Como podréis imaginar, un festival en lo alto de los Cárpatos ucranianos supuso para un español como yo mucho más que dos noches de conciertos; evidentemente estás leyendo esto porque los conciertos son lo que te interesa, pero espero que disculpes mi entusiasmo por contar someramente cómo llegué allí.

Me bajé de un tren en Lviv el viernes 10 por la mañanita. Un tío muy majo que había sido mi compañero de compartimento me ayudó a pillar el billete a Slavsko, entre otras cosas. Llegué a ese puebliño a las seis y media de la tarde; luego me tuve que buscar la vida para llegar al hotel, situado entre el pueblo propiamente dicho y la estación de esquí (a 3,5 km de aquél y 2,5 km de ésta), trayecto que por pura casualidad acabé haciendo en un autobús destartalado que parecía salido de los años 40 lleno de gente que no me entendía y a la que no entendía, dejé las cosas en el hotel y fui a pie hasta la estación de esquí, adonde llegué a las 21:00, cuando se suponía que el festival había empezado una hora antes. Tuve que esperar por el organizador, que bajó a darme la pulsera, y luego me tocó media hora de telesilla muriéndome de frío en pleno agosto. Resultado: me perdí el primer grupo, que tenía que ser Todestriebe, pero por alguna razón se cambió y los primeros fueron los turcos Moribund Oblivion. O sea que a esos me los perdí.

Bajé del telesilla y eché a correr como un poseso para ver a Dark Funeral, que ya estaban tocando cuando llegué, pero lo que me perdí fue muy poco, sólo una o dos canciones. Era el grupo que más me apetecía ver ese día y la verdad es que estuvo muy bien, es un grupo bastante potente en directo. No hacen nada fuera de lo común, al menos en este concierto no lo hicieron, pero lo que hacen lo hacen bien y sin duda saben captar la atención de la gente. Hacia la tercera canción rompieron una cuerda o tuvieron un problema parecido, y el cantante pidió disculpas y dijo “enseguida volveremos con canciones aún más rápidas”, cosa que me parece un poco… no sé, infantil, pero bueno, el caso es que enseguida arreglaron eso y siguieron a lo suyo ya sin más problemas. Se fueron muy pronto, y creo que se equivocaron, porque luego volvieron pero no fue el típico bis de una o dos canciones, sino que tocaron cuatro o cinco más por lo menos.

Cuando se fueron definitivamente, salió un tío a hablar diciendo que acabábamos de disfrutar de Dark Funeral, gran grupo que nosequé y nos ofrecieron un conciertazo de nosecuánto… Supongo que diría algo así, vaya, porque de ruso voy justo y ni siquiera sé si hablaba en ruso o en ucraniano, pero tenía pinta de ser algo parecido, y luego lo mismo de Carpathian Forest, el grupo que iba a venir. Con la tontería, el hombre se tiró hablando cinco minutos, y lo mismo haría a partir de entonces entre un concierto y otro.

Los noruegos Carpathian Forest daban su primer concierto en algo más de tres años, y fue una situación bastante especial porque precisamente estaban tocando en un Carpathian forest, en un bosque cárpato. Aquí tengo que decir, aunque muchos me odiaréis por ello, que este grupo me gusta lo justito. No sé, se me hace desganado, qué queréis que os diga… No me parece malo en absoluto y puedo entender perfectamente que a otros les guste, pero a mí no, así que no puedo decir que me animaran mucho.Sin embargo, mucha gente se volvía loca con ellos, hubo pogos a mansalva… y el cantante, Nattefrost, es muy gracioso, decía que odiaba ser sentimental pero que nos quería a todos, y que no podía decir esas cosas porque se supone que aquello era black metal pero que estaba enamorado de su público y muchas gracias.

Además tiene una voz como acaramelada. Gruñe como un animal en las canciones y cuando habla parece un buenazo feliz y tranquilito con pintura cadavérica en la cara. Debo decir que me gusta mucho más esa actitud, tocando en serio, haciendo música seria y pintados para “dar miedo” pero al mismo tiempo permitirse reírse de sí mismos, que la de Dark Funeral, que van de superduros; y no digo que no les pegue, pero no sé, me gusta más ese equilibrio seriedad-cachondeo. Un policía de bigote muy simpático le dijo a una chavalita loca que fuera a buscar.

Si bien hacía frío desde que llegué arriba, a estas horas el frío ya era bestial para ser diez de agosto. Estaríamos a unos cinco grados. Veía mi propio aliento en una densa nube. Un grupito de personas hizo una hoguera junto al puesto de perritos calientes, pero lo único que conseguí al acercarme fue apestar a humo y seguir igual de frío, así que me puse a dar saltos como un mono mientras salían los colombianos Inquisition, que me sorprendió ver que eran DOS tíos en total, uno en la batería y otro con una guitarra y pegando gritos. El de delante no habló nada hasta terminar la tercera canción; entonces presentó el grupo y dijo: “bien, ahora ya no diré nada más hasta que termine este ritual”. Y así fue. Cuando acabaron la última canción dio las gracias y se piraron. Evidentemente, un tío solo no puede dar mucho espectáculo, pero la verdad es que se apañó muy bien y su concierto estuvo entretenido, aunque opino que su música se parece demasiado a Immortal y su voz, a la de Abbath. Pero no estuvo mal.

Después vinieron los moscovitas Todestriebe hablando en inglés. En algunas zonas de Ucrania, y muy especialmente en la que nos hallábamos, los rusos y su idioma no caen nada bien (no sé si visteis en el telediario que el mes anterior en Lviv hubo manifestaciones y movidas varias en contra de la oficialidad del ruso en Ucrania), y supongo que por eso optaron por hablar en inglés. No sé. En cualquier caso, la parte de que vi su concierto estuvo decente; estos sí que son mucha gente (cinco o seis), su pintura mola y dan espectáculo, pero la música me pareció un poco genérica, black metal del montón.

Tampoco estaba para mucho juzgar porque eran las tres de la mañana, el día había sido cansado y me estaba muriendo de frío, así que decidí bajar de la montaña e irme al hotel, perdiéndome por lo tanto a Devilish Impressions y Molphar. En ese momento me sentí felicísimo de no tener que meterme en una tienda de campaña a helarme durante más horas. Me monté en uno de esos endiablados quads que pilotaban viejos locos por diez euracos, pensé que mi vida iba a acabar ahí, y al llegar abajo hubo un giro de los acontecimientos y no sé muy bien cómo acabé emborrachándome con un desconocido y volviendo al hotel en la furgoneta de Dark Funeral… Pero eso, como decía el maestro alemán, es otra historia y debe ser contada en otro lugar.

Hablemos ahora del recinto y la organización. Lo del telesilla es muy bonito y muy bucólico y muy romántico pero no quería yo verme bajando durante media hora o tres cuartos a las cinco de la mañana, y los quads eran caros. Este telesilla te deja arriba de todo, en la cima del tope del cumio del pico de la cumbre de la montaña, y luego tenías que bajar unos cinco minutos (o dos si vas corriendo como un descosido como yo) hasta el lugar donde estaba el escenario. Ni había ni cabía mucha gente; no me esperaba un Wacken, evidentemente, pero tampoco creo que hubiera muchas más de quinientas personas allí.

Había un “mercadillo” que consistía en un puesto de camisetas pequeño aunque nada mal surtido y una mesa con dos cajas de CDs de black metal a buenos precios, al menos para un bolsillo español, 6 ó 7 € en su mayoría. También había dos puestos de hamburguesas y perritos calientes por un euro (diez grivnas; al principio creía que eran ciento ochenta y casi me caigo del susto, pero al rato me di cuenta de que eso eran los gramos, ¿qué culpa tengo yo de que la inicial sea la misma?) y, cerca de uno de ellos, un tejado portátil con unas cuatro mesas con sillas debajo. Modesto pero apañadito. Lo que no había, ni arriba ni abajo, es un cajero; el más cercano estaba en la estación de tren, a seis kilómetros del principio del telesilla, cosa que me supuso un bonito quebradero de cabeza el segundo día…