CRÓNICA MANUEL

Las actividades del segundo día iniciaron alrededor del mediodía. De entrada me llamó la atención como había mucha menos gente que el día anterior a esas horas, muy probablemente porque los foráneos que el día anterior apenas iban llegando al festival en sus respectivos camiones, ahora se encontraban en el área de camping descansando de la jornada del día anterior. De entrada lo que se apreció recién entrar (y le dio bastante gusto a todos los presentes) fue que pare este día la organización se encargó de llevar unas pipas de agua para rociar periódicamente tanto la zona preferente del escenario principal como a los asistentes del área general mediante pequeños recorridos. Una medida que yo creo que a todos nos hubiera encantado que se implementara desde el día anterior.

La primera banda que pude escuchar fue a Sachiel, banda local de heavy metal muy potente y de excelente manufactura, quienes, pese al escaso público que les presencio en el Heaven Stage, pusieron en alto el nombre del metal tapatío y dieron muestra de que lo hecho en casa se encuentra al nivel de quien sea.

Pese a que hubo muchos problemas en la entrada y el flujo de fans fue mucho más lento de lo que debió ser (lo que ocasionó que muchos, incluyéndome, sólo pudiéramos escuchar la mayoría de su set desde afuera) lo que escuchamos a la distancia se escuchó excelente, y, el par de canciones que pude presenciar frente al escenario estuvieron brillantes. Muchas felicidades a Sachiel ¡y larga vida al heavy metal!

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Seguía el turno de Heathen, banda de culto de heavy/thrash que, para mi gusto, es junto con Diamond Head una de las bandas más infravaloradas del metal. Una banda que me encanta y que, por su escasa popularidad, pensé que nunca tendría el gusto de ver en directo. No me queda más que aplaudirles y agradecerles a los organizadores su inclusión en el cartel de este año.

De entrada su show tardó de más en comenzar, iniciando un buen rato después de la hora marcada. Relacionado con esto, algo que me llamó bastante la atención fue que no se dejara pasar a la zona preferente hasta que ya se encontraba la banda tocando, algo que realmente no entiendo y ocasionó amontonamiento durante varios minutos en el área de acceso a dicha zona.

En cuanto a la banda en sí, estuvieron grandiosos, no hay otra forma de describirlo. Una voz potente, heavy y agresiva que no desafinó ni un momento, unas guitarras increíbles, con solos de antología y melodías duales impresionantes, una precisión increíble y una coordinación de miedo, un bajo que cumplió y una batería que, pese a un par de pequeños errores, en general no desentonó con la maravillosa presentación que Heathen dio aquella tarde, la cual, por cierto, fue presenciada muy de cerca por Rob Dukes, vocalista de Exodus, quién estuvo la mayor parte del set cómodamente recargado en uno de los amplificadores escuchando a la otra agrupación de Lee Altus, guitarrista que más tarde tocaría con Dukes y compañía en ese mismo escenario.

Para mí, y al parecer para muchos otros que pedían a gritos la canción, también, el mejor momento fue cuando interpretaron Hypnotized, una de mis canciones favoritas de cualquier interprete, simplemente un momento imborrable, para quienes no conozcan esta canción en serio los invito a dejar todo lo que estén haciendo en este momento y escucharla, porque en serio es una joya invaluable. Una actuación arrasadora ante una audiencia bastante reducida, pero encantada de presenciar a esta legendaria agrupación.

En cuanto terminó la actuación de Heathen, me arranqué a correr hacia el Heaven Stage, puesto que en dicho escenario estaba comenzando la actuación de Morphium, banda joven que desde España nos trae una propuesta de esas que son tan originales que son prácticamente imposibles de clasificar dentro de un subgénero en específico.

Desgraciadamente para el conjunto catalán, el horario de su presentación no les ayudó, ya que me consta que en la ciudad tienen muchos más seguidores que los presentes aquel domingo a las 2 de la tarde, tal y como quedó demostrado en la edición anterior del festival, dónde arrasaron ante una audiencia mucho mayor y, cabe decirlo, mucho más entusiasmada.

La banda lo dejó todo en el escenario, repartiendo un set muy breve consistente casi en su totalidad por temas de su último material discográfico Crónicas de una Muerte Anunciada, que recién este año ha salido a la calle. La interacción con la audiencia fue creciendo conforme las canciones pasaban, y la calidad musical quedó de manifiesto desde el primer minuto, sin embargo, lamentablemente las constantes fallas de sonido (las primeras de gravedad que me tocó presenciar durante el festival) y, en general, un audio horrible, les dieron, como decimos acá, “en la madre” a los españoles. Los micros de repente dejaban de sonar, los niveles estaban totalmente desproporcionados entre los distintos instrumentos y, en general, sonaba espantoso, de hecho, fue, por mucho, de las bandas que vi, la que peor suerte tuvo en cuanto a sonido.

La conclusión, eso sí, me pareció una completa y total falta de respeto: la banda estaba en la recta final de La Era de la Decadencia, cuando Alex, el vocalista, mandó a toda la audiencia a sentar, para después indicarles que brincaran al unísono (algo así como lo hace Slipknot durante Spit it Out) sin embargo, con a lo sumo un par de minutos restantes de actuación, la gente del festival les cortó el sonido a medio ejercicio, con los fans sentados. Así, sin más, Morphium fue corrido del escenario de una manera de lo más desagradable y prepotente. Se entiende que se tengan retrasos, pero no es culpa de la banda ni mucho menos de los fans, quienes pagaron su boleto para verles. En dado caso, el problema con los horarios sería del festival por no realizar las ecualizaciones en el tiempo indicado, pero eso se debe de enmendar apurando el paso en el próximo interludio entre bandas, no cortando al artista que todos quieren ver.

Quizás por ser banda relativamente chica fue que se animaron a cortarles de esa manera, porque, el día anterior, como ya mencioné, al menos Dokken y Vital Remains mandaron “a la fregada” a la gente del festival cuando les indicaron que les quedaba poco tiempo, y, aún así, su sonido no fue interrumpido.

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Tocaba el turno de ver a Haggard, una de las bandas más apreciadas por el público mexicano, en el escenario principal. Todo parecía que iniciarían a la hora indicada, sin embargo, la sonorización se tardó eternidades, lo que ocasionó que se le recortara considerablemente el tiempo a la agrupación, que acabo interpretando únicamente 5 canciones (The Final Victory, Awaking the Centuries, Upon Fallen Autumn Leaves, El himno nacional mexicano y Eppur Si Muove) antes de ser corridos por la gente del festival. Una lástima, porque sé que esta banda tiene una enorme cantidad de fans que esperaron durante años su regreso a la ciudad, y seguramente tenían contemplado un show aunque fuera un poco más largo.

En general la banda estuvo excelente, todo un deleite escuchar una propuesta tan elaborada y majestuosa como la de ellos. Desde mi perspectiva, el momento inmortal de su set ocurrió durante Awaking the Centuries, para mi gusto, una de las mejores canciones que existen.

Una presentación que, aunque breve, fue más que memorable. El único detalle negativo, fue que, debido a la cercanía entre escenarios, en varias de las partes calmadas de las canciones se escuchaba más a Thell Barrio, que se encontraba presentándose en el Heaven Stage. No es que tenga nada contra la banda (que de hecho me gusta bastante) pero si resulta increíblemente molesto que ocurra algo como esto cuando uno trata de escuchar a los músicos que tiene a tan sólo unos metros enfrente. Un 10 para Haggard, y una invitación a mejorar varios detalles en próximas ediciones para el Hell and Heaven.

Ahora tocaba el turno a Six Feet Under para cimbrar el escenario principal con su famoso “Death n` Roll”. Debo admitir que, si bien si conocía un poco de la banda y ya me gustaba, llegué al festival, como seguramente llegaron muchos otros, pensando en ella como “la agrupación donde ahora está Chris Barnes de Cannibal Corpse” y sin esperar realmente nada espectacular.

Fue la primera grata sorpresa del día: la banda nos dio una lección a todos los que no creíamos en ellos con un show atronador que no dio ni para el más mínimo respiro. Uno pensaría que, dadas las condiciones, la banda de un ex-integrante de una agrupación legendaria basaría su set en canciones de la misma (como Paul Di’Anno, por poner solo un ejemplo), sin embargo, ese no es el caso de Six Feet Under, que de Cannibal Corpse sólo nos dieron Hammer Smashed Face a manera de despedida y Stranged, Raped  & Strangled como apertura.

Fue un set de 9 canciones que dejó una muy buena impresión a todos los presentes, y que prendió bastante a la audiencia, algo que no me esperaba que sucediera a la manera tan general que se dio. Un buen show de una gran banda, que seguramente ganó una gran cantidad de nuevos seguidores en este festival.

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Al fin tocaba el turno para la banda que más ganas tenía de ver de entre todo el festival: Exodus, que se presentó en el Heaven Stage. Todavía tengo gratos recuerdos del ya lejano 2009 cuando vinieron en su gira conjunta con Kreator, en el que fue uno de los mejores conciertos a los que he asistido en toda mi vida.

Para empezar, los problemas en la sonorización no se hicieron esperar, demorando de más la espera para ver a los californianos. Al fin, después de muchos contratiempos, se comenzó a escuchar el intro, el cual fue en gran parte estropeado por el ruido proveniente de la presentación de Resorte, que se encontraba tocando en el otro escenario. Después salió Exodus ¡y la locura se desató! Gary HoltLee AltusTom Hunting y Rob Dukes salieron a escena y se adueñaron del escenario de principio al fin, dando violentas lecciones de thrash a los miles de eufóricos fans que se volvieron locos durante su presentación; headbanging, moshpits gigantescos, gritos, aplausos y más fue como respondió Guadalajara ante la presencia de estos titanes.

A destacar la actitud siempre agresiva y desafiante de Dukes, quien incitó a los fans a brincarse de la zona general a la preferente (“ellos son muy pocos, no pueden detenerlos a todos”), aseguró que el P.A. del otro escenario era “una mierda” y casi se lía a golpes junto a sus compañeros  con los encargados del audio.

Si se toma en cuenta únicamente a la banda y a los fans, no dudaría en afirmar que esto fue lo mejor de todo el Hell and Heaven, sin embargo, las fallas de sonido atacaron de nueva cuenta, en especial (pero no únicamente) respecto a los monitores y al micrófono principal, que en ratos funcionaba bien, en ratos no se oía y en ratos se escuchaba tan mal que aunque el vocalista se encontrara simplemente hablando entre canciones no se distinguiera palabra alguna. Todo esto provocó gran molestia en la banda, al grado que en una ocasión estuvieron a nada de irse entre todos en contra de la gente de audio, al mismo tiempo que el público también se encontraba ya bastante molesto y cansado de tantas fallas.

Como les decía, la banda en sí misma fue la mejor de ambos días, fue otro de esos sets que uno desearía que duraran eternamente, pero que desafortunadamente duró muy poco, ya que faltaron muchísimos clásicos de la banda como Fabulous Disaster, Piranha, Blacklist, Children of a Worthless God, Deathamphetamine… y muchos más, ni hablar, así son los festivales. Imperdible el moshpit durante The Toxic Waltz y la ya tradicional Wall of Death durante Strike of the Beast. No fue tan bueno como el show más íntimo, más largo y con mejor sonido de hace tres años y medio, pero si fue de todos modos una tarde para recordar durante mucho, mucho tiempo.

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Después de un rato de descanso, tocaba el turno, en ese mismo escenario,  a la banda que gran porcentaje de los ahí presentes más esperaba presenciar: In Flames. Yo, por mi parte, ya me consideraba gran fan de su material en estudio de todas las épocas, pero, siendo sincero, no me esperaba gran cosa de ellos en vivo, en especial de su vocalista Anders Fridén, quien en todos los videos de directos que había visto daba actuaciones verdaderamente lamentables.

Sin embargo, aquel día me llevé una más que agradable sorpresa, ya que Fridén tuvo una actuación sobresaliente liderado a una banda que estuvo igual de bien que el. Con un setlist demasiado corto pero bastante variado, que se enfocó básicamente a la promoción de su nuevo material, algunos clásicos infaltables y un par de sorpresas provenientes de Colony y de Whoracle, los suecos sacudieron los corazones y las mentes de los miles de metaleros que se acercaron a escuchar su actuación.

Fue una actuación redonda, manchada un poco por unos problemas de sonido con la guitarra rítmica, la cual, a ratos, sufría un bajón considerable de volumen, para minutos después regresar a la normalidad de repente; eso ocurrió varias veces a lo largo de toda su actuación.

Muchas caras felices, muchos brincos, y mucha gente cantando todas y cada una de las canciones fue lo que se podía apreciar entre la gente, a la que Fridén pidió en repetidas ocasiones hacer crowd surfing, tanto de un lado a otro como de general a preferente, cosa que ocurrió muy poco, probablemente debido a que no todos entendieron lo que decía.

Mi única objeción respecto a la banda es que en general su set tuvo muchísimo teclado, que no fue interpretado por nadie en escena. Digo, si van a usar tanto ese instrumento, ¿por qué no conseguir a alguien que lo toque, aunque sea como mero invitado? A mi punto de vista eso le quita un poco la magia de ver a una banda en directo. Fuera de eso, un concierto excelente el que nos dieron, al que, sin embargo, creo yo que le faltaron muchísimas canciones, de entrada yo me quedé con las ganas de escuchar Only for the Weak, Crawl Through Knives, Delight and Angers, Come Clarity, Episode 666, Reroute to Remain… pero pues ni modo, esto es un festival y no se puede escuchar a una banda tanto tiempo… además de que, con una agrupación como esta, se necesitarían de unas 3 horas para que todos quedaran contentos.

Así, después de lo que se sintió como un suspiro, In Flames dejó el escenario, dejándonos a todos con ganas de más, pero a la vez más que contentos tras escuchar cortes como Deliver Us, Trigger, The Quiet Place, Fear is the Weakness y Take this Life.

El fin del festival ya se acercaba, pero aun quedaban un par de bandas por presentarse, y antes de los gloriosos Motörhead, en el Heaven Stage se estuvo presentando Municipal Waste, quizás la banda más popular de toda la nueva ola thrashera que viene dándole vitalidad y modernización al género desde hace ya varios años.

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Fue una noche de crossover, locura y diversión que la ciudad difícilmente olvidará, con la ventaja (tanto para la banda como para sus fans) de que, debido a lo cortas que son sus canciones, les alcanzó para interpretar un set de 17 canciones, donde cupieron sin problemas todos y cada uno de sus clásicos, así que seguramente fueron pocos (muy pocos) los que se fueron de ahí sin escuchar su favorita, no como ocurre normalmente cuando hablamos de festivales.

Temas como Wrong Answer, The Art of Partying, Beer Pressure y Headbanger Face Rip hicieron vibrar el escenario  en un rato que tuvo de todo, hasta partes humorísticas, como cuando Tony Foresta, el vocalista, dijo “I asked a hot girl  earlier how to say I love thrash metal, se said `me cagué en los pantalones”,  a lo que procedió a gritar ante todos “¡me cagué en los pantalones!”.

La audiencia respondió a una atronadora actuación de banda con una asistencia impresionante (sin duda fueron los que más audiencia tuvieron de todas las bandas que actuaron en ese escenario, contando ambos días), con circle pits que nada tenían que envidiarle a los formados frente al escenario principal,  y coreando todas las canciones. Muy probablemente toda esta euforia fue lo que impulsó a Tony Foresta a lanzarse sobre una de los inflables en forma de cerveza que se encontraban a ambos lados del escenario, para atacarle como un auténtico animal salvaje.

El punto negativo (para variar) fue la tierra, que en esta ocasión estuvo aún más intensa que con otras bandas: el terregal era tan intenso que, durante la mayor parte del set, no se podía ver al baterista. Un aplauso a la banda que, fiel a su compromiso con la gente que va a verles, no pararon ni bajaron la intensidad ni un momento, pese a este problema. Municipal Waste nos brindó thrash como sólo los grandes saben hacerlo, ojalá y regresen pronto.

Al fin había llegado la hora para ver a los máximos headliners de este año: Motörhead. El trío salió sin presunciones, sin poses de estrellas y sin parafernalia: desde el principio quedó claro que ellos venían a rockear, y eso sería lo que harían. Fue la manera perfecta de concluir el festival, el ambiente festivo que genera la música de Motörhead fue el ideal para terminar esto que, a final de cuentas, es una celebración de la música que más nos gusta.

El conjunto británico nos brindó un recorrido por varias de sus históricas producciones, que incluyó, además, un par de solos. Phil Campbell estuvo excepcional a cargo de la única guitarra, preciso en las rítmicas y deslumbrante en los solos, Mikkey Dee fue todo una bestia tras su kit (no por nada muchos lo consideran uno de los mejores bateristas del mundo) y nos regaló un solo que maravilló a propios y a extraños por igual; y Lemmy, que se puede decir de él que no se haya dicho ya: el tipo es todo un personaje, todo una leyenda. Llegó a Guadalajara con el estilo sobrio y hasta tranquilo que le caracteriza, tocó su bajo de manera excepcional (con el tono y la manera de interpretar que siempre le ha caracterizado, bastante “guitarresco” el asunto) y cantó… bueno, como el canta, con su voz distintiva, cargada con una originalidad pocas veces igualada, podría gustar o no, pero no hay duda que todo mundo, desde la primer nota, reconoce a Lemmy.

Se escucharon clásicos inmortales  Killed by Death, I Know How to Die, Rock it, Going to Brazil y, por supuesto, Ace of Spades; sin embargo, para mi gusto la mejor canción de la noche fue el encoré: estoy hablando de Overkill, que puso al sitio de cabeza por última vez antes de la despedida de estas leyendas. Motörhead cumplió, cerrando con broche de oro las actividades de este año.

Fue un festival con grandes bandas, un gran público que respondió tanto en cantidad como en efusividad y con grandes momentos que quedarán para la historia, pero también fue un evento con muchas, pero muchas, áreas de mejora bastante grandes. A final de cuentas, ¿valió la pena? ¡Claro que sí! Creo que eso nadie lo duda, esperemos que este festival dure mucho tiempo, pero eso sí, también que se corrijan las deficiencias, yo no soy de los que piensan “que hay que tener paciencia”, o “es que organizar un evento de este calibra implica muchas cosas”, yo creo que, si alguien cobra como profesional, debe de entregar algo a la altura en todos los aspectos. Por lo pronto, no queda más que esperar a que se anuncie el cartel para el próximo año, para emocionarnos de nueva cuenta, y comenzar de nuevo el ciclo.

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