CRÓNICA ABEL

El pasado 22 de febrero, la magnífica sala Club 202 de Budapest volvió a albergar un evento organizado por Hammerworld, una promotora que, por lo que vi hasta ahora, tiende a hacer las cosas a lo grande siempre que puede. En este caso aprovechó la gira conjunta de Korpiklaani y Metsatöll para montar todo un festival folkmetalero que también incluyó a cinco grupos más de distintas nacionalidades.

Los primeros en salir, a las cuatro y media de la tarde, fueron los jovenzuelos húngaros de Ankh, que tienen guitarrista y batería nuevos desde la anterior vez que los vi, hace cinco meses. Dieron un concierto entretenido, pero una vez me dieron la impresión de “más de lo mismo”; se parecen demasiado a muchos otros grupos que hacen esa especie de Ensiferum más power. Sin embargo, sólo lanzaron un EP; con el tiempo seguramente encontrarán un camino un poco más particular. De todos modos, como digo, su directo entretiene.

Luego vinieron los eslovenos Avven, el grupo que más me apetecía ver ese día. Es curioso que, teniendo canciones más bien cortas, haciendo folk metal alegrillo, etcétera, me gusten tanto, pero la verdad es que tienen unas melodías buenísimas y canciones súper pegadizas. Todos tienen un instrumento en la mano, todos cantan y todos se mueven y animan constantemente. Me hizo gracia uno de los guitarristas, que tenía unas pintas que parecía salido de Rammstein… En su concierto hicieron algo que valoro mucho: en lugar de llevar grabadas las voces femeninas que aparecen en una o dos canciones, las sustituyeron por partes de teclado tocadas en directo. Todo muy bien, buena música y buen concierto, me encantó.

A continuación, Niburta, un grupo que actualmente lo está petando en su Hungría natal. Son un montón de gente, nueve o diez, y su música es una mezcla de otros tantos estilos: folk de distintas regiones europeas, death melódico, metalcore y qué sé yo cuántas cosas más. Sin duda, es un grupo tremendamente original y atrevido, cosa que aplaudo. Pero, fíjate tú lo que son las cosas, no me acaban de gustar. No tengo ninguna pega que sacarles, sólo que no son mi estilo. El problema que sí tienen en directo es que llevan tantos instrumentos que la mitad no se oyen. Zanfoñas, flautas, acordeones… ves que los tocan pero te tienes que imaginar el sonido que sale de ellos. La única canción que sonó bastante bien fue la acústica.

 



Llegó entonces el turno de los checos Silent Stream of Godless Elegy. Es curioso que estén en este tipo de eventos, pues aunque su temática sea pagana, son más góticos que folklóricos, pero la verdad es que hacen muy buena música y sus conciertos están bien, así que no me quejo. Fue similar a las dos veces que los vi en septiembre y que ya comenté aquí, en The Breathless Sleep, en su momento; un repertorio parecido (eso sí, eché mucho de menos Pramen co ví), los mismos bailecillos de los cantantes y los mismos saltos y animación en la coreable Slava. Buen concierto también.

El cuarto grupo repetido de aquel concierto de septiembre al que me refiero constantemente fue Virrasztók, otros húngaros muy originales y difícilmente clasificables que mezclan gótico con algo de folk y con electrónica, y hablan de temas luctuosos. Pintadísimos, con ropas tétricas y el escenario lleno de hiedras, dieron un concierto cargado de teatralidad, como viene siendo costumbre. Lo que cada vez llevo peor es la voz de la cantante, que me parece espantosa, pero antes tenían a otra chavala que usaba el mismo tono, o sea que me imagino que lo harán a propósito.

A los estonios Metsatöll tenía curiosidad por verlos, sobre todo por lo mucho que me habló de ellos un amigo que estuvo en Estonia y me contó que allí eran famosísimos y la armaban un montón y que eran geniales en directo. Pues la verdad, sé que soy un bicho raro pero no me gustaron nada de nada. Digo que soy bicho raro porque el resto de la gente se lo pasó genial: pogos desde la primera canción hasta la última y una animación tremenda. Pero yo me esperaba algo más o menos épico y me encontré con una canción tabernaria detrás de otra; además hubo muchos momentos que parecía que improvisaban, o que no sabían qué tocar, y tocaban cualquier chorrada. Posiblemente las versiones de estudio sean iguales, no digo que no, pero a mí es la impresión que me dan esas canciones. Vamos, que no me gustó, un grupo que procuraré evitar en el futuro. Pero insisto en que hubo un montón de gente que se lo pasó pipa.

 

Finalmente, Korpiklaani. Era un poco escéptico, porque la primera vez que los vi, en octubre del 2008, estuvieron bastante bien, pero dos años (y un día) más tarde en Coruña se hicieron aburridísimos, para mí y para todos con los que lo comenté, así que no sabía muy bien qué esperarme de este concierto. Por suerte, estuvo guay. Tocaron un poco de todo, todas las canciones con nombre de bebida (Beer beer, Tequila, Vodka), y hasta la versión del Iron fist de Motörhead.

Todos los discos estuvieron representados, con especial protagonismo de Manala, que es el que están presentando en esta gira. Si bien a Hittavainen se le apodaba Violinista Soso, al que tienen ahora, Tuomas Rounakari, no se le puede llamar lo mismo: teníais que verlo bailando la polka dando patadas al aire… Estuvo bien Korpiklaani, sí señor, y entre el público también hubo animación, y obviamente llenazo, que para eso eran el grupo grande de la noche. Buen concierto.

Pues eso es todo. Espero volver a tener pronto la oportunidad de ver un concierto en esa sala, que está muy bien, y siempre es una buena excusa para visitar Budapest.

 



REPORTAJE ABEL