CRONICA PABLO

Hammer Productions reiteró de nuevo su compromiso con el metal extremo organizando la primera edición del Hammer Fest, que tuvo lugar el pasado sábado 14 de septiembre en la sala Ágora Live de Valencia.

El festival se convirtió en la celebración de una música tan intensa como infravalorada a la que acudió la más florida escena local y nacional, así como dos formaciones de fuera de España, Impaled Nazarene y Blaspherian, quienes completaron un cartel formado por 10 bandas. Once horas reservadas al deleite del arte en su forma más controvertida; como oposición a los atávicos conceptos de “belleza” y “música”. Es precisamente la oscuridad y la demencia propios del black, el death y el grind, lo que congregó a un centenar de personas, testigos todos ellos del bautismo del Hammer Fest; la última manifestación pública de que sin la iniciativa personal, abocada en demasiadas ocasiones a la incertidumbre y a un casi seguro fracaso, una determinada escena musical está condenada a la marginalidad.

Como es habitual, la primera hora, la más impestuosa e impopular de un festival, estuvo reservada a la banda novel del día; los valencianos Demiurgeo Morte. Se trata de una formación de black metal compuesta por Mortem (guitarra) y Nûrzum (voces), como miembros fijos. La banda interpretó de forma íntegra su única demo, Thousand Deaths Are Few… , junto a los temas Mudblood  y Mirceless. Para su actuación, unieron fuerzas tanto el bajista Carlos AD de Fall Of Man, como Guille (batería) y Rubén (guitarra), de Obliterator.

El grupo practica un black metal rápido e incisivo, combinado al mismo tiempo con unos cambios de ritmo que confieren momentáneamente un aspecto más ambiental al sonido de la banda. Prueba de ello es el tema Through The Eye Ov God.

 

Ya lo anunciaban horas antes de su actuación: “Hoy Valencia será el epicentro de una descarga sin precedentes de brutalidad, death metal y un garrulismo que saldrá de los gráficos.” Sin quitar ni añadir una coma a lo que publicaron Devouring en su muro de facebook, lo cierto es que los mallorquines dieron toda una lección de agresividad y contundencia encima de los escenarios.

Pese a su extrema precocidad como banda; apenas dos años desde su formación y con tan solo un EP en su haber, fueron los primeros en dejar asombrados al público asistente con una actuación que denostó, contra todo pronóstico, una experiencia impropia de unos recién llegados. El grupo acometió sin piedad con su death metal, entregándose al 100% y sacando al máximo partido al perfecto sonido de la sala. Para redondear la tarde, la banda cerró con una versión del Brave New Hell de los suecos Bloodbath. Devouring fueron sin lugar a dudas una de las mejores bandas que pasó por la primera edición del Hammer Fest. Un conjunto a tener muy en cuenta.

 

El death metal continuó de la mano de los murcianos Dark Confessions, quienes ya han visitado Valencia en numerosas ocasiones. Tras la anterior actuación de los baleares, el listón estaba muy alto, pero el grupo logró no hacer disminuir los ánimos, pese a que al público le costó mucho engancharse y sumarse a los numerosos moshpits a los que incitaba la banda.

La mayor parte del setlist de los murcianos estuvo conformado por temas de su último disco de estudio, Insanity, producido por Art Gates Records en 2012. De su primer trabajo, Century Of Blood, rescataron Bloodshed y Centuries Of Blood.

 

Pero nada de lo acontecido hasta entonces pudo igualar las sensaciones transmitidas por la siguiente banda en subirse a los escenarios de la Ágora Live, los barceloneses Perennial Isolation. El trío compuesto por Kim Serrano a la guitarra, Victor Gato a la batería y Albert Batlle al bajo y a las voces, rompió con el estereotipo de que el black metal de corte más atmosférico no ha sido concebido para ser tocado en directo. Lo introspectivo de una música que apela a los sentimientos más profundos, a priori, la hace, por tanto, estar condenada eternamente al ámbito de lo privado; el “one man project” es tan solo de una de las manifestaciones más claras de esta idea. Sin embargo, el black metal más espiritual recuperó el pasado sábado su espacio público con una actuación digna de elogio en la que Perennial Isolation rayaron a un nivel de diez.

El grupo consiguió la difícil tarea de llenar el enorme espacio vacío en el escenario con una música evocadora y repleta de un magnetismo épico. No suelo ser de los que conceden halagos con asiduidad, pero a la postre, los catalanes serían los mejores del festival.

 

La puntualidad fue una constante durante toda la jornada, hecho que se agradece  en un evento que casi rozó las 11 horas de duración y por el que pasaron 10 conjuntos. Así, a las 21:40 saltaron los alicantinos Nibiru; una formación de death/grindcore que llevan pateando culos y sembrando el caos por doquier desde 2006, a pesar de que cuentan entre sus filas con miembros experimentados de otras bandas como Nota Necrológica y Grimuack.

La actuación del cuarteto fue impecable. En apenas 40 minutos descargaron toda su rabia sintetizada en 13 temas recogidos en su primer EP, Matanza Neuronal (Spain Death Metal Records). A destacar por encima de todos los músicos, el excelente nivel vocal de Fran, quien además de su interpretación, supo cómo calentar bien a un público que comenzaba a poblar la sala para ver a los cabezas de cartel, Impaled Nazarene.

 

A continuación le tocaba el turno a Altar Of Sin, banda representativa de la escena valenciana, cuya presencia en casi cualquier bolo de metal extremo está casi asegurada. El trío ejecutó su particular thrash/death sin concesiones y sin ningún tipo de contratiempo a los que lamentablemente nos tienen acostumbrados en sus últimas actuaciones. Nada más lejos de la realidad, el grupo sonó con una brutalidad inusitada.

Con Carlos “Overkill” liderando la masacre, los valencianos dieron rienda suelta a un repertorio en el que repasaron gran parte de su carrera discográfica. Pese a que la mayor parte de los temas pertenecían a su último trabajo, Tales Of Carnage First Class (Xtreem Music), no faltaron canciones de sus primeros EPs, como el emblemático Altar Of Sin, uno de los últimos temas que interpretó el grupo. De esta manera, con los ánimos totalmente caldeados, llegaba el plato fuerte del día…

 

A estas alturas del festival, el cansancio se hacía notar especialmente para los que llevábamos desde el principio de la jornada en la sala. Apenas 20 minutos de descanso y con una cerrada ovación como banda sonora de fondo, saltaron al escenario los fineses Impaled Nazarene, el gran reclamo de la primera edición del Hammer Fest.

Los blackers comenzaron a dar cera desde el minuto 1 con el tema Condemned To Hell, de su primer largo, Tol Cormpt Norz Norz Norz…Los inicios de la banda se remontan a los icónicos años noventa, en una Finlandia a la sombra de su cercana Noruega en lo que a relevancia del black metal se refiere. Desde entonces, a casi nuevo trabajo cada dos años, la formación se ha mantenido en una discreta pero significativa posición dentro del underground metalero.

Pronto llegaría uno de los muchos temas de orientación más punk. Let’s Fucking Die trajo la fiesta a la sala, que por aquel entonces lucía su mejor aspecto. La composición pertenece al célebre álbum Suomi Finland Perkele, publicado en 1994.

Entre canción y canción, el vocalista Slutti666, con la complicidad del bajista, Arc v 666, bromeaba con los asistentes, a los que no paraba de dedicarnos un cariñoso “putas” en su versión más nórdica.

Como balance final, la actuación de los finlandeses no cumplió con todas las expectativas. Más allá de la ilusión por ver a una formación de renombre internacional, la puesta en escena demasiado insustancial y estática hizo que su actuación se hiciera demasiado larga, más aún si a la hora y veinte de concierto, le unimos la fatiga acumulada por el resto de la jornada.

 

Tras la actuación de Impaled Nazarene, numerosos curiosos se acercaron a la zona de merchandising, en la que junto a los habituales CDs y camisetas, se podían encontrar también publicaciones escritas, como los fanzines de Ruptura Records, o la nueva revista sobre metal extremo, Amok, que aquel día estrenaba su primer número.

Turno ahora para los norteamericanos Blaspherian. Death metal desde Houston, Texas, con una formación que cuenta en su discografía con numerosas demos y un solo LP, Infernal Warriors Of Death, con el que completaron casi la totalidad de su repertorio. Algunos de los temas que Desekreator, Wes Infernal y compañía tocaron en directo fueron Exalted In Unspeakable Evil,  Sworn To Death And Evil y Lies Of The Cross

La actuación de los texanos fue bastante plana por dos razones fundamentales: en primer lugar, porque Desekrator, el vocalista, a pesar de no estar “atado” a ningún otro instrumento, no dio mucho juego en el escenario; y porque en segundo lugar, casi todos los temas de la banda parecían tener la misma estructura, no en relación a la monotonía de un death más “old school”, sino en cuanto a la composición interna de las canciones.

 

Cerca de las 3 de la mañana se antojaba la hora perfecta para acometer las últimas sacudidas de la noche a base del death/grindcore más macabro e insano. Los primeros en entrar a escena fueron Parafilia. Los de Orihuela ponen música a las atrocidades de un particular asesino necrófilo que encima del escenario se personifica en la figura de su vocalista, Asesino Perturbado.

Fue sin duda el cantante de la banda, quien se presentó ante la multitud recubierto de vísceras y armado con un hacha que todavía goteaba sangre, el que dio más juego y centró todas las miradas del público con su inagotable repertorio de muecas y obscenidades que bien le valen su apodo.

Cuarenta y cinco minutos de música acelerada y constantes referencias al canibalismo y a las prácticas sexuales más enfermizas dejaron como resultado una actuación magnífica y un rato muy divertido.

 

Los pocos que quedábamos en la sala a esas alturas de la noche nos lo pasamos también en grande con la última banda del festival; los madrileños Moñigo. Estos académicos de la escatología han construido un microcosmos que gira en torno al mundo de la Mierda y por ahora, parece que les ha ido realmente bien, siendo unos auténticos referentes del death/grindcore en el panorama nacional.

El trío interpretó su primer largo, Coprometidos Con La Causa (Shit & Honor), publicado por Xtreem Music, casi al completo. Así, pudimos disfrutar de divertidos cortes como Lord Of The Gas, Las Tías Buenas No Cagan y La Cama Holandesa. La pestilencia más nauseabunda que emanan estos tíos acabó por contagiarse al resto del personal, quienes participamos gustosamente en su orgía de vísceras y excrementos.

La actuación de Moñigo fue, sin duda alguna, el mejor broche final para una primera edición del Hammer Fest que esperemos que para la buena salud de la escena metalera más extrema, haya sido tan solo la primera de muchas otras. Si lamentablemente esta iniciativa no llega a tener continuidad, el equipo de TBS habrá tenido el privilegio de ser testigo de una noche histórica para Valencia.

 

 

REPORTAJE PABLO