CRONICA PABLO

Aún a riesgo de sonar exagerado, por encima de las bandas, la sala Repubblica fue la verdadera protagonista de la noche del pasado 19 de Abril en Valencia. La que dejó de ser el centro neurálgico del mejor Rock y Metal nacional e internacional que pisaba la ciudad levantina, abrió de nuevo sus puertas para acoger una histórica noche como tantas otras años atrás que sirvieron para inculcar la pasión por la música Rock en los adolescentes que, hoy ya adultos, sacan adelante sus propios proyectos musicales, participan en medios especializados o de una u otra manera, continúan en la brecha apoyando la que siempre será la música denostada.

Como si nada hubiera cambiado. Tras 7 años desde su cierre, la sala parecía ajena al paso del tiempo. En el exterior, el mismo ambiente y hermandad de siempre: heavies de todas las edades pertrechados en sus clásicas chupas de cuero echando unas cuantas birras para amenizar la espera con los Iron Maiden y Judas Priest como banda sonora.

El cartel estuvo conjugado a la perfección con lo idílico de la velada. Concierto Directo aunó a los imperecederos Barón Rojo, los menos clásicos Zarpa y los locales Overdose; el mejor tributo nacional a los australianos AC/DC. La noche prometía la mejor dosis de decibelios nacionales.

Con la sala hasta los topes, un efusivo Pembo saltó al escenario recorriéndolo de lado a lado como alma que posee el diablo. Los primeros acordes del rock más blusero de Rock And Roll Damnation marcaron el inicio de la actuación de Overdose; cuyo setlist, como es habitual en los shows de los valencianos, estuvo compuesto principalmente por cásicos de la etapa Bon Scott. No se hizo esperar If You Want Blood, You’ve Got It, canción en la que el público siempre se muestra especialmente animado.

Entre tema y tema de los setenta, alguno del Back In Black, como Shoot To Thrill y You Shock Me All Night Long. Sin desmerecer para nada lo musical, el espectáculo escénico fue aún mejor. Por momentos, la actuación se trasladó a la barra, a la zona VIP o al mogollón de gente. Audiencia entregada al 100%, y con el ramalazo final de Let There Be Rock, dio por concluido el concierto de los valencianos. Ya sea por escuchar la interpretación más fiel de AC/DC, disfrutar del show que ofrece Pembo, o simplemente por pasar un buen rato, Overdose siempre son cita obligada; nunca defraudan.

 

Casi tan veteranos como los mismos AC/DC son los valencianos Zarpa; toda una institución del Heavy Metal por estas tierras. Y es que la historia del Metal valenciano estará eternamente ligada al agresivo nombre de esta formación que hasta nuestros días, sigue liderando el cantante y guitarrista, Vicente Feijóo.

La banda fue recibida con grandes vítores. Queridos no solo por la huella musical que siguen dejando sino también por la humildad y cercanía de la que han hecho gala a lo largo de las más de tres décadas de Rock, fueron en todo momento arropados por el calor de un público que coreó cada uno de sus versos; de las más antiguas canciones a los últimos singles.

Fue Máquinas, de Luchadores De La Paz (2002), la que dio el pistoletazo de salida. Hubo tiempo para los temas más célebres de su discografía, aunque como ya anunció su líder, aprovecharían para presentar en directo su últimos trabajo, Las Puertas Del Tiempo (leer crítica aquí); del que interpretaron Rescátame y el himno militante, Esto Es Heavy Metal.

Con un estilo más metalizado que sus antecesores, Zarpa arremetieron con Babilonia La Ramera y Quién Eres Tú, de su disco de 2003, Infierno. Rafa Játiva y el bajista Vicente Romero reclamaron su protagonismo con la instrumental J.S. Bach. Geniales músicos que representan tanto el señorío como la fiereza encima de las tablas.

Tras el discurso de reivindicación del Heavy Metal pronunciado por el propio Feijóo, sonó el eterno Herederos De Un Imperio, que llevó al éxtasis a los asistentes; orgullosos de ver a los Zarpa jugando en casa. Para concluir, nos fuimos todos al abismo con El Tren Para El Infierno. Aquella no sería la primera vez durante la noche que visitaríamos las cálidas entrañas del averno.

 

Pasada ya la medianoche llegaba el plato fuerte de la jornada con la banda que debe su nombre al aviador de guerra más célebre de la historia. Las actuaciones de Barón Rojo en Repúblicca fueron todo un clásico cada Navidad valenciana durante la anterior etapa de la sala. En esta ocasión, los De Castro y compañía regresaban con un repertorio poco atractivo a priori, teniendo en cuenta la escasa repercusión que de su último Tommy Baron, homenaje a la ópera rock de The Who. Si bien, casi tres horas de los incombustibles Barón dan para mucho y desde luego, que los madrileños no se iban a reservar ningún as en la manga: el setlist alternaría temas de su último trabajo de estudio con los himnos de siempre.

El inicio de su actuación fue bastante fría, con temas como El Pedal, Obertura y 1921; aunque pronto llegaría su inmortal Campo de Concentración, el que fue single en 1984. A éste siguieron unas cuantas canciones de su Tommy Baron, para regresar con el magnífico Breatkthoven, de En Un Lugar De La Marcha (1985); un himno que reivindica la música popular frente al estereotipo de la música clásica como sinónimo de alta cultura. Tan válido en la década de los ochenta como en la actualidad.

Llegados a la mitad, todavía quedaba lo mejor; más de dos horas de concierto en las que sonarían otros tantos clásicos como por ejemplo, Hermano del Rock & Roll; que da cuenta de las primeras generaciones de rockeros españoles.

Y por fin llegó uno de los momentos más especiales de la noche. Se hace el silencio y Armando De Castro hace sonar el tapping evocador de Concierto Para Ellos; la oda a los difuntos del Rock más digna que se ha escrito en este país. Un tema que consigue elevar a los asistentes a un estado de ensueño en el que los ochenta se cuelan por el sonido amplificado de una banda que como bien reza uno de sus temas, es puro “talento creador”. Canción pensada y producida para el estudio pero que los Barones consiguen trasladar con mucha honra a la difícil tarea del directo.

Tras Libre Soy, encadenaron Cuerdas de Acero, la bíblica Hijos de Caín y Barón Rojo; tema que cierra su primer Larga Vida al Rock And Roll y que sirvió para ratificar que en España era posible componer Heavy/Rock al mismo nivel que Inglaterra. Con él llegó la habitual coreografía con Armando situado en el centro y Carlos y el joven Gorka, flanqueando los lados. Precisamente fue el antiguo bajista de Ñu, quien dio comienzo a la instrumental El Barón Vuela Sobre Inglaterra, tema movidito donde los haya que nos dejó una magnífica estampa con tres de los cuatro miembros de la banda moviéndose al unísono.

Después de la obligada Los Rockeros Van Al Infierno, el éxtasis final lo puso Rafa Díaz con el inicio del bombo en Resistiré, que provocó numerosos empujones, especialmente en las primeras filas. La sempiterna canción protesta de Barón Rojo; un canto a la rebeldía y a la subversión contra el poder establecido que perfectamente se puede adaptar a los convulsos tiempos que nos ha tocado vivir.

Y de un estado de agitación, del gran clamor, pasamos al anticlímax con Siempre Estás Allí. Balada necesaria pero que siempre ha suscitado dudas sobre su utilización como punto y final a la actuación de los rockeros madrileños. Sea como fuere, después de tres horas de emociones, se les puede perdonar todo. Al fin y al cabo, su legión de seguidores “siempre estará allí” donde quiera que vayan los Barones.

Con el regreso de Barón Rojo a Repubblica se abre de nuevo un capítulo de la escena metalera valenciana que esperemos que nunca vuelva a cerrarse. Acabado el concierto, cada uno tendrá su propio recuerdo de la noche. Para mí, todo estuvo impregnado de un halo de nostalgia al sentirme identificado con los cientos de chavales que como yo cuando tenía su edad, salían ilusionados de su primera experiencia de Rock. Espero que para ellos, aquella solo fuera la primera de muchas otras grandes noches.

 

REPORTAJE PABLO

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