión teatral del Big 4 que se realizó hace un par de años. En ella, el vocalista acababa de retornar a la agrupación y, desde mi punto de vista, no estuvo a la altura de las circunstancias. Pero en Guadalajara, esa fue otra historia, cantó excelentemente bien todas y cada una de las canciones (inclusive T.N.T., la que interpretó tan bien que casi resultaba irreconocible), puede que no tenga tanto dominio escénico, pero, ¿quién lo necesita con su voz? Un 10 perfecto para el cantante.

Por otra parte, es justo y necesario hacer mención especial del moshpit que se armó durante Caught in a Mosh, todo un caos de proporciones épicas, de esos que cualquier thrasher merece vivir, igual que el vivido con Testament un par de horas antes, lástima por la tierra que castigaba duramente los sistemas respiratorios de los participantes.

Así concluyó el primer día del Hell and Heaven 2013, con fans llenos de tierra por todas partes, pero contentos y satisfechos por haber visto a sus bandas favoritas, en muchos casos por primera vez en la ciudad.

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