Si para ver conciertos como este, tendría que perderme a los Trivium una y otra vez, no vacilaría ni un segundo. Los de Orlando puede que sean una de las formaciones punteras en lo que a metal moderno se refiere, pero lo que pudimos contemplar en la sala Plateruena el pasado sábado, fue de categoría especial. Inapelable fue el bolo que nos dejaron para el recuerdo, las tres formaciones que conforman el Epic Industrialist Tour.

Más de uno teníamos dudas sobre si aquello iba a ser para tanto. La confluencia de fechas con la cita que Trivium habían destinado, nos animaba a presagiar una sala medio vacía. Tengo que aclarar antes que nada, que por el mismo motivo que no acostumbro a gastarme los cuartos en quinielas, no suelo fiarme demasiado de mis predicciones. La Plateruena rozó el lleno absoluto y la banda de Dino Cazares, volvió a demostrar que aun conserva un enorme tirón entre sus seguidores.

Poco importó que el disco que viniesen a presentar, no llegue a la altura de sus grandes obras. La gente que les descubrió a mediados de los noventa, continúan recordándoles con cariño. Es lo que tiene haber marcado un antes y un después en algo. El nombre nunca se pierde, aunque la imaginación ya no acompañe.

En el tortuoso camino por ser alguien, se encuentra la banda que tuvo que sustituir a Sylosis. Los noruegos Dunderbeist fueron los escogidos para apuntarse al tour, y dar un poco más de chicha al cartel. Una lastima que el público no les prestase demasiada atención. Su propuesta me pareció valida y su puesta en escena notablemente llamativa. No desentonaron en lo musical ya que, en su sonido, integran una enorme cantidad de influencias. Por lo poco que he podido leer sobre ellos,  se apoderan de partes de otras canciones y las integran en las suyas propias. Esta idea va en consonancia con los maquillajes que se gastaban. Pintados como ladrones, a dos voces y sudando las camisetas, sirvieron de perfecto preámbulo para lo que estaba por llegar.

En los minutos de espera, un enorme telón colocado a modo de pantalla sobre el escenario, comenzó a prepararnos para entrar en el irreal mundo de Devin Townsend. En él, se proyectaban videos que no parecían tener un nexo común, pero que venían al pelo para partirse la caja. Impagable fue el momento en que, a pantalla completa, pudimos recordar el video del Techno Viking. No se me ocurre mejor manera de entretener a la peña, mientras esperas a que salgan los músicos. El primer punto se lo había ganado Devin, sin tan siquiera subirse a las tablas.

Cuando el simpático canadiense considero oportuno arrancarse con Supercrush, aquello ya parecía una olla a presión. Éramos muchos los que ansiábamos comprobar como este hombre, es capaz de interpretar en directo,  las locuras que se curra en estudio. El primer corte escogido no sirvió más que de presentación. La fiesta comenzó de veras cuando Kingdom, atravesó el recinto  entre gorgoritos imposibles. Alucinante fue poder contemplar la manera en la que modulaba su voz, alcanzaba el tono que se propusiera, y no paraba de hacer muecas mientras tanto.

El sonido, a pesar de ser espectacular, no nos echaba una mano para que la voz sobresaliese. Se encontraba en un segundo plano ante la muralla de sonido que iban creando los instrumentos, y el sinfín de arreglos pregrabados que utiliza el Sr. Townsend. Este pequeño contratiempo, se fue solventando gradualmente, y no acabo siendo más que un comentario a pie de página; lo único que se le podría acabar achacando, si nos ponemos puntillosos. Respecto a la interpretación, no seria sencillo encontrar a nadie que le pudiese sacar los colores a esta banda; poco importaba el corte que escogieran. Lo mismo sonaba perfecto Truth, que clavaban War sin ningún problema.

Dejando el apartado técnico a un lado, el punto fuerte de la actuación estaba en apreciar lo jodidamente bien que se lo pasa Devin sobre un escenario. Hace la música que quiere, no tiene trabas en soltar lo que le viene en gana, e irradia una paz interior muy difícil de apreciar en la mayoría de músicos profesionales. Tan pronto instaba a la gente a mover las manos como maricas -mientras presentaba Planet Of The Apes– como se reía de su propia Where We Belong, comparándola con Def Leppard. Lo de no tomarse a uno mismo demasiado en serio, es la mejor lección que ofrece este artista cuando se pone ante su público.

Continuando con la ronda de jolgorio sonoro, se nos ofreció de buen grado: Vampira, Lucky Animals y Juular,  para conseguir poner el punto álgido de la velada. Todas ellas, con la sala absolutamente entregada y acompañadas de sus videoclips correspondientes. Solo le quedaba rematar con Grace y con la moraleja vital que lleva implícita. Ríe, ama, vive y  aprende, se podía leer en letras gigantes, al tiempo que la banda consumía sus últimos minutos sobre la sala de Durango. Aun tendrían tiempo de volver para rescatar Deep Peace, y dejarnos con el alma rendida a sus pies.  Pocas veces una hora y cuarto, se me ha pasado de manera tan fugaz.

Volviendo al planeta Tierra, nos quedaba el supuesto plato fuerte de la noche, así que no cabían demasiados motivos para lamentarse. Fear Factory eran los que habían llenado la Plateruena aquella noche, por mucho que nos escociera a los espabilados que hubiéramos colocado a Devin cerrando el recital. Los angelinos puede que sean una banda en horas bajas, en el aspecto compositivo, pero esta vez no dejaron dudas sobre su vitola de grupo grande. Convencieron, hicieron disfrutar a todos los presentes y salieron por la puerta grande con todos los honores.

 Hay que señalar en cualquier caso, que gran parte del rédito que consiguieron sobre el escenario de la Plateruena, se lo habían apuntado antes incluso de aparecer por Durango. El setlist que traían pertrechado, era una autentica bomba. Preparado para animar el cotarro cuando era necesario, rescatando casi todos los hits del conjunto y concluyendo de la mejor manera posible.  El único pero que se le podría poner, es olvidarse  por completo de la etapa en la que Cazares dejó el conjunto. Aun habiéndose dejado un par de temas del primer álbum que traían apuntados, el reguero de cortes que eligieron estaba hecho a prueba de balas.

Presentaron con discreción su último trabajo, sabedores de que la gente había pagado por escuchar sus clásicos. De esta manera arrancaron con The Industrialist, para no tardar un solo segundo en sacar a la palestra Shock. Fue el primero de los cuatro cortes del Obsolete que pudimos disfrutar. La época gloriosa de Fear Factory, volvía a poner la sala patas arriba de la misma forma que lo hubiese hecho quince años atrás. La voz de Burton seguía sin clavar las partes melódicas y los sintetizadores pregrabados, seguían robándole protagonismo a lo que la banda ejecutaba, pero poco importaba. Han pasado muchos años, y este tipo de pegas continúan incrustadas en los conciertos de Cazares y compañía. No seré yo quien me queje, es lo que hay y es mejor aceptarlo con deportividad. Una vez que sabes lo que vas a presenciar, es complicado llevarse berrinches.

En honor a la verdad, tengo que apuntar que no  encontré a Burton tan fuera de lugar cuando interpretaba sus famosas voces limpias, como en anteriores ocasiones. Puede ser que yo mismo me viese absorbido por el vibrante espíritu, que se comenzó a respirar en la sala cuando no llevaban más de un rato de actuación. Cascándose temazos como Linchpin o Martyr, uno detrás de otro, no era difícil que a uno se le fuese un poco la cabeza. Menos mal que iba con la lección aprendida y sabía lo que me esperaba.

Los cuatro primeros cortes del Demanufacture, aguardaban para cerrar la velada, y eso no se podía tomar a la ligera. Cuatro pilares del metal industrial, que provocaron una algarabía entre los espectadores, de proporciones inusitadas. Todo se lleno de empujones y saltos, al son que la banda iba marcando. Dino mientras tanto, gesticulaba con la boca mientras regalaba alguna de las primeras sonrisas de la noche; el mejor que nadie sabe que sin ese disco, Fear Factory nunca habrían llegado a ser lo que son hoy. Justo y necesario me pareció, que le otorgaran la importancia que posee.

Sin mediar bises de por medio, y dejándonos el buen sabor de boca que siempre le viene a uno cuando recuerda Replica, la banda se despidió de sus seguidores. No hubo la más mínima queja por parte del respetable. Un concierto corto -de los que se estilan actualmente- es lo que nos llevamos para casa, pero la grata impresión de que a esta banda, aun no se le ha acabado la pila. No se vosotros que pensareis, yo no vacilaría en volver a perderme a Trivium una vez más. Puede que Fear Factory  ya no den tanto miedo como en los noventa, pero en la sala Plateruena,  volvieron a demostrar que aun pueden meter algún susto que otro.

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